Esta novela histórica ambientada en la Córdoba del califato me ha tenido literalmente pegada al sofá durante las últimas tardes y noches (y mañanas y momentos de siesta...) de enero enteras. Me ha alucinado su reconstrucción cuidadosa de una época remota y del retrato tan cuidado de un hombre que ve cómo el mundo que ama se desmonta mientras él trata de salvar los libros, el conocimiento y todo lo que hace que una ciudad deje de ser "únicamente piedra" y sea un lugar vivo. Desde las primeras páginas he sentido el rumor de una Córdoba brillante que atrae a sabios de medio mundo. No he tenido el placer de conocer la ciudad todavía y con esta novela he podido hacerlo a distancia y desde su historia un poco más. He descubierto que aquella Córdoba califal fue casi una capital mundial del saber, un sitio al que llegaban manuscritos desde Bagdad, Basora, Damasco o Constantinopla, y donde se traducían, restauraban y copiaban obras de medicina, astronomía, filosofía y literatura clásica. En aquel ambiente de talleres de pergaminos, tintas y encuadernadores, la novela presenta un prota que reúne y cuida cientos de miles de volúmenes mientras el poder político cambia de manos y las intrigas palaciegas se vuelven cada vez más peligrosas.

Almuzara 'El bibliotecario de Medina Azahara'. de Antonio Torremocha Silva

'El bibliotecario de Medina Azahara'. de Antonio Torremocha Silva

Especificaciones

ManufacturerAlmuzara
Número de páginas432
Año de edición2024

Hablo de 'El bibliotecario de Medina Azahara', del historiador y novelista Antonio Torremocha Silva (Algeciras, 1950), una novela histórica publicada por la editorial Almuzara. El autor es doctor en Historia Medieval, ha dedicado su carrera a investigar el pasado andaluz y ha escrito un ciclo de 4 novelas que recorren diferentes momentos de la historia peninsular (desde la Andalucía cristiana del siglo XIV hasta el esplendor del califato de Córdoba). En esta entrega se centra en la figura de Jalid ben Idris, director de la Gran Biblioteca de Córdoba, a quien imagina en sus últimos días de vida, lejos de su tierra, decidido a dejar por escrito todo lo que vivió para que alguien, en algún momento, conozca la verdad de lo sucedido con ese "templo del saber".

Como lectora he recorrido palacios, mezquitas y salas de manuscritos. La documentación histórica sobre la biblioteca y la labor de califas como al-Hakam II demuestra que allí se reunieron cientos de miles de volúmenes y que la ciudad llegó a ser un foco intelectual tanto para Oriente como para Occidente. El trasfondo documentado se percibe en multitud de detalles, desde la descripción de los talleres de copistas hasta la presencia de mujeres como Lubna y Fátima, cristianas manumitidas que se convirtieron en copistas y traductoras célebres por su talento y formación.

El personaje de Jalid ben Idris empieza como un erudito casi anónimo con un taller de traducciones y termina al frente de una biblioteca que necesita una organización importante, con catálogos extensos, agentes literarios desperdigados por varias ciudades y un equipo de colaboradores que se juega mucho en cada decisión. Al-Hakam II lo coloca al frente de la biblioteca fundada a partir de los fondos de su padre, Abderramán III, y le otorga medios para ampliar la colección, financiar copias de novedades y adquirir obras raras en los centros intelectuales más importantes del momento. También narra el cambio de clima que llega con la figura de Almanzor, el poderoso chambelán Muhammad ben Abi Amir, que se adueña del poder cuando el joven Hisham II asciende al trono. El ascenso de este personaje, apoyado por ulemas radicales, marca un giro dramático en la historia, ya que la tolerancia y curiosidad intelectual que habían caracterizado a Córdoba comienzan a verse como un peligro. Muchos de los libros de la biblioteca pasan a considerarse heréticos y contrarios a la ley religiosa que defienden los sectores más intransigentes.

La estructura elegida por Antonio Torremocha Silva contribuye a que el lector sienta "nostalgia" y "tensión" desde las primeras páginas. La historia arranca con Jalid instalado en El Cairo, ya anciano, acogido por el califa fatimí Abu Mansur Nizar al-Aziz. Desde allí, escribe su biografía completa. Este recurso de mirar hacia atrás desde el exilio permite que cada episodio de juventud tenga un rollo melancólico muy interesante, ya que el protagonista sabe de antemano que el mundo al que se entrega por completo terminará arrasado por decisiones políticas y religiosas que se escapan a su control.

Merece atención también el papel de las mujeres en esta historia, tanto las reales como las recreadas por el autor. Las copistas Lubna y Fátima, liberadas de la esclavitud y convertidas en profesionales del libro, encarnan a la perfección la posibilidad de que una mujer culta alcanzara un reconocimiento en su entorno. La documentación conservada sobre Lubna de Córdoba refleja que existieron figuras femeninas con alto nivel educativo vinculadas a las bibliotecas del califato.

En cuanto al tono, he leído que muchos lectores han recalcado que el estilo de Antonio Torremocha Silva mantiene una personalidad cómoda de erudición y la fluidez narrativa, con descripciones detalladas de manera muy correcta. La biografía de Jalid ben Idris avanza desde sus primeros años hasta la vejez con ritmo sostenido, intriga política, viajes, trabajo diario en la biblioteca y vida personal del protagonista. Desde el punto de vista histórico, la trama se apoya en datos muy contrastados sobre la Biblioteca de Córdoba, el impulso que recibió bajo al-Hakam II y la magnitud que alcanzaron sus fondos, descritos por algunas fuentes como un conjunto de cientos de miles de volúmenes organizados en catálogos que ocupaban decenas de cuadernos, con un sistema de registro exhaustivo de autores y contenidos. Se sabe que el califa mantenía delegados en ciudades orientales que se encargaban de adquirir o copiar las novedades bibliográficas y que los autores recibían importantes sumas de dinero por las primeras copias de sus obras, un esfuerzo económico que explica la riqueza de la biblioteca y su fama en todo el mundo islámico y en parte de la Europa cristiana. La novela incorpora estos elementos para dar verosimilitud al trabajo de Jalid y su equipo.

'El bibliotecario de Medina Azahara' es ideal si sentís curiosidad por al-Ándalus y preferís acercaros a su época a través de una novela de acción, política, vida cotidiana y reflexiones sobre el valor del saber. Además, si tenéis raíces o vínculos con Andalucía (o quizá solo habéus paseado alguna vez por las ruinas de Medina Azahara), podéis encontrar un plus de emoción al reconocer en la ficción los nombres y los lugares que forman parte de su propio paisaje sentimental.

Si os animáis con sus más de 400 páginas, os vais a encontrar con un viaje a una Córdoba como lugar donde se cruzaban lenguas, creencias y saberes, y donde un bibliotecario anónimo peleó hasta el final por impedir que el fuego se llevara por delante siglos de conocimiento.

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Mariana Martín es periodista especializada en contenidos de Ocio y Cultura. Escribe sobre libros, cine y series, música y arte, entre otras cosas. Ha estudiado el doble grado de Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, y es precisamente su formación en Humanidades la que le aporta una perspectiva analítica y multidisciplinar para abordar sus artículos periodísticos desde un punto de vista diferente. Cuenta con experiencia en comunicación editorial y redacción de newsletters y artículos de cultura, moda, opinión y literatura, principalmente. Ha formado parte de equipos de prensa en la Universidad Carlos III además de desarrollar proyectos propios en redes sociales (en Instagram @shots.bymariana) donde trabaja con la narrativa visual a través de fotografía y textos propios de prosa poética y poesía. También ha trabajado en el diario El Generacional, donde ha cubierto eventos como conciertos o la feria ARCO de Madrid y ha realizado entrevistas a distintos artistas.