Silvia Marsó nos habla de su nueva obra de teatro

La actriz vuelve a la capital con la función “24 horas en la vida de una mujer”, donde interpreta, canta y baila. Además, es la primera vez que asume sola la producción de la función. Todo un reto para ella, que lleva más de treinta años viviendo de lo que le gusta: la interpretación.

Silvia Marsó
Fernando Roi

Cada noche es un viaje, es un ejercicio de sinceridad increíble”, así define Silvia Marsó la experiencia que está viviendo con la función “24 horas en la vida de una mujer”. Ya estuvo en la capital, en el Teatro de La Abadía, pero después de una extensa gira vuelve con Felipe Ansola, Germán Torres y Gonzalo Trujillo, en el Teatro Infanta Isabel.

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Lleva más de treinta años en esta profesión y dice que cada día aprende un poco más, pero que todavía conserva la ilusión con la que la veíamos en “Un, dos, tres”.

Dicen que '24 horas en la vida de una mujer' es un espectáculo único.

Lo dice la gente y para mí también es único, porque me enfrento a un personaje tan difícil y que tiene muchas disciplinas artísticas a la vez.

Todo ocurre en 24 horas.

Sí, pero mi personaje también nos cuenta lo que ha vivido hasta llegar a su edad.

¿Cómo te llega esta obra?

Es una historia bonita. Cuando entré en 'Gran Hotel' mi personaje tenía una historia de amor con Eloy Azorín, que era mucho más joven, y me regaló el libro. Yo ya había leído otros de Stefan Zweig, y me la leí en una tarde. Al cabo de un año me enteré de que la estaban representando en París, en musical, y me entró mucha curiosidad. Me fascinó y decidí producirla.

Además, tú sola.

Sí, porque era una cosa tan distinta a lo que había visto que no podía dejar escapar la oportunidad.

Tu personaje es una aristócrata que enviuda.

Sí, y cae en una profunda depresión porque nunca tomó una decisión, y decide coger las riendas de su vida. Siempre han planificado su vida. Decide viajar para salir de ese pozo y en Montecarlo se encuentra con un joven ludópata que se quiere suicidar porque ha perdido una fortuna.

Igual es un tema muy recurrente, ahora que está de moda otra vez el feminismo.

Sí, pero Stefan Zweig no era feminista, era humanista. Por eso eligió a una mujer con falta de libertad. Quería enfrentar a un ser humano con la situación límite.

¿Te has enfrentado alguna vez a recuperar las riendas de tu vida?

Sí, desde los catorce años. Hubo un momento que tuve que elegir entre ser millonaria o actriz. Cuando se iniciaron las televisiones privadas, me ofrecieron un contrato millonario para ser presentadora. Dije que no, porque yo quería ser actriz y no famosa ni popular. Quería aprender y la única manera era haciendo personajes pequeños, y me fui a Mérida a interpretar un personaje pequeño en “Políxena”. Yo quería ponerle cimientos a mi carrera.

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"A partir de los 45 años las mujeres tenemos menos oportunidades"

Pues sí que has puesto cimientos.

Esa oferta fue en 1991 y no he parado de trabajar, pero en lo que me gusta. No he vuelto a presentar un programa, me he dedicado a mi carrera de actriz y a hacer papeles cada vez más difíciles. Tomé las riendas de mi vida y no me arrepiento porque para mí el dinero no es lo importante.

¿Qué es lo más importante para ti?

Pues una de las cosas es que un espectador, después de ver una función, me diga que le ha hecho pensar.

De todas formas, nunca te has desvinculado de la televisión.

He hecho muchas series, pero a partir de los 45 años las mujeres tenemos menos oportunidades.

¿Por qué pasa eso?

Pues no lo sé, pero es una evidencia en España. Es que parece que en nuestro país no existieran las mujeres maduras. No se escriben papeles para nosotras. ¿Cuántas ancianas hay en las series? La abuela de “Cuéntame”.

¿Cómo ves a la nueva cantera de actores?

Me encantan, creo que ahora hay más oportunidades que cuando yo empezaba. No creo que se busque una cara bonita.

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David, tu hijo, tiene 18 años, ¿eres muy madraza?

Sí, pero ya no soy tan pesada con él. Hice un esfuerzo, porque dicen que a partir de la adolescencia recomiendan dejar más libertad. En mi caso ha funcionado. Mi hijo es muy sensato, coherente, porque le he dejado mucha libertad.

¿Es consciente de quién es su madre?

No, ha vivido siempre con esto.

Eras un mito cuando te conocimos en 'Un, dos, tres', ¿qué queda de esa Silvia?

Hace ya 34 años y me encuentro con mucha gente que se acuerda. Me hace mucha ilusión. Era la primera vez que las azafatas cantábamos y bailábamos. Fue la liberación de las azafatas y la gente empezó a ver espectáculos que no se habían visto en España, como “Cats”.

¿Has rechazado papeles?

Hace años que elijo, porque prefiero estar parada antes de hacer una cosa en la que no creo. Para mí la profesión de actriz es sagrada.

¿Tienes miedo a las críticas?

Las leo todas, y de las malas tomo nota para mejorar. No soy una mujer prepotente y he aprendido de las críticas. También te reconozco que hay algunas veces que me he inquietado. Siempre eres cuestionada y analizada.

¿Ha influenciado mucho tu vida como actriz a tu vida sentimental?

Sí, claro. Al padre de mi hijo, Emilio Marco, le conocí haciendo 'Doña Rosita la soltera'. Todo influye y los actores somos tolerantes y sabemos ponernos en el lugar del otro. Somos personas muy comprensivas, porque estamos acostumbrados a conocer las emociones humanas.

Textos: Daniel I. Carande. Fotos: Fernando Roi. Ayudante de foto: Ainoa Moreno. Estilista: María Álvarez. Agradecimientos: Restaurante Zahara de Osborne. Plaza de Santa Ana, 1. Madrid. Teléfono: 91 522 63 64.
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