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Enfrentarse a una experiencia traumática como ha sido el accidente de tren de Adamuz, en Córdoba, no es sencillo, ni para quienes han perdido amigos y familiares ni tampoco para los supervivientes, que han visto y vivido cosas realmente aterradoras con las que, a partir de ahora, tendrán que convivir. Un percance como este, con decenas de fallecidos y heridos, se convierte en una herida colectiva para un país entero por esa idea tan manida pero a la vez tan clara del "podría haberme pasado a mí". La resiliencia, o esa capacidad de sobreponerse a los momentos difíciles, no siempre es fácil de alcanzar, pero dando los pasos adecuados y con la ayuda pertinente, aunque no permite olvidar, sí permite aprender a convivir con ello sin que duela, porque no solo llora quien ha perdido a alguien, sino también el que ha sobrevivido a la catástrofe y no sabe muy bien por qué: "Muchos cargan con una mochila de culpa asfixiante", nos asegura Leticia, Fundadora y Directora del Centro de Psicología Leticia Martín Enjuto.
"Al no haber un adiós previsto, la mente se queda atrapada en un bucle de incredulidad, esperando que esa persona cruce la puerta en cualquier momento. Mi recomendación más honesta es que no intenten ponerle prisa al corazón; el duelo no es una carrera de obstáculos, sino un proceso de adaptación lenta donde lo más revolucionario que podemos hacer es permitirnos sentir la herida sin juzgarla", aconseja la experta a quienes tienen que enterrar a un ser querido que ha muerto de una manera, además, tan truculenta. "El derecho a estar triste es el primer paso necesario para, algún día, volver a sonreír sin sentir que estamos traicionando a los que se fueron", aconseja, y aclara: "Sanar esa culpa implica entender que no eres responsable de la tragedia y que tienes permiso para seguir adelante, y no es un proceso que debas hacer solo".
Superar el fallecimiento tan repentino de una persona cercana, ya sea familiar o amigo, no es fácil, pero tampoco lo es para quien ha salido con vida de una catástrofe así. Por eso, Leticia pide paciencia, aprender a gestionar con calma las consecuencias de algo tan traumático, interceptar el miedo o la culpa para evitar que no se apoderen de nosotros y, si es necesario, pedir ayuda profesional: "Es normal que, tras un evento de estas características, el miedo se instale en el cuerpo: el sonido de un motor, una frenada brusca o la simple idea de volver a una estación pueden disparar el pánico. Esta hipervigilancia es la forma que tiene el cerebro de intentar protegerte de un peligro que ya pasó, pero que se siente presente. Como profesionales, trabajamos para que esos recuerdos dejen de ser ataques de ansiedad y se conviertan, con el tiempo, en cicatrices que ya no duelen al tocarlas, devolviendo la libertad de movimiento", explica.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto advierte a las familias tras el accidente de Adamuz: "El desgaste por empatía es real"
Quienes también tienen una tarea importante en superar este trauma son los familiares y amigos de los supervivientes. Estar ahí, escuchar sin juzgar y dar un simple abrazo, o preocuparse por cómo está la otra persona, realmente hacen la diferencia, y además advierte de que es esencial prestar atención a las señales de que alguien no está bien para poder echar una mano, y evitar que la situación acabe en algo peor, como ataques de ansiedad o depresión: "Si pasan los meses y la vida sigue detenida en el momento del impacto, si el aislamiento se vuelve la única zona de confort o si el sueño no regresa, es el momento de buscar un espacio profesional. Pedir ayuda no es admitir una derrota, es encender una linterna cuando la oscuridad del túnel parece no tener fin".
Por otro lado, también hace hincapié en que, para poder ser un pilar de apoyo para una persona que está intentando salir de una zona de oscuridad, es esencial estar fuerte mentalmente: "A las familias que cuidan de los afectados, les insto a que no se olviden de ellas mismas. El 'desgaste por empatía' es real y, para poder sostener a otros, uno debe estar mínimamente firme. No han de sentirse culpables por buscar un momento de distracción o por necesitar un descanso de la tragedia; el autocuidado es el combustible que permite que el acompañamiento sea sostenible a largo plazo en un camino que, sabemos, será de resistencia", afirma Leticia Martín, y añade que, aunque "después de Ademuz, nada será igual, 'diferente' no tiene por qué significar 'peor' para siempre": "Aprenderemos a vivir con la ausencia, transformaremos el trauma en memoria y, aunque la cicatriz siempre estará ahí, nos recordará que fuimos capaces de sobrevivir y de seguir cuidándonos los unos a los otros".





