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La semana pasada, estuve todo el fin de semana enganchada al nuevo libro de Máximo Huerta, Mamá está dormida. Es una historia que me conmovió y me revolvió por dentro. La relación de una madre con su hijo siempre es especial y más si ocurre con una narración introspectiva tan estupenda como la que hace el escritor valenciano.
La verdad es que aún me sigo recuperando de semejante lectura. He sentido durante toda la semana el famoso vacío que dicen que ocurre cuando te terminas un buen libro. He empatizado tanto con los personajes y con la historia que he acabado totalmente emocionada.
Ese sentimiento es el que siempre busco en las novelas que leo. Intento que sean cautivadoras, fascinantes y palpitantes. De hecho, no es la primera vez que leía un libro del estilo de Mamá está dormida, sino que, entre mis lecturas favoritas, tengo un par de títulos con una temática similar. Por eso, si eres tan fan como yo de las novelas conmovedoras, te recomiendo estos tres libros parecidos e igual de emotivos.
Fuerza narrativa, amor y perdón
La primera novela que recomiendo es El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de la escritora rumana Tatiana Țîbuleac, una historia muy parecida a la de Mamá está dormida, pero con una relación madre e hijo aún más complicada y desgarradora.
La historia está protagonizada por Aleksy, un hombre que, por un bloqueo artístico como pintor, revive en su mente el último verano que pasó junto a su madre. Después de una trágica pérdida en el núcleo de la familia, Aleksy reconstruye el periodo veraniego que cambió para siempre su vida. El protagonista recuerda la dureza y la hostilidad con la que se trataban madre e hijo, pero poco a poco comprende el verdadero sentido del color verde de los ojos de su madre. Unos ojos que, aunque no siempre eran apacibles, siempre le miraban.
Si Mamá está dormida estaba escrito de una manera emotiva; la forma de narrar de Tatiana Țîbuleac le supera aún más. La escritora rumana es conocida por su valentía al mostrar lo vulnerable y crudo sin ningún tipo de temor y, en una novela así, queda de maravilla. La voz de Aleksy en primera persona abre su corazón al lector para conocerlo de una manera poética e intimista.
Identidad, familia y aceptación
La segunda lectura que recomiendo fielmente es En la Tierra somos fugazmente grandiosos, del novelista vietnamita-estadounidense Ocean Vuong. Es una historia bellísima inspirada en la propia experiencia del autor que, a pesar de ser joven, escribe como si llevara varias décadas haciéndolo.
Ocean Vuong cuenta su historia personal como hijo de unos vietnamitas que deciden vivir en Estados Unidos. En este cambio cultural tan radical, el protagonista no se siente cómodo en un ambiente familiar complicado por varios motivos. Además, se encuentra en plena comprensión de su doble condición de inmigrante y homosexual.
Lo más bonito de esta historia tan conmovedora es la forma en que Vuong la narra. El autor escribe en forma epistolar a su madre, que no sabe leer. La carta, de esta manera, se convierte en una confesión a corazón abierto de sus pensamientos y sentimientos sin ningún tipo de filtro, pero de una forma casi lírica. No espera respuesta a su letra, sino una comprensión emocional. Es una manera muy original de escribir porque nos permite conocer las escenas que, como joven, ha vivido, pero también sus reflexiones. Todo el vocabulario de Vuong está muy cuidado y las imágenes que transmite permiten al lector presenciarlas prácticamente como si estuviera a su lado.
Memoria, tiempo y vitalidad
La tercera lectura que me resulta parecida al último libro de Máximo Huerta es Siempre Alice, de la neurocientífica y escritora Lisa Genova. La doctora en Neurociencia por la Universidad de Harvard lanzó este bestseller en el año 2010. Su éxito fue tal que se hizo una adaptación cinematográfica en 2014 por la que Julianne Moore ganó el Oscar a mejor actriz protagonista por su papel como Alice Howland.
Si la película es buena, el libro es una obra maestra. La doctora Howland, profesora de psicología en Harvard, lo tiene todo: un marido que la ama, tres hijos y un trabajo que disfruta. Sin embargo, después de unos días un poco olvidadiza, todo cambia cuando le diagnostican principios de Alzheimer.
La historia es totalmente innovadora en el sentido en que la escritora nos deja a acompañar a Alice en este viaje tan complicado, lleno de confusión e impotencia. No es un relato en primera persona, pero Lisa Genova escribe de una manera tan brillante que hace que el lector esté muy pegado a la conciencia de Alice. El miedo y desorden de la cabeza de la protagonista se muestra desde el lenguaje. A medida que avanza la enfermedad, las frases y palabras se vuelven más sencillas. Es una narración muy bella y sincera, sin hacer un espectáculo de la situación. Son las pequeñas escenas cotidianas las que hacen que Alice “siga siendo Alice”.
Estas tres novelas están totalmente a la altura de Mamá está dormida. No sabría decir cuál es la más emotiva, pero a mí me parece que son tan sobrecogedoras y cautivas que dejarán huella en el corazón de cualquier lector.





