Hay un instante en la vida de cualquier padre que pasa casi desapercibido. No llega de un día para otro ni viene acompañado de una fecha concreta en el calendario. Simplemente ocurre. Un día descubres que ese niño o esa niña que necesitaba tu mano para cruzar la calle ya toma decisiones por sí misma, hace planes sin ti y empieza a construir una vida propia. Es una transición silenciosa, llena de orgullo, pero también de cierta nostalgia. Y es, probablemente, una de las experiencias emocionales más intensas de la maternidad y la paternidad. Así opina la psicóloga Leticia Martín Enjuto, que advierte a al rey Felipe y a la reina Letizia sobre el cambio que están a punto de vivir como padres: "El verdadero reto para los padres consiste en aceptar que ya no pueden controlar cada paso".
La Princesa y la Infanta ya hacen vidas de adultas, y especialmente Leonor vivirá un gran cambio en septiembre, cuando empiece su etapa universitaria. "Los reyes Felipe VI y Letizia parecen encontrarse precisamente en ese momento vital. La princesa Leonor y la infanta Sofía ya no son aquellas niñas que durante años vimos de la mano de sus padres en actos institucionales. Hoy son dos jóvenes que afrontan nuevas responsabilidades, nuevos retos y etapas que implican, de forma inevitable, una mayor autonomía. Aunque su realidad esté marcada por una enorme exposición pública, desde el punto de vista psicológico están viviendo un proceso muy similar al de miles de jóvenes de su generación: el paso de la adolescencia a la vida adulta".
Según apunta Martín Enjuto, "para unos padres, ver cómo los hijos comienzan a alejarse físicamente nunca resulta sencillo, aunque sea precisamente lo que desean para ellos. Es una paradoja muy habitual en consulta. Durante años trabajamos para que nuestros hijos sean independientes, responsables y capaces de desenvolverse solos. Sin embargo, cuando ese momento finalmente llega, aparecen emociones contradictorias. Se mezclan la satisfacción de comprobar que están preparados con el vacío que deja una casa donde cada vez hay más silencios y menos rutinas compartidas".
"Las ausencias prolongadas, ya sea por motivos académicos, de formación o por nuevas responsabilidades, suponen uno de los cambios emocionales más importantes para cualquier familia. La convivencia se transforma y también lo hace la manera de relacionarse. Las conversaciones diarias dejan paso a llamadas, mensajes o encuentros más espaciados, pero muchas veces también más significativos. La calidad del vínculo empieza a pesar mucho más que la cantidad de tiempo compartido", nos cuenta también la psicóloga.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto, sobre Leonor y Sofía como adultas: "Equivocarse, tomar decisiones y aprender de ellas forma parte del desarrollo"
Otro de los grandes cambios llega con las primeras salidas, los nuevos círculos sociales y las experiencias que ya no están supervisadas de forma constante por los padres: "Sabemos que esta etapa es imprescindible para construir la identidad adulta. Equivocarse, tomar decisiones y aprender de ellas forma parte del desarrollo. El verdadero reto para los padres consiste en aceptar que ya no pueden controlar cada paso, pero sí seguir siendo ese lugar seguro al que los hijos acuden cuando necesitan apoyo, consejo o simplemente sentirse comprendidos", afirma Leticia.
"En el caso de Leonor y Sofía, además, este proceso se desarrolla bajo una circunstancia excepcional: crecer delante de millones de personas. Mientras la mayoría de los jóvenes pueden experimentar esta etapa desde el anonimato, ellas lo hacen sabiendo que cada aparición pública, cada gesto o cada cambio personal será observado y comentado", señala la experta, que añade: "Esa realidad convierte el papel de la familia en un apoyo emocional todavía más importante. Disponer de un entorno donde sentirse aceptadas por quienes son, más allá del papel institucional que representan, es un factor esencial para preservar el equilibrio psicológico".
La nueva situación a la que se enfrentan los reyes Felipe y Letizia en casa: "Muchas parejas vuelven a encontrarse desde un lugar diferente"
Los que también están a punto de 'redescubrirse' con Felipe y Letizia, no solo como padres de dos mujeres adultas, sino también como pareja. "Es frecuente que, cuando los hijos comienzan a volar, los padres redescubran una parte de sí mismos que había quedado en segundo plano durante años. La crianza exige una enorme dedicación y, cuando las necesidades cotidianas disminuyen, muchas parejas vuelven a encontrarse desde un lugar diferente. Aparece más tiempo para compartir, para recuperar proyectos personales o simplemente para asumir que la familia entra en una nueva etapa. No es el final de la maternidad o la paternidad; es una forma distinta de ejercerla", confirma Leticia Martín Enjuto.
"Desde fuera solemos pensar que ser padre significa enseñar, proteger o poner límites. Sin embargo, una de las tareas más difíciles llega precisamente cuando los hijos ya están preparados para caminar solos. Educar también implica aprender a retirarse poco a poco, aceptar que ya no seremos imprescindibles en cada decisión y confiar en que los valores sembrados durante la infancia serán suficientes para acompañarlos cuando nosotros no estemos cerca".
Tal y como señala la psicóloga, "en este sentido, hay algo especialmente bonito en observar cómo evoluciona una familia. Los hijos crecen, cambian y construyen su propio proyecto de vida, pero los vínculos afectivos no desaparecen; simplemente se transforman. Las conversaciones dejan de centrarse en horarios o deberes y empiezan a girar en torno a sueños, preocupaciones, responsabilidades y decisiones importantes. La relación se vuelve más horizontal, más adulta y, en muchos casos, todavía más profunda. Quizá por eso tantas familias se sienten identificadas con esta etapa que viven los Reyes". Además, desvela: "Más allá del protocolo, los actos oficiales o la relevancia institucional, existe una realidad que compartimos todos: llega un momento en el que los hijos dejan de necesitarnos para todo, aunque nunca dejen de necesitarnos para algunas cosas. Y comprender esa diferencia supone uno de los mayores aprendizajes emocionales de la vida adulta", sentencia Leticia.





















