“No te dejaré sola”; ‘Mi hija’

Öykü es trasladada a un orfanato y Candan planea casarse con Murat para poder adoptarla. Antena3. Domingo 11 abril

mi hija
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QUÉ HA PASADO

• Ugur y Demir tienen que huir de la policía.

• Asu abandona a Öykü.


Como Demir no aparece, Öykü va a casa de Müfide. Poco después, llaman a la puerta y la niña se emociona pensando que es su padre, pero se equivoca. “Debe acompañarnos a comisaría”, informa la policía a Müfide. Una vez allí, se entera de que Ugur es un ladrón y no el hombre honrado que creía. El camión donde viajan para en una gasolinera y Demir aprovecha que hay una cabina para contactar con Asu, pero es imposible. Candan sí le coge el teléfono. “Asu se fue al extranjero y llevarán a Öykü a un orfanato. Ven y entrégate, sé un buen ejemplo para tu hija”, pide ella. Sin dudar, pone rumbo a Estambul junto a Ugur. “Debemos probar que Jilet urdió el robo por un ajuste de cuentas”, piensan.

Al día siguiente, los servicios sociales se llevan a Öykü y Candan se despide de ella entre lágrimas: “No te asustes, sabes que no estás sola”.

Jilet vuelve a engañar a Demir y a Ugur

Ugur y Demir logran colarse en el orfanato disfrazados de payasos y mientras el primero entretiene a los niños con sus trucos, el segundo se acerca a Öykü y le entrega una bola de cristal de su muñeco favorito. Entonces ella se da cuenta de que es su padre y lo abraza emocionada. “Pronto te sacaré de aquí”, promete él.

Candan quiere adoptar a Oykü, pero lo tiene muy complicado porque es una mujer joven y soltera. Al verla tan desanimada, Murat le propone casarse por conveniencia. Unas horas más tarde, la veterinaria visita a la pequeña y, tras regalarle un abrigo nuevo, le revela sus planes de boda: “Así tengo más probabilidades de que te quedes conmigo”. La niña sabe que ya no es necesario y trata de persuadirla.

Haciéndose pasar por empresarios alemanes que quieren vender sus pinturas, Ugur y su socio logran contactar con Jilet. Esa noche, acuden a su cita en una mansión y Demir pide ir al baño para colocar los diamantes en uno de los armarios. Cuando baja, se encuentra a su amigo atado a una silla y con el cuadro estampado en la cabeza. “Era una trampa, nos han engañado”, dice mientras lo suelta. En ese instante, la policía llama a la puerta y deben huir por una de las ventanas.

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