Isabel Gemio: "Cuando me enteré de la enfermedad de mi hijo, me quedé bloqueada"

La periodista que empieza una nueva aventura profesional en TVE, “Retratos con alma”, habla de su hijo, de su lucha y cómo lo afronta.

Isabel Gemio con Rosa Villacastín
Víctor Cucart

Isabel Gemio, tras una etapa complicada de su vida, después de perder su trabajo en Onda Cero, donde durante 14 años presentó “Te doy mi palabra”, programa por el que pasaron los personajes más relevantes de la vida social y política de nuestro país, le dieron el Premio Ondas a su trayectoria profesional, lo que demuestra que Dios aprieta pero no ahoga. De todo ello hablamos en el hotel Emperador, de Madrid.

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¿Decepcionada?

Mucho, también triste, sorprendida porque llevaba 14 años haciendo un programa radiofónico en el que hemos tratado temas sociales, políticos, solidarios, sobre la igualdad de la mujer, la cultura, en fin, todo lo que puede interesar a los oyentes y que era muy rentable en términos económicos.

Alguna explicación le darían.

Ninguna, me queda la tranquilidad de haberme entregado al cien por cien, en ese programa he puesto toda la carne en el asador y me siento orgullosa de haberlo hecho.

Muchos pensaron que usted se quería marchar.

No es cierto. La empresa estaba en su derecho de no renovar mi programa, pero me hubiera gustado que después de 24 años en el grupo, me hubieran avisado con tiempo para buscarme la vida, porque ellos saben mi situación personal y familiar y los gastos que yo tengo con la enfermedad de mi hijo. Creo que hubiera sido un detalle por su parte, sólo eso.

A las empresas sólo les preocupan los datos contables.

Yo era rentable, por eso no pudieron darme una sola razón cuando les pregunté por qué. No la había porque no ha habido ni un mal encuentro ni una palabra malsonante, nada. Por eso no lo entendí.

¿Cómo reaccionaron los compañeros?

Bien, para mí como persona y como profesional ha sido duro, pero no más que para otros compañeros. Es una etapa que me dejó bloqueada unos meses porque me preocupó quedarme sin trabajo a la edad que tengo y con la vida familiar que tengo.

Víctor Cucart
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¿Qué enseñanzas ha sacado de esta experiencia?

Que ha ocurrido en el momento que tenía que ocurrir. Lo más importante para mí es que ahora los fines de semana puedo estar con mis hijos, cerca de ellos. Cubierta esa etapa de mi vida, me he puesto a buscar trabajo, y si hay que volver a empezar, volveré a empezar. Tengo la tranquilidad de haber hecho cosas que cuando salí de Alburquerque, mi pueblo, nunca soñé que podría conseguir.

“No soy tan fuerte como algunos creen, tampoco soy débil”

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¿Ambiciosa?

No, es una satisfacción haber llegado hasta aquí viviendo de mi profesión, trabajando con dignidad, haciendo cosas que no me han avergonzado y que no avergüenzan a mis hijos, y de las que mi madre se sentiría orgullosa, eso me parece algo maravilloso.

¿A qué aspira en estos momentos?

Ya no tengo la ansiedad de estar en un programa diario ni bajo el foco, también se me ha quitado el miedo a no tener trabajo, porque estoy en otra etapa personal, emocional, familiar. Y abierta a lo que me ofrezcan.

¿Cuáles son sus prioridades ahora?

Todo pasa por tener las energías suficientes para hacer frente a lo que tengo en mi casa. No olvides que a nivel emocional estoy subiendo el Everest, y es duro, por eso tengo que acumular todas mis energías en sacar adelante a mi hijo.

¿Por qué llevó a Gustavo a la entrega del Ondas, siendo tan reservada como es?

Porque, cuando pasó lo que pasó, mis hijos fueron los que más me apoyaron. Reaccionaron de una forma tan madura que me quitaron ese peso que llevaba encima. Fueron ellos los que quisieron acompañarme a la entrega del Premio Ondas y yo me sentí muy feliz y orgullosa de tenerles a mi lado en un momento tan bonito. El Ondas ha sido un regalo porque hubo unanimidad en el jurado y eso me emocionó mucho. Igual que me emocionaron las palabras que me dedicó Iñaki Gabilondo.

¿Qué hace ahora que no hacía antes?

Me fui a Egipto 8 días maravillosos. Un viaje que tengo que repetir porque me ha ayudado a desconectar. Y, a Dios gracias, en mi casa todo estaba tranquilo, por eso pude hacerlo.

Está escribiendo un libro. ¿De qué va?

Quiero contar lo que ha sido la experiencia de mi hijo, y que parte de los beneficios que obtenga vayan a proyectos de investigación de la Fundación, eso lo primero, porque cuesta mucho conseguir dinero. Es un libro que puede ser muy útil a algunas familias que estén metidas en este barco. También a esas parejas que acaban de decirles que su hijo padece una enfermedad rara, para que no se sientan tan solas como yo me sentí cuando me dijeron que mi hijo Gustavo tenía distrofia muscular, aunque en estos 20 años las cosas han cambiado muchísimo.

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¿En qué sentido?

En todos. Cuando me enfrenté a la enfermedad de mi hijo nadie hablaba de las enfermedades raras, ni los médicos ni los medios, nadie. Yo me quedé bloqueada, no sabía de lo que me estaban hablando, no conocía a nadie que la padeciera. Tampoco se investigaba, era desesperante, tanto para mí como para el colectivo y las asociaciones.

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¿Cuantas veces se preguntó, por qué a mí?

No me pregunté por qué a mí, me pregunté por qué a mi hijo. Es algo que le pasa a tanta gente... Cuando entras en los hospitales ves a tantas familias, a tantos padres y madres viviendo situaciones tremendas, que yo me sentía una privilegiada porque he podido trabajar, salir, contarlo; mi vida no se rompió, aunque cambió. Nada que ver con esas mujeres que han tenido que dejar su profesión para cuidar de sus hijos.

“Mi fuente de energía son mis hijos”

¿Madres coraje?

Lo son, mujeres que no sabes de dónde sacan la fuerza, la energía para enfrentarse a problemas para los que nadie les preparó, ni a mí tampoco. Pero es que no hay otro remedio, yo no soy tan fuerte como algunos piensan, tampoco soy débil, pero fuerte he tenido que serlo porque no te queda otra.

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¿A qué se aferra en los momentos más duros?

A mí me salvó el trabajo y la pareja que tenía entonces, pero sobre todo mis hijos porque ellos son la fuerza generadora. Ellos siempre están ahí, con sus necesidades, sus dificultades y hay que luchar para sacarles adelante. Esa es mi principal fuente de energía, Rosa, no hay otra.

Debe ser muy agotador el día a día.

Es muy duro, y en eso reconozco que cuando mi hijo, en un determinado momento tuvo que someterse a una operación terrible que le mantuvo tres meses en el hospital, si yo en ese tiempo no hubiera tenido trabajo, no sé cómo hubiera reaccionado.

¿Ver a Gustavo convertido en un hombrecito es el premio a tantos desvelos?

Sí, es el mensaje que quiero dar: no hay que pensar en el futuro, hay que vivir el día a día, porque esos pensamientos a mí me robaron mucha felicidad. Pensar dónde no íbamos a llegar me impidió disfrutar como disfruto ahora cuando no hay problemas, cuando no hay hospitales. El futuro ya es lo suficientemente duro cuando se padece una enfermedad degenerativa, por eso yo he decidido vivir el presente.

¿Volver a TVE es un regalo?

Sí, porque no lo esperaba. Estaba tan imbuida en el libro, escribiendo seis o siete horas diarias, que cuando me llamaron de la productora para ofrecerme presentar “Retratos con alma”, me gustó tanto el contenido que dije que “sí” sin pensarlo.

“Esta ola de feminismo no tiene vuelta atrás”

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Un programa que aborda los problemas de las mujeres, latentes, actuales.

Sí, porque en los últimos años daba la impresión de que el feminismo estaba trasnochado, y ahora ha habido una explosión de mujeres y de hombres que se declaran feministas, sin tener que dar explicaciones de por qué lo son. Esto es una novedad, porque de lo que se trata es de reivindicar los derechos de un 52% de la población. Esta ola de feminismo no tiene vuelta atrás.

¿La sociedad va por delante del Ejecutivo y del poder Judicial?

Lo que ha ocurrido con la sentencia de La manada es que ha mandado un mensaje terrible, porque una relación consentida es otra cosa. Cuando una chica de 18 años se convierte en una autómata porque está rodeada de cinco tíos como cinco armarios, sólo puede pedir que pase cuanto antes.

¿Qué ha despertado a tantas mujeres en tan poco tiempo?

La mujer se siente cuestionada, les pedimos que sean heroínas, que se atrevan a denunciar al maltratador, al agresor, pero cuando lo hacen tienen que pasar por un proceso terrorífico y escuchar cosas tremendas en los juzgados. Que ahora se sientan apoyadas es fundamental. Por fin han entendido que si no nos ayudamos, no nos protegemos entre nosotras, quién lo va a hacer. Es el ahora o nunca, y si queremos cambiar las cosas hay que presionar a la sociedad, a los jueces, a los políticos...

¿A sus hijos les ha educado en igualdad?

Por supuesto, y tengo el enorme orgullo de que me digan: pero, mamá, ¿cómo es posible que haya hombres que hagan esas cosas? No lo entienden, tampoco yo. La educación que reciben en casa es tan importante como la que reciben en el colegio. Educar en igualdad es una obligación de todos. Lo decía Emilia Pardo Bazán hace cien años: yo soy una feminista radical porque creo que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre.

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“El sufrimiento inesperado hay que aprender a gestionarlo”

Pero queda mucho por conseguir.

Sobre el papel tenemos los mismos derechos, en la vida cotidiana no se le pide lo mismo a un hombre que a una mujer, eso es machismo. La educación es importante pero los juzgados deben estar especializados en violencia de género. Tenemos que cambiar la sociedad nosotras.

Víctor Cucart
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¿Qué ha sido lo más difícil para usted siendo mujer?

Intentar demostrar que tenía criterio, porque me encontraba con gente que sólo pretendía que estuviera callada. Me rebelaba, y entonces pasas a ser conflictiva.

Sólo desde el poder se cambia la sociedad.

Lo sé, lo sé. Pero las mujeres tenemos más dificultades para ascender en nuestra profesión que los hombres. Nosotras hicimos la revolución saliendo al mercado laboral, pagando un precio excesivo, pero ellos no entraron en casa con el mismo nivel de responsabilidad.

¿Cómo se relaja Isabel Gemio?

Hago mucha meditación, porque cuando me di cuenta de que me superaban muchas cosas, traté de buscar la manera de soportar la presión. Y lo conseguí con la meditación.

¿A qué le da importancia?

Es un tópico, sólo pido salud para tener fuerzas para cuidar de mis hijos, y que la gente que quiero esté bien. Nada más.

Y nada menos.

Sí, porque en el fondo, todos queremos estar bien y no sufrir, pero cuando te viene el sufrimiento sin esperarlo, tienes que aprender a gestionarlo y procurar vivir lo mejor posible, dentro de esa excepcionalidad, y no es fácil, es muy difícil.

¿Se puede ser amiga de los hijos?

No, yo no soy su colega, soy su madre. Aunque en algunas cosas me ven muy moderna, muy comprensiva y están encantados, pero en otras me ven muy pesada.

¿Les protege mucho?

Antes sí, ahora les enseño a que si se caen tienen que aprender a levantarse, y que tengan criterio.

Víctor Cucart
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¿Quién es Isabel Gemio?

Nació en Alburquerque, Badajoz, el 5 de enero de 1961.

Inicios Comenzó a trabajar en Radio Extremadura, años más tarde se traslada a Cataluña y comienza a trabajar en Radio Barcelona, de la cadena SER.

Trayectoria: En 1984 empieza a presentar el concurso infantil “Los sabios”, de TVE. Posteriormente, pasa a Telesur con el programa “Hoy mismo”. Vuelve a la radio, primero a Cadena Rato y más tarde a RNE. En 1989 se hace cargo del concurso “3 x 4” de TVE. En 1993 presenta en Antena 3 “Lo que necesitas es amor”, más tarde “Sorpresa ¡Sorpresa!” y en 2002 conduce “Hay una carta para ti”. En Onda Cero ha presentado “Te doy mi palabra” durante 14 años hasta que, hace poco, la cadena decide no renovarle el contrato.

Ha creado la Fundación que lleva su nombre con el propósito de investigar las enfermedades raras.

Premios: El último, el Ondas a su trayectoria profesional.

Familia: De su matrimonio con el escultor cubano Nilo Manrique tiene dos hijos, Gustavo, que padece distrofia muscular de Duchenne, y Diego.

Víctor Cucart

La foto favorita de Isabel Gemio

“Esta foto, con mis hijos Gustavo y Diego, los tres juntos, me emociona porque era su primera aparición pública, con motivo de la entrega del Premio Ondas a toda mi vida profesional”.

Peluquería y maquillaje: Lorena Morlote. Vestuario: Teria Yabar. Entrevista realizada en la Terraza del Hotel Emperador. Gran Vía, 53. Madrid.
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