Hay algo que me incomoda —y al mismo tiempo me causa curiosidad— de muchas series turcas: suelen colocar a sus protagonistas femeninas en mundos profundamente patriarcales, pero no siempre les permiten romperlos de verdad. Por eso, cuando empecé a ver 'En tierra lejana', sentí que estaba ante algo distinto. Y lo digo sin rodeos: para mí, es una de las propuestas más feministas del género. La clave está en Alya.

Alya no es una heroína tradicional. No es la mujer que espera ser salvada ni la que acepta su destino en silencio. Es una médica brillante que ha construido su vida lejos de las imposiciones familiares, junto a su marido y su hijo. Pero todo se rompe cuando él muere y ella se ve obligada a regresar a Mardin, el lugar donde las normas no se cuestionan, se obedecen. Y ahí empieza realmente la historia.

alya en 'en tierra lejana'
Kanal D

Lo que más me impacta de Alya (Sinem Ünsal) es que no entra en ese mundo como una víctima pasiva, sino como una mujer que no encaja —y que no quiere encajar—. Llega a una familia dominada por tradiciones férreas, donde las decisiones no le pertenecen, donde incluso su libertad está en juego. No puede irse. No puede decidir. No puede ser. Pero, precisamente por eso, cada gesto suyo es político.

Dos prototipos de mujeres en 'En tierra lejana'

alya en la serie turca 'en tierra lejana'
Kanal D

Cuando Alya se enfrenta a la matriarca que la obliga a casarse para poder quedarse, no estamos viendo solo un giro de guion dramático. Estamos viendo el choque frontal entre dos modelos de mujer: el que perpetúa el sistema y el que lo cuestiona. Esa imposición —casarse para sobrevivir dentro del clan— no la define, sino que la pone a prueba. Y aquí es donde, en mi opinión, la serie se vuelve profundamente feminista.

Porque el feminismo de 'En tierra lejana' no es cómodo. No es un discurso explícito ni moderno en apariencia. Es un feminismo de resistencia. Alya no puede cambiar el sistema de golpe, pero tampoco se somete sin más. Negocia, lucha, se equivoca, huye, vuelve. Hace lo que puede con lo que tiene. Y eso la hace real. Además, hay algo que me parece fundamental: todo lo que hace lo hace por su hijo, sí, pero también por sí misma. La serie podría haberla reducido al arquetipo de “madre sacrificada”, pero no lo hace. Su lucha por proteger a su hijo es también una lucha por no desaparecer como individuo en un entorno que intenta borrarla.

Otro punto clave es el descubrimiento de la verdad. Alya no solo combate las normas externas, sino también las mentiras sobre las que construyó su propia vida: su marido no era quien creía, su historia no era la que pensaba. Y decidir qué hacer con esa verdad es, en sí mismo, un acto de libertad. Me recuerda mucho a Seyran en 'Una nueva vida'.

Por eso creo que 'En tierra lejana' es feminista de una manera más honesta que muchas otras series. No idealiza la independencia femenina, muestra lo difícil que es ejercerla cuando todo está en tu contra. No convierte a Alya (Sinem Ünsal) en un símbolo perfecto, sino en una mujer que resiste, que duda, que se rompe… pero que no se rinde. Y, al final, eso es lo verdaderamente revolucionario. Porque en un mundo que intenta decidir por ella —con quién debe casarse, dónde debe vivir, qué debe callar—, Alya insiste en algo muy simple y muy poderoso: decidir por sí misma.