Eduardo Noriega da vida al oscuro Rafael Figueroa en ‘La sonata del silencio’’: ‘‘Me llevo bien con los tipos misteriosos’’

Cinco años después de ‘Homicidios’, ha vuelto a la tele para encarnar a un poderoso notario, atormentado por su pasado y un amor correspondido.

 

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Eduardo Noriega protagoniza junto a Marta Etura y Daniel Grao el drama de época La sonata del silencio en La 1. Para el actor, ha supuesto su vuelta a la televisión después de cinco años.

 

 

Madrid, 1996. Gran Vía, a primera hora de la mañana del domingo 18 de agosto. Un año antes de que comience oficialmente el rodaje, Alejandro Amenábar y su cámara Hans Burmann preparan la secuencia más importante de Abre los ojos, su segunda película, con Eduardo Noriega recorriendo la mítica calle de la capital que está desierta. La única instrucción que recibe el actor cántabro es no girarse en ningún momento, su rostro no debe verse.

Su amigo y descubridor en Tesis, de cuyo estreno se cumplen 20 años, aún no ha decidido quién interpretará a Bosco y solo quiere una figura masculina… Pero Eduardo Noriega se da la vuelta, no está dispuesto a dejar escapar el primer protagonista de su carrera.

Eduardo Noriega tenía 23 años y estaba empezando pero ya sabía que para triunfar, además de talento y suerte, también hace falta un punto de osadía. Y es esa astucia aplicada al trabajo lo que le ha valido el papel principal en La sonata del silencio, ficción estrella de esta temporada en La 1, adaptación de la novela de Paloma Sánchez-Garnica.

Teleprograma.tv habló con Eduardo Noriega en el Festival de Televisión de Vitoria. “Un pajarito me dijo que iban a llamarme para una serie de época, así que le sonsaqué toda la información que pude y me leí el libro. Enseguida me vi en el papel de Rafael Figueroa, un hombre acostumbrado a mandar y a que le hagan caso”.

Desde su debut en la ópera prima de Amenábar –tras una breve participación en Historias del Kronen (1995), de Armendáriz–, Eduardo Noriega ha aportado a todos sus personajes uno de sus puntos fuertes, su mirada intensa y profunda, perfecta para el atormentado Figueroa.

‘‘Me llevo muy bien con este tipo de hombres, los que tienen claroscuros, una doble faceta. Cuando era pequeño idolatraba a Montgomery Clift porque había algo de dolor en él y esa característica se aprecia en el cine negro”, cuenta Eduardo Noriega.

La sonata del silencio supone además su vuelta a la televisión, tras un paréntesis de cinco años, desde la serie Homicidios, un resbalón de Telecinco que él achacó a los vaivenes de los horarios, asegurando que es imposible mantener la fidelidad del espectador si no existe un calendario.

Ahora, Eduardo Noriega se siente más seguro: “Esta producción esta hecha con la intención de perdurar porque las situaciones te parecen cercanas y los personajes te llegan aunque a veces sean difíciles de comprender. Lo bueno de  La sonata… es que son nueve capítulos de una historia cerradas. Si sabes que puede haber otra temporada, bajas la energía y la actividad. Así que esto había que cerrarlo y cerrarlo bien”.

La energía nunca le ha faltado a este actor que siempre ha domado su miedo a nuevas experiencias o su timidez para cruzar las fronteras. Eduardo Noriega, el menor de siete hermanos y músico de vocación, nunca ha temido rodar en otro idioma o a las órdenes de directores y con compañeros extranjeros, desde que en 2000 viajara a Argentina para rodar Plata quemada, con Marcelo Piñeyro.

Esta vez Eduardo Noriega ha grabado en un entorno más cercano, un palacete de principios del siglo XX, en el centro de Madrid, donde transcurre gran parte de la acción de La sonata del silencio.

“El entorno es muy importante –confirma Noriega– porque parte del carácter de Rafael Figueroa lo ha forjado ese ambiente solemne y opresivo, y el vestuario por supuesto, aunque esta serie no pretende estar tan pegada a los años cuarenta como otras, ya que la ambientación y la fotografía lo reflejan, pero el lenguaje, no… No queremos sonar antiguos y hemos empleado un vocabulario intermedio entre esa época y la actual”.

El objetivo de La sonata del silencio es captar a todos los sectores del público, tanto a los lectores de la novela de Paloma Sánchez-Garnica –ganadora del premio Fernando Lara por su último libro Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido– como aquellos a quienes el actor  no resulta familiar por no haberse prodigado en la televisión.

“Hay una generación que no me conoce, un joven de 18 años, por ejemplo porque no he hecho casi tele y quizá no me ha visto en el cine. Además, cuando yo empecé no eran frecuentes los fenómenos como el de Dani Rovira, que en cuestión de meses se ha convertido en el actor más popular del país. Pasear con él por la calle es insoportable. Si lo ven, no conocen a nadie más”, asegura Eduardo Noriega que quizá vuelva a toparse con la popularidad que alcanzó en su primera etapa, tras la vanguardista Tesis, y que tan poca gracia le hacía.

Anuncio de Schweppes.

Eduardo Noriega en Vitoria.

Eduardo Noriega en El lobo (2004).

Eduardo noriega en En el punto de mira (2008).

Eduardo Noriega en Alatriste (2006).

Eduardo Noriega en Nuestros amantes, con Michelle Jenner.

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