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La vuelta de Alba Brunet a 'Sueños de libertad' me parece, sin exagerar, lo mejor que podía pasarle a la serie en este momento. Y lo digo desde la convicción de quien ha seguido la evolución de Fina casi desde el principio y ha sentido que, con su marcha, algo esencial se desajustaba. Porque Fina no era un personaje secundario que podía desaparecer sin dejar huella: era un motor emocional.
Desde que apareció en la ficción, Fina destacó por algo muy concreto: su valentía íntima. En un contexto de época marcado por las normas sociales rígidas, los silencios y las apariencias, ella se atrevió a sentir y a expresarlo. Su historia con Marta no fue solo una trama romántica más; fue una línea narrativa que aportó identidad propia a la serie. La relación entre ambas, construida con miradas contenidas, conversaciones cargadas de tensión y decisiones difíciles, convirtió el fenómeno “Mafin” en uno de los grandes reclamos de la ficción.
'Sueños de libertad' recupera su esencia con Fina
Creo que lo que hizo especial a Fina (Alba Brunet) fue su humanidad. No era una heroína perfecta ni un símbolo plano. Dudaba, se equivocaba, tenía miedo. Pero, incluso así, defendía lo que sentía con una honestidad que traspasaba la pantalla. En una serie donde abundan los secretos familiares, las luchas de poder y los intereses cruzados, Fina aportaba emoción sincera. Cuando se fue, la trama siguió, sí, pero a mí me dio la sensación de que el pulso sentimental bajaba de intensidad.
Por eso su regreso me parece tan inteligente.' Sueños de libertad' está en plena etapa de renovación, con nuevos personajes y conflictos que amplían el universo narrativo. Sin embargo, en medio de esa expansión, recuperar a Fina significa volver a una de las raíces que conectaron al público con la serie. Es una forma de equilibrar lo nuevo con lo que ya funcionaba, de recordar que las historias crecen mejor cuando no olvidan lo que las hizo fuertes.
Y, narrativamente, el reencuentro con Marta (Marta Belmonte) es dinamita dramática. Hay historia compartida, heridas abiertas y sentimientos que probablemente nunca se apagaron del todo. Ese cóctel es oro para cualquier guion. En definitiva, la vuelta de Alba Brunet no es solo un golpe de efecto para entusiasmar a los fans. Es, desde mi punto de vista, una decisión estratégica y emocionalmente coherente. Fina es corazón, conflicto y verdad. Y la serie necesitaba que ese corazón volviera a latir en pantalla.













