Los ‘9 meses…’ de Samanta Villar en Cuatro: “He mostrado mi parto por honestidad”

A través de su historia y la de otras parejas, la periodista ha ofrecido su nada idealizada visión de la maternidad: “Los tres primeros meses fueron peor que mis ‘21 días en un barco pesquero’”.

 

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Valiente y siempre fiel a su estilo, Samanta Villar acaba de cumplir un doble sueño: ser madre de los mellizos Violeta y Damià y (como no es lo mismo contarlo que vivirlo) mostrar a los espectadores todas las caras del proceso. 

Y, como no podía ser menos, llegó a enseñar hasta el momento del alumbramiento. Tras más de un día de contracciones, los médicos finalmente decidieron inducirle el parto. Mucho más tranquila ya con la epidural, Samanta colaboró con los médicos para que todo saliera bien.

Hablamos con la periodista tras la grabación del programa. Así ha vivido los 9 meses con Samanta.

¿Cómo surgió la idea?
Siempre he querido hacer algo con la figura de la madre incondicional. En los casos más dramáticos siempre hay una que está detrás y tira del carro. Así que, cuando decidí quedarme embarazada, propuse el reportaje a mis jefes. Lo que no sabía es que iba a tardar unos cuantos años en concebir… (risas)

De los tres trimestres, ¿cuál ha sido el más duro?
El primero fue una de las experiencias más duras de mi vida… ¡Tres meses con náuseas!

¿Peor que tus 21 días en un barco pesquero?
¡Mucho peor! Aquello fueron 21 días y esto 90. Menos mal que estaba mi madre conmigo en casa atiborrándome a comida, que era la única manera en que dejaba de sentir náuseas. Ahora entiendo a los enfermos crónicos, debe ser infernal vivir así.

Háblanos del segundo…
Empiezas con otras incertidumbres: qué estoy notando, si son patadas o no, por qué lloro sin venir a cuento… Empiezas a engordar, un día te ves bien, otro fatal y te sientes muy inexperta e insegura. De repente tienes azúcar, hay que vigilar lo que comes…

¿Y en el tercero?
Pues llegan dificultades como no poder dormir por la noche, el dolor de espalda, las contracciones, que al principio no sabes lo que son pero te hacen sentir fatal… Y piensas: ‘¿Pero qué está pasando?’ (risas).

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor?
Lo mejor, que todo haya salido bien y que tengo dos niños que son una pasada. Y luego hay muchas cosas negativas que no nos cuentan. La maternidad está idealizada y se supone que hay que disfrutar del embarazo. Y tú piensas: ‘¿De qué? ¿De los tres meses de náuseas?’. Y lo peor no es que no puedes correr, ir en bici, dormir… ¡Es que no te puedes quejar porque la gente te mira mal! Si no lo vives como algo maravilloso, estás estigmatizada.

También hemos visto historias paralelas a la tuya.
Sí. En el primer capítulo hubo una tremenda. Una chica embarazada que a su futuro bebé le detectan espina bífida. La ley les permite abortar porque es una malformación grave, pero ellos se lían la manta a la cabeza y hacen lo posible para darle una vida digna a su hijo. Le hicieron una operación intrauterina en el hospital Vall D'Hebron de Barcelona y a mí aún se me pone la piel de gallina de la valentía, el amor y la capacidad de los médicos.

Te habíamos visto vivir muchas experiencias, ¡pero esto es entrar en tu intimidad!
Es compartir algo muy íntimo pero también ha habido espacio para vivir cosas al margen de las cámaras.

¿Crees que será un buen regalo para Violeta y Damià cuando sean mayores?
Supongo que sí. Igual dentro de unos años dicen: “¡Pero qué cosa más viejuna!”.

¿Pretendes desmitificar la creencia del embarazo feliz?
Lo que hemos hecho ha sido enseñar experiencias diferentes, pero no dar una línea de pensamiento única. Hemos intentado que el espectador tenga referentes diversos y llegue a su propia conclusión.

Porque no todo es tan fácil…
Claro que no. Hay que desmitificar mucho. Cuando das a luz, no te ponen al niño encima y dices ‘adoro a este niño’. Es un proceso y van pasando muchas cosas. Hay una parte muy grande de sacrificio, de no dormir, en la que tu cuerpo lo pasa muy mal.

Finalmente… ¡te hemos visto parir!
Pues le dimos muchas vueltas y, en un principio, pensamos que no. Pero ha habido un compromiso tremendo de todos las personas que han aparecido en el programa. Han sido tan generosas que me daba vergüenza no estar a ese nivel… Así que decidí mostrar mi parto. Nosotros teníamos el material y lo montamos de manera que nos sintiéramos cómodos. No podía ser de otra manera, no me parecería un trabajo honesto.

¡Y cómo es parir con una cámara delante!
Estoy tan acostumbrada ya… (risas). Fue un parto difícil, estuve 30 horas, tuvieron que inducirlo… Pero hubo un momento precioso, en la sala de espera, que estaba con dos compañeros con los que llevo años trabajando y hemos vivido muchas aventuras intensas. Les dije: “Estoy feliz de que estéis también en mi parto”.

¿Violeta y Damià son buenos?
A ver, son bebés y tienen sus cosas. Lloran, no duermen, dan el rollete… Pero como todos los bebés, faltaría más. Luego los vemos y pensamos: ‘¡Qué fuerte que hayamos hecho dos personitas!’.

A tu marido, Raúl Calabria, ¿qué le pareció toda este proyecto?
Lo sabía desde antes de quedarme embarazada. Él también es periodista y, encima, reportero de Diario Vice, de #0. Así que le vamos a ver por partida doble. Por cierto, ¡vamos a descubrir a un gran personaje televisivo! (risas).

Ahora os toca renunciar a muchas cosas…
Sí. Tu vida se quda destruida, hecha añicos. Y más la nuestra, que no parábamos de viajar, trabajar 20 horas al día… Ya no hay vida social y ahora lo que toca es reconstruir todo eso, pero con dos niños. Yo lo he hablado con otros amigos padres y lo reconocen, hay un momento en que piensan: “Me arrepiento de haberme metido en esto, vaya error”. Pero es normal y luego pasas a la siguiente fase que consiste en recomponerse y ver qué hacer. Yo estoy feliz.

Con tu forma de hacer periodismo inauguraste un estilo. ¿Es este reportaje el culmen? ¿Qué más te queda por mostrar?
(Risas) Hay tantas cosas por contar… La vida está llena de ellas. Ahora que ya no estoy grabando a mis hijos pienso muchas veces: ‘Esto sería increíble contarlo’. Y lo mismo me pasa con las historias de algunos amigos. Está claro que mi embarazo ha sido un reportaje muy potente, precioso y, ahora mismo, la culminación de mis historias. Pero igual dentro de unos años encuentro otra aún más flipante.

¿Te has planteado volver a trabajar ya?
Aún no. Hasta después de verano voy a estar centrada en mis hijos. Luego ya veremos lo que hago.

¿En qué te ha cambiado la maternidad?
Pues mira, me he descubierto muy dependiente de mis hijos, ¡con lo independiente que yo era! Me voy de casa dos horas y llamo enseguida para ver qué tal va todo. También es verdad que dos bebés dan más trabajo que uno y cuando yo me voy me siento mal, algo que no pega nada con la Samanta anterior. Si ellos están bien, yo también.

¿Repetirás?
Sorprendentemente creo que sí. Durante el proceso ni se me pasaba por la cabeza. Pero ahora digo: ‘Pues un tercero… no digo que no’. Esto tampoco pegaba nada con la Samanta anterior (risas).

Por cierto, ¿qué te ha parecido Meritxell Martorell, la nueva reportera de 21 días? En las redes se criticó mucho su debut…
Bueno, a mí me pasó lo mismo cuando empecé. Ahora la gente se ha olvidado, pero me pusieron a caer de un burro. Lo que pasa es que con los años, solo se acuerdan de lo bueno. No hay que darle importancia y no creo que esté agobiada por eso.

¿Cómo definirías su estilo?
Es muy carismática y tiene fuerza. Además, este es un formato en el que vas aprendiendo a medida que lo haces. Supongo que en los siguientes reportajes se la irá viendo mejor.

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