Fabiola Martínez: "Estoy como loca por ver cómo me queda el pelo blanco"

La venezolana llegó a España para probar suerte en el mundo de la moda, conoció al cantante jerezano y ya llevan casados 17 años. Sus hijos Kike (11 años) y Carlos (10) son su debilidad, sobre todo, el mayor que padece una lesión cerebral severa y requiere de cuidados especiales. Pese a la dura prueba que le puso la vida, la mujer de Bertín Osborne se considera una mujer afortunada por la familia que tiene. En la entrevista con Rosa Villacastín puedes conocer más a fondo a esta madre coraje.

Tanto para Fabiola Martínez como para Bertín Osborne, lo prioritario es que su hijo Kike tenga la calidad de vida que todo niño se merece. De momento, y gracias a sus desvelos y a sus ganas de ganarle la batalla a la lesión cerebral que padece, lo van consiguiendo, pese a los malos augurios de los médicos que le trataron al nacer, quienes les dijeron que no hablaría, no vería y no andaría. Para ayudar a otras familias con menos medios económicos, la pareja creó una fundación dedicada a orientar y ayudar a los padres de niños con lesión cerebral. Un trabajo que le ocupa tiempo, pero que le da muchas satisfacciones también.

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La mujer de Bertín Osborne, junto a a Rosa Villacastín.
Foto: Guillermo Jiménez

¿Qué tratamientos utiliza para estar tan guapa, Fabiola?

El otro día me dijo Bertín: "Estás muy guapa, parece que estoy con otra". Lo dijo como un piropo. No, no me he hecho nada, solo me he cambiado un poco el color del pelo, porque me han salido muchas canas y, aunque yo hubiera preferido dejármelo blanco, mi peluquero me dijo que habrá tiempo para eso.

Dicen que las canas envejecen.

No me importa, yo estoy loca por ver cómo me queda el pelo blanco, porque no es que tenga unas poquitas de canas, es que tengo muchas, y yo me imagino con la melena larga y blanca.

¿Mejor que pasar por el quirófano es ir a la peluquería?

Exactamente, porque si no te gusta cómo te queda, simplemente lo dejas crecer o te lo cortas; en cambio, si te hacen algo en la cara que no tenga arreglo, el disgusto es tremendo. A mí no me importaría arreglarme un poco los párpados, pero sin que eso suponga que transformen mi expresión.

¿Cree que la cirugía crea adicción?

Puede ser, porque solo así se entiende que algunas personas pasen una y otra vez por el quirófano.

La he visto en bañador y nadie diría que ha pasado de los 40...

Bueno, no es lo mismo tener 20 años que 46 y dos hijos. A los 20, tienes la piel tersa, pasados los 40, no, y no estoy hablando de tener más volumen o menos, me estoy refiriendo a la piel. Yo procuro no ser sedentaria ni pasiva.

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"Hay veces que me estreso, pero como Kike tiene esas ganas de superación, nos contagia el optimismo".
Foto: Guillermo Jimenez

¿Cómo le ha cambiado la vida desde que están en Madrid?

Me ha cambiado, no por el cambio de ciudad, sino porque cuando vivíamos en el campo, en Sevilla, yo solo me ocupaba de Kike. Fueron los cuatro años más difíciles, en los que tuvimos que darlo todo: incluso después de nacer Carlos también tuve que seguir ocupándome de Kike. Cuando ya se estabilizó, es cuando pude retomar mis cosas, que es lo que me da la estabilidad mental y vital que necesito.

¿El trabajo le ayuda a evadirse?

Sobre todo me ha ayudado en el sentido de saber que también tengo posibilidades, porque a mí me ha costado asumir que no gano lo que ganaba, y eso, para alguien como yo que ha trabajado desde los 16 años, es un poco frustrante.

¿La independencia económica es uno de los grandes logros de la mujer?

Sin lugar a dudas. Fíjate cómo será que hubo una época en la que ese tema provocó algunas discusiones con Bertín, porque yo me sentía incómoda cuando le tenía que pedir para mis cosas, lo pasaba mal porque toda mi vida he trabajado y además tenía que ayudar a mis padres. Gracias a Dios, ahora están muy bien.

¿Logró traerlos a España?

Sí, mi madre vino antes de que naciera Kike porque tenía que operarse y, como después pasó lo que pasó, ya se quedó. Debido a eso, mi padre iba y venía, lo hizo durante mucho tiempo, hasta que decidió quedarse también. Para mí tenerles aquí me ha dado y me da mucha tranquilidad, porque además son incondicionales de Bertín.

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¿Cómo está Kike?

Kike, creciendo, tiene ya 11 años, le está cambiando la voz, saliendo bigotillo, yo creo que la medicación que toma para la epilepsia ha propiciado que se desarrolle antes. Este verano es posible que tengan que hacerle una pequeña operación para ayudarle con los músculos de las piernas y los pies: es algo que he intentado retrasar, pero que hay que hacerle porque ya da pasitos en el centro al que va.

"Carlos quiere seguir los pasos de su padre porque canta fenomenal".
Foto: Guillermo Jimenez

¿A quién se parecen sus hijos?

En lo grandote, en las espaldas superanchas, a Bertín. Carlos es una mezcla, tiene el carácter de su padre, incluso quiere seguir sus pasos porque canta fenomenal, pero físicamente se parece a mí. Es un niño que destaca allí donde va, pero no se atreve a hacer nada en público porque le da mucha vergüenza.

¿Sigue protegiendo a su hermano?

Sí, pero Kike también le protege a él: por las mañanas, cuando les llamamos para ir al colegio, a veces Carlos se queda un poquito más en la cama y es Kike quien le dice que se levante.

¿Qué hace Kike en el centro al que va?

De lunes a viernes, va a un centro que está en Guadalajara, aunque ahora la periodista Pilar García de la Granja va a abrir un colegio en la urbanización donde vivimos, en el que impartirán educación especial, con terapeutas y profesionales. Lo que tiene de diferente respecto a otros es que está coordinado por neurólogos que se unen a la parte terapéutica para sacarles más provecho a los niños. El hijo de Pilar lo ha experimentado en Estados Unidos y es una terapia que ahora quiere implantar en España ya que tiene un equipo muy importante que serán los encargados de involucrar a los médicos de aquí en este tipo de terapias.

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Si les llegan a decir que Kike llegaría donde ha llegado, no se lo hubieran creído.

Madre mía y que lo digas. Hay veces que me estreso, pero como Kike tiene esas ganas enormes de superación, nos contagia el optimismo. No es porque sea mi hijo, pero los propios terapeutas que trabajan con él nos lo dicen: "Sabemos que hay ejercicios, masajes que le duelen mucho, pero si le preguntamos, nos dice que no le duele nada, porque quiere avanzar". Si a esto le sumas el cariño que le damos todos nosotros, es lo que le empuja a seguir. Diría que él es el motor y nosotros, el combustible. También puede ocurrir que los niños no luchan porque los padres han tirado la toalla.

¿Por falta de medios?

Es la actitud ante un grave problema, porque a través de la Fundación he conocido a padres y familias con muy pocas posibilidades económicas que han encontrado a alguien que les ayuda. Pero si no tienes esa actitud de lucha, de superación, estás renunciando a proporcionar un futuro a tu hijo.

Fabiola dice que los años en los que dejó todo para centrarse solo en Kike le costó perder independencia económica: "Me sentía incómoda cuando le tenía que pedir a Bertín para mis cosas".
Foto: Guillermo Jimenez

En eso la sociedad también ha cambiado.

¡Gracias a Dios! Hace unos días me enfadé porque me criticaron porque dicen que expongo a mis hijos. A esas personas que piensan así yo les preguntaría: ¿Qué diríais si no les sacara, si les escondiera? Seguro que me criticarían igual.

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¿De dónde saca la fuerza para seguir adelante día tras día?

La fuerza no es constante porque hay días que estoy muy frustrada, muy cabreada, no con mi hijo sino con la situación, porque tengo la sensación de que avanza muy despacito y me da coraje que, dándolo todo, poniendo todos los medios para que avance, haya quien crea que lo que conseguimos es porque tenemos medios. Yo lo único que pido es que mi hijo pueda caminar, sólo eso.

¿Hasta qué punto todos esos tratamientos alternativos le han ayudado?

Partíamos de lo que nos habían dicho los médicos, que no vería, no oiría, iba a ser un vegetal..., y todos los médicos que conocen a Kike nos dicen que es increíble el trabajo que hemos hecho con él, que se nota que detrás hay mucha dedicación. Lo que ocurre, Rosa, es que no hay ninguna medicina que le cure.

Apellidarse Osborne tiene su parte positiva, ¿no es así?

Así es, abre muchas puertas, por eso yo siempre digo que si de algo me tengo que aprovechar en esta vida es precisamente de eso, porque a nosotros nos han atendido bien en muchos sitios, solo por ser la familia de Bertín Osborne. Nosotros no investigamos, desde la Fundación en lo que sí trabajamos es en la terapia y la rehabilitación con niños y niñas con lesión cerebral. Que quede claro que la Fundación la gestionamos nosotros, porque no recibimos ningún tipo de ayuda, lo que hace que nos sintamos muy orgullosos de la labor que desarrollamos.

Lleva casada con Bertín 17 años. ¿Qué balance hace de su relación?

A veces tengo la sensación de que llevamos toda la vida juntos. Hay parejas a las que las dificultades les separan, porque hay padres que no aceptan el problema y es la madre la que se ocupa de todo, no es nuestro caso. En eso sí he tenido suerte porque Bertín está muy implicado con la enfermedad de Kike y con la Fundación.

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"Solo pido que el día de mañana, cuando nosotros no estemos, Kike tenga la misma calidad de vida que ahora"
Foto: Guillermo Jimenez

¿Qué le gustaría hacer que no hace?

Viajar. Antes, cuando Kike era más pequeño, era más fácil, ahora nos apetece más compartir todo con él y con Carlos, pero es difícil porque ya es muy grande. Nadie sabe lo que es una discapacidad hasta que te pasa, incluso cuando es pasajera como la rotura de la pierna y tienes que llevar muletas, te das cuenta de la cantidad de barreras que te impiden hacer cosas normales. Por ejemplo, si viajamos con Kike, él va en una silla, pero al llegar a la puerta del avión se la quitan y cuando llegas a destino hay compañías que no las sacan hasta que las recoges por donde salen las maletas.

¿Qué les pediría a las administraciones públicas?

Que por un día se pongan en el lugar del otro, que se pongan una venda en los ojos para que comprueben lo difícil que es moverse por aeropuertos donde no llaman por megafonía...

¿Y a la Sanidad?

Que no se acomoden, porque la medicina es la carrera más complicada que hay, por eso tienen que renovarse. No se trata sólo de investigar, hay gran parte que es investigación, pero también es importante la actitud que tienen. Y tengo que decir que, en la privada, Kike habría muerto, porque a mí me estaba viendo un ginecólogo privado, me iban a atender en una clínica privada y, cuando se complicaron las cosas, nadie sabía qué hacer. Si no es porque me llevan a la pública, Kike no estaría aquí. Se lo dijeron a Bertín, que les puso contra las cuerdas cuando les preguntó: "¿Qué posibilidades hay de que Fabiola salga bien?" Le contestaron que todas. "¿Y el niño?" "Ninguna". Nos fuimos.

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¿Es creyente?

Hay momentos en que te agarras a la religión. Cuando Kike estaba en la UVI yo no pensaba en terapias, sólo que no se fuera.

¿A la vida qué le pide?

No soy de pedir, yo vivo el día a día y me adapto a las circunstancias, quizá por eso tengo tanta paz interior. Y al mañana le pido que Kike, cuando no estemos nosotros, tenga la misma calidad de vida que tiene ahora. Eso sí me angustia, y como me angustia ponemos medios para adelantarnos a las circunstancias y dejarlo todo organizado: que tenga un tutor que controle y se asegure de que esté bien atendido, o quién va a manejar la parte económica para que nada le falte.

¿Esa responsabilidad no es una pesada carga para Carlos?

No, no, yo no le estoy responsabilizando a mi hijo para nada, porque lo que sí está hablado es que el tutor sea su padrino, y lo demás se desarrollará de forma natural y si Carlos quiere ayudar, lo hará.

¿Kike es consciente del cariño que le dan?

No solo es consciente, es que me lo dice. Cuando le saco de la bañera y le estoy secando, me mira a los ojos y me dice "gracias". Y yo me muero.

¿Quién es Fabiola?

Nació. En Maracaibo, Venezuela, el 28 de diciembre de 1972.

Estudios. Siendo estudiante de Medicina, participó en el certamen de Miss Venezuela representando al estado de Zulia, lo que le sirvió de plataforma para introducirse en el mundo de la moda.

Trayectoria. Un año después de presentarse al certamen, viajó a España, donde se quedó a vivir y en un casting conoció al que hoy es su marido, Bertín Osborne. Se casaron tras cinco años de relación.

Familia. La venezolana y el cantante tienen dos hijos: Kike, que nació a los seis meses de gestación debido a una infección intrauterina, que le provocó muchas complicaciones, resultado de las cuales el pequeño nació con una lesión cerebral severa. En 2008 nació en Sevilla su segundo hijo, Carlos Alberto.

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Fundación. Debido a su experiencia con Kike, Fabiola y Bertín decidieron crear la Fundación Osborne, dedicada a orientar y ayudar a padres de niños con lesiones cerebrales. Fabiola es la vicepresidenta de esta fundación. Además, la venezolana coordina la empresa de alimentación de Bertín.

Mi foto favorita

"Con Kike y Carlos, nuestros hijos, porque juntos sentíamos que podíamos con todo".

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