Un poco antes de las 10:30 de la mañana, las ruedas del Airbus A320 de Alitalia (el tradicional Volo Papale) tocaban la pista de la terminal ejecutiva del Aeropuerto de Madrid-Barajas. Tras quince años de ausencia de un Pontífice en la capital española,- tras la visita de Benedicto XVI el verano de 2011-, la expectación era máxima. En la pista, el viento ondeaba las banderas de España y del Vaticano mientras la Guardia Real formaba con rigurosa marcialidad. Al abrirse la compuerta, apareció la figura del Papa León XIV. Con su tradicional túnica blanca, con una pequeña capa roja sobre sus hombros, símbolo de autoridad y jurisdicción del Pontífice y, mostrando una sonrisa serena, el Sucesor de Pedro descendió lentamente la escalinata, donde ya lo esperaban el Rey Felipe VI y la reina Letizia en pista. Flanqueados por el presidente del Gobierno y las máximas autoridades eclesiásticas del país. Así como la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida.
El encuentro rompió por un momento la rigidez del protocolo institucional para dar paso a gestos de sincera cordialidad. El Rey Felipe VI recibió al Santo Padre con una respetuosa inclinación de cabeza y un cálido apretón de manos, una imagen que inmediatamente ha dado la vuelta al mundo. Por su parte, la Reina Letizia, siguiendo el estricto protocolo de vestimenta para estas ocasiones de Estado hizo uso del 'privilege du blanc' con un vestido de encaje blanco.
El recibimiento en Barajas ha sido solo el prólogo de una intensísima jornada para León XIV en la capital. Desde el aeropuerto, la comitiva se ha trasladado al Palacio Real de Madrid para la ceremonia oficial de bienvenida y la posterior visita de cortesía más íntima con la Familia Real.
Miles de peregrinos abarrotan los alrededores de la Plaza de Colón para ver pasar el papamóvil, en lo que promete ser un fin de semana histórico que continuará mañana con la esperada misa multitudinaria en la Plaza de Cibeles.




















