Hasta hace unos meses mis vecinas dedicaban sus tardes tomando el fresco a divagar sobre el tiempo que iba a hacer, las recetas que iban a preparar y el devenir de las distintas familias del pueblo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, solo les preocupa lo que le pase a una de ellas: ‘Las herederas de la Singer’, una saga de costureras españolas que no paran de comentar en su club de lectura.

Cuando comenzaron a leerla, de pronto se encontraron con una mujer como lo podrían haber sido ellas. De no ser por su acento andaluz, también podrían haberse visto en las circunstancias de Aurora, una joven asturiana que, a comienzos del siglo pasado, se vio obligada a unirse en matrimonio con un hombre al que no amaba. Ese enlace se convirtió en la única esperanza de su familia para salir adelante.

pía cosiendo en la promesa
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Todas las vecinas de mi pueblo están enganchadas a este libro

Bastan una heroína, un amor trágico y una vocación para que una novela las atrape, pero en ‘Las herederas de la Singer’ además han podido verse reflejadas. Muchas de ellas también han dedicado su vida al corte y la confección y, por eso, cuando Aurora recibe como regalo de bodas la máquina de coser que le da título a la obra, es imposible no sentirse conectadas con su historia.

El problema llega cuando la guerra civil estalla y la calma aparente de Asturias se resquebraja de golpe. La región, que había sido uno de los bastiones obreros más combativos de la República, quedó marcada desde muy temprano por la represión. En pueblos pequeños como el de Aurora, los hombres jóvenes desaparecían por las noches, las casas eran registradas y los rumores corrían más rápido que las noticias.

Los cuerpos de las mujeres se convirtieron también en territorio de guerra. Para los vencedores, humillarlas era una forma de dominar al pueblo entero, de demostrar quién mandaba ahora. Aurora lo paga con su cuerpo, pero lo venga hasta la muerte: acaba con la vida de su violador y mancha con su sangre la máquina de Singer. Esa es la herencia que recibirá su hija, y después su nieta, hasta que sea su bisnieta quien se proponga desentrañar el misterio que las une.

A lo largo de quinientas páginas, su autora, Ana Lena Rivera, nos invita a recorrer la memoria de varias generaciones de mujeres unidas por una misma herida y una misma labor: la costura. El Diario de Córdoba ha alabado que sea “una historia ambiciosa y coral” y el jurado de los Premios Torrente Ballester que la brindó ganadora, halagan su “lenguaje fresco y contemporáneo, además de una gran habilidad a la hora de construir espacios cotidianos”.

Por todo ello, ‘Las herederas de la Singer’ se convierte en un homenaje a quienes sobrevivieron en silencio, cosiendo su dignidad puntada a puntada mientras la historia las dejaba caer en el olvido. Las cuatro protagonistas que Rivera ha confeccionado para su libro son el ejemplo de que la violencia no solo se hereda en la sangre, sino también en la memoria, y que contarla es la única forma de romper definitivamente ese hilo de miedo.