Luis Piedrahita: "Me gusta entender el humor como un arma de construcción masiva"

El mago de 'El hormiguero' estrena en teatro el monólogo 'Es mi palabra contra la mía'.

Luis Piedrahita Portrait Session
Samuel de RomanGetty Images

Humorista, ilusionista, escritor y director de cine. Muy conocido por sus apariciones en El hormiguero, donde ha presentado su humor y su magia ante personalidades como Tom Cruise, Gwyneth Paltrow, Will Smith… ha estrenado el viernes 4 de octubre, el monólogo Es mi palabra contra la mía en el Callao City Lights de Madrid.

En tu espectáculo analizas por qué nadie está contento con lo que le ha tocado. ¿Cuáles son tus insatisfacciones?
Las que tiene todo el mundo. Nadie quiere hacerse viejo. Nadie está contento con su aspecto. Nadie está contento cuando se va la persona amada, con las ausencias o con las pérdidas. Yo hablo de pequeñas miserias cotidianas como excusa para hablar de los grandes temas que hay detrás, para demostrar que al final, la única manera para desactivar esos desencantos es la risa. Solo el humor hace la vida soportable.

El humor y el amor…
Exactamente. Y al humor y al amor añado el arte y el conocimiento. Son las únicas cuatro buenas noticias que tiene la existencia.

¿Existe el amor verdadero?
Sí. De hecho, en mi monólogo hago un canto al amor verdadero, pero creo que no tiene por qué ser eterno. Puede darse un amor verdadero de tres semanas y también un amor falaz de toda una vida.

¿A qué conclusiones llegas después de pelearte tanto contigo mismo?
La conclusión de fondo es que no se puede ser feliz siempre. La cantidad de felicidad del universo es constante, no aumenta ni disminuye. Se traslada. Funciona como los antiguos balones de Nivea, que no servían para jugar en la playa porque se iban volando, pero tu tristeza contrastaba con la alegría de otra familia que lo encontraba unos metros más allá.

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¿Subes al escenario con un guión previo que vas clavando, o das pie a la improvisación?
Subo con todo muy preparado, muy memorizado. Tanto que, en el guión, hay huecos que dicen: "Aquí se improvisa". Lo hago así para no aburrirme y, sobre todo, para permanecer estimulado. Para no bajar la guardia. En cada show, me gusta también aprender de memoria los nombres de las personas que participan, que suelen ser quince o veinte. Y la gente vive eso como un traje hecho a medida y como tal lo valora.

¿Tú tienes hijos?
Pues no, pero me gusta escribir para niños. De hecho el libro que escribí para el Real, con el CD de música incluido, se titula Diario de una pulga, que habla de la historia de una pulga que quiere ir a esquiar a Baqueira Beret.

¿Eres animalista?
Sí. Por eso no tengo animales en casa. Prefiero que estén en el campo.

Sigues con tus trucos en 'El hormiguero'. ¿De dónde te viene tu amor por la magia?
Me encantaba ya de pequeñito. Me gustaba mucho Juan Tamariz, el maestro por excelencia y padre de generaciones y generaciones de magos. Creo que en España no somos conscientes de la repercusión de Tamariz en la magia en todo el planeta y con una simple baraja de cartas. Yo le veía a él, a Pepe Carrol… y me quedaba embelesado.

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¿Quién te transmitió ese amor?
Nadie en particular, pero recuerdo que mi abuelo tenía un amigo cura y fue el primero que me hizo un truco de magia en directo. ¡Me emocioné! A los 14 años empecé a hacer trucos de magia por mi cuenta y en el colegio tenía un compañero que se aficionó conmigo y era un genio. Entre los dos inventábamos juegos, leíamos libros de magia y nos lo pasábamos genial. Porque la magia es algo muy gremial, casi como un alquimista, y no se comparten trucos con los demás.

Antes querías ser inventor y médico. ¿Por qué cambiaste?
De pequeño quería ser inventor de inventos (risas); de hecho les decía a mis padres: "Me voy un rato al trastero a hacer inventos". También me gustaba mucho la medicina, hasta que un día me desmayé al ver a mi madre sangrando. Así que crecí y me formé como guionista, estudié la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra y cuando escribía, todo iba hacia la risa. Hice unas prácticas en Telecinco y enseguida me llamaron de Globomedia para hacer El club de la comedia, en el año 1999. El que me contrató era un chavalín bajito, pelirrojo y muy inteligente que se llamaba Pablo Motos. Y desde entonces no hemos dejado de trabajar juntos.

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Todo el equipo de guionistas os fuisteis a la radio.
Sí. Al programa No somos nadie, que tenía la pretensión de sustituir a Gomaespuma y funcionó muy bien durante cinco o seis años.

¿Con humor se nace? ¿Tal vez tiene algo que ver la retranca gallega?
Nacer hay que nacer. Si uno no nace, poco puede hacer (risas). Uno puede tener una gracia innata para el chiste y otra cosa es vivir profesionalmente de ello. Para dar ese paso necesitas aprender, renovarte, refrescarte, trabajar, encontrar unas rutinas… Curiosamente, el humorista profesional suele ser de los menos graciosos cuando va a una boda.

Lo curioso es que tú has aunado el humor y la magia.
Me gustan las dos cosas. Pablo me conoció como escritor de humor, como guionista. Luego empecé a hacer monólogos para El club de la comedia y por eso empecé en El hormiguero como monologuista. Y, de repente, un día, Pablo fue el que me propuso: "¿Por qué no haces esos trucos de magia que nos haces a nosotros y que son tan buenos?"

Rowan Atkinson Attends "El Hormiguero" TV show
Pablo Blazquez DominguezGetty Images

¿Te pones nervioso cuando haces magia delante de tantos espectadores y de gente tan importante como Tom Cruise o Will Smith?
Suelo estar concentrado en la magia, porque son trucos de complejidad técnica. Estoy tan preocupado de que quede bien, que casi no me fijo en quién está delante. Pero sí es cierto que gracias a ese trabajo, a la magia de efectos ópticos que hago en el programa –en los que el método es más ingenioso todavía que el truco- he conseguido premios muy importantes de reconocimiento mundial. Sorprende que haga volar un coche, pero todavía sorprende más cómo consigo hacerlo volar.

Haces monólogos en el teatro, pero no espectáculos de magia…
Es verdad. No hago magia en el escenario porque mis trucos son para verlos de cerca.

Colaboras en el programa 'La Ventana' de la Ser, con Carles Francino. ¿Una imagen vale más que mil palabras?
Cada medio tiene su encanto. Con la radio puedes conseguir un nivel de intimidad con el oyente que no lo consigues en la tele y, a la vez, una fidelidad extraordinaria. La televisión, en cambio, te permite llegar a mucha más gente.

En el cine te estrenaste hace once años, como guionista y director con 'La habitación de Fermat', junto a Rodrigo Sopeña.
Funcionó muy bien y recibimos un montón de premios. Teníamos preparada la siguiente película, con un guión genial, pero llegó la crisis y Rodrigo Sopeña y yo nos dedicamos a hacer otras cosas.

The 2008 Tribeca Film Festival Director's Brunch
Amy SussmanGetty Images

Haces muchas cosas al tiempo. ¿El estrés te juegas malas pasadas?
No. Duermo ocho o nueve horas al día, voy al váter perfectamente… Siempre voy con una libreta, apuntando ideas, conceptos. Incluso apunto lo que se me ocurre cuando me despierto por la noche.

Con 42 años tienes cara de crío y un 'look' de enfant terrible. ¿Al humor le pesa la edad?
Llevo con esta misma imagen desde los 20 años, pero no porque sea presumido sino porque así no me complico la vida. Este pelo es el que se queda cuando salgo de la ducha. No le hago nada. Y claro que influye tener 40 años porque, con los años, algo aprendes. Te das cuenta que hay cosas en la vida, como que te salgan canas, que son irreversibles y eso es terrible. Empieza ya a desaparecer gente cercana a ti… Ahí el humor es donde es imprescindible.

¿Tu humor es constructivo o destructivo?
Me gusta entender el humor como un arma de construcción masiva. A mí me gusta el humor que se acerca a la poesía.

Si alguien se ofende por un chiste, ¿quién tiene la culpa?
El humorista talentoso, como el poeta, sabe qué temas ha de tratar y cómo ha de tratarlos para ofender solamente a aquellos que se lo merecen. El humor no puede ser inofensivo. El humor ha de ofender siempre, pero la ofensa ha de ser justa.

¿A qué no le ves ni una pizca de gracia?
Me enfada la arrogancia, el que va de 'sobrao', la insolencia, la petulancia, la soberbia, la pedantería, la inmodestia...

¿Echas de menos algún tipo de humor o a algún humorista?
Echo de menos aquel humor que se hacía en La codorniz, tan brillante, tan poético… Tono, Mingote, Herreros… También el humor de Wenceslao Fernández Flórez, de Jardiel Poncela, Gómez de la Serna, Valle Inclán, Cunqueiro. España es un país de humoristas. Nuestra obra cumbre es El Quijote y es una obra de humor.

¿Qué aficiones tienes fuera del escenario?
Muy pocas. Me gusta mucho el cine, escribir y leer… Soy curioso y me gusta viajar. Siempre intento hacer un viaje potente al año y también voy mucho a Portugal. Hago deporte de subsistencia, para no atrofiarme. También cocino.

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