Los reyes de Bélgica enamoran en su visita a Canadá

Matilde y Felipe derrochan simpatía y complicidad durante su estancia en Ottawa, la capital canadiense.

Nos tienen acostumbrados a cumplir con seriedad y de un modo estricto el protocolo. Matilde y Felipe no son de esos monarcas que se ganen a los súbditos por su espontaneidad y cercanía, por eso estos días nos han sorprendido a todos durante su visita oficial Canadá en la que no han dejado de dedicarse muestras de cariño entre ellos, además de cumplir con una sonrisa con las tradiciones canadienses.

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Los monarcas aterrizaban el pasado domingo en el aeropuerto internacional de Ottawa, en la provincia de Ontario. Allí les esperaba una calurosa bienvenida encabezada por Scott Brison, miembro de la Cámara de los Comunes de Canadá, y con una representación de la característica policía montada.

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Desde allí, se dirigieron montados en un calesa hasta Rideau Hall, la residencia oficial de la gobernadora de Canadá, Julie Payette que además es ingeniera y ex astronauta. Para la ocasión, Matilde de Bélgica eligió un favorecedor abrigo de color rojo estilo capa y combinado con guantes y zapatos negros. Además, la reina quiso hacer un guiño a los canadienses utilizando un sombrero rojo muy similar al que lleva la policía montada de Canadá.

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Con este detalle y con su sonrisa, Matilde se ganó enseguida el cariño de los canadienses que se acercaron a recibirla a las afueras de Rideau Hall. La monarca no escatimó en atenciones y dedicó todo el tiempo posible a saludar en persona a los ciudadanos allí reunidos e incluso a charlar con algunos de ellos.

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A pesar de lo elegante de su estilismo, Matilde de Bélgica no dudó en coger la pala para, simbólicamente, plantar un árbol en los jardines de Rideau Hall. Eso sí, para la reina optó por cambiar sus zapatos de tacón por unas botas de piel más cómodas y abrigadas para poder pisar la nieve y la tierra sin problemas.

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Tras este acto, Matilde y Felipe cambiaron sus atuendos por otros más cómodos y calientes para trasladarse al parque Richelieu donde ese encuentra el museo Vanier, un rincón al aire libre donde se muestra cómo es el proceso tradicional para obtener el sirope de arce, el dulce típico de Canadá. Hasta allí llegaron andando abrazados como una pareja de enamorados, un gesto poco habitual en ellos.

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Agarrados por la cintura, los reyes belgas pasearon por el bosque mostrándose más cariñosos y cómplices que nunca. Los monarcas protagonizaron un divertido momento al saludar con una sonrisa a un muñeco de nieve que encontraron en el camino.

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Felipe y Matilde continuaron demostrando su buena relación cuando bromearon entre ellos al probar el famoso sirope de arce que acababan de extraer de la savia de uno de los árboles del bosque. La reina, muy golosa, le dio a probar a su marido el dulce néctar.

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Por la noche, los reyes de Bélgica asistieron a una cena de gala donde fueron recibidos, una vez más, por Julie Payett. La reina Matilde deslumbró a todos con un elegante vestido de escote en V con una original transparencia en el cuello. Una vez más, los monarcas dejaron claro que se sienten muy cómodos y felices en Canadá al llegar agarrados del brazo y muy sonrientes al salón donde se celebraba el banquete.

¿Recuerdas haber visto a los reyes de Bélgica así de cariñosos y cercanos en alguna otra ocasión?

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