Pitingo: "La fama es también un mundo de plástico"

A punto de cerrar en Madrid su gira con el espectáculo 'Mestizo y fronterizo', el hombre y el artista se confiesan: “Mi pequeño Manuel es el motor de mi vida”.

Pitingo
Fernando Roi

Se llama Antonio Manuel Álvarez Vélez, pero todos le conocen como Pitingo. Educado y cortés, dejó de estudiar a los 12 años, pero sólo piensa en darle a su hijo Manuel (7) la mejor educación. Quedamos con él en uno de los restaurantes más vanguardistas de Madrid, Ramses, donde nos confiesa que si el flamenco es su vida, su gran pasión es la familia: “Mi mujer, Verónica y mi hijo”.

'Mestizo y fronterizo', ¿por qué ese nombre?

Porque es lo que soy: mestizo porque mi madre es gitana y mi padre, no; y fronterizo, porque nací en Ayamonte, Huelva, frontera de Portugal.

Hay quien dice que eres el artista español más injustamente tratado. ¿Lo crees así?

Mis detractores, los que no escuchan mi música, se pasan la vida criticándome, pero yo ya tengo callo. A estas alturas , ya me da igual.

¿Te sientes más querido fuera?

Para nada, a mí España me lo ha dado todo. Tengo seguidores muy fieles y no me puedo quejar. Pero sí es verdad que tenemos una manera muy curiosa de criticarnos.

¿Cómo fue tu encuentro con el ex presidente Obama?

Hice un dueto con Sam Moore, leyenda viva del soul y amigo personal de Obama. Escuchó la canción y quedó encantado; por eso, cuando vino a España pidió conocerme y que cantara para él. Fue maravilloso, él, su mujer, sus hijas. Protocolo cero, al revés, todo eran abrazos. Mi coro de Gospel le emocionó. Ahora siempre que Obama viene a España nos llama.

Como mestizo, ¿payo o gitano? ¿Hay alguna parte de ti que tire más?

Me hice a mí mismo y paso del rollo de si soy gitano o no. Miro mucho más allá y no reniego de ninguna de las dos partes, porque estoy encantado. No consiento que delante mía un gitano hable mal de una persona no gitana o viceversa.

Tu padre era Guardia Civil.

Sí, ahora está jubilado y mi hermano pequeño es mestizo y también es guardia civil. He vivido en cuarteles y había más gitanos que también pertenecían al Cuerpo. Entonces era atípico, ya no. Gracias a Dios, la vida ha cambiado mucho.

Eres un hombre religioso, ¿qué le pides a Dios?

Más que pedir, le doy gracias por estar bien y permitirme seguir cantando y vivir de lo que me gusta.

Pitingo, Antonio Manuel, ¿cómo es el artista y cómo es el hombre?

Cuando subo al escenario me transformo, soy artista, empresario, jefe y con muchos miedos, pero cuando bajo del escenario soy Antonio, el de siempre. Me aferro a la familia, a los amigos de toda la vida, que me conocieron sin ser nadie para no ser el artista las 24 horas.

“Mucha gente se acerca a ti para ser o por ser”

Lo dices con cierta pena…

Porque hay mucha falsedad. Esto de la música y la fama es un mundo que muchas veces te parece maravilloso, pero también hay mucho de plástico. Mucha gente se acerca a ti para ser o por ser.

¿Fueron duros los comienzos? Tú has dicho que pasabas estrecheces.

Con 19 años, me fui a vivir solo. Soy orgulloso y una cosa tenía clara: no quería pedir nada a nadie. Y así lo hice, cuando lo necesitaba cargaba maletas en el aeropuerto de Barajas o me iba a 'La Soleá', un colmao flamenco en Madrid. Pasaba el plato y lo repartía con el guitarrista. Recuerdo que llegaba a casa con 40.000 pesetas, las tiraba encima de la cama y le decía a Verónica, mi mujer: ¡Mira lo que he ganado esta noche!

Y ella siempre contigo, soportando la vida de un artista en lo bueno y en lo malo.

Llevamos juntos 24 años, desde que tenía 14, y seguimos. Además, trabajamos mano a mano en la oficina, pero lo llevamos bien. Cada dos o tres meses nos hacemos una escapadita en pareja, solos para mantener viva la llama, ya sabes.

¿Lo vuestro fue un flechazo?

Por parte mía. Ella pasó por mi lado, la miré y le dije: “Vas a ser mi mujer”. Entonces me respondió que estaba loco. Yo me ponía a cantar debajo de su casa, con la guitarra. Su madre, ahora suegra, me echaba.

¿Lo que más te gusta de ella?

Es guapa, buena persona y también tiene su carácter (sonríe). En el trabajo yo soy el jefe, pero en casa manda ella.

Seguro que en casa colaboras.

Sí, me encanta cocinar. Si no hubiese sido artista, sería cocinero. ¡Los platos de cuchara se me dan genial!

Y tu hijo, Manuel, ¿te acompaña a los conciertos?

Cuando no tiene colegio sí, porque lo primero es su educación. Pero también le gusta cantar.

¿Y si siguiera tus pasos? ¿Él te ha dicho ya lo que quiere ser?

Por ahora, sueña con ser futbolista. Si me diesen a elegir, no me gustaría que fuese artista, pero como padre, le apoyaría en todas sus decisiones.

¿Lo más romántico que has hecho por tu mujer?

Todos los 17 de enero, que fue cuando nos conocimos, le preparo algo especial. Para mí es más importante que el día en que me casé.

¿Y lo más romántico que ha hecho ella por ti?

Venirse a vivir conmigo y sacrificar muchas cosas. ¡Hasta pasó sola gran parte de su embarazo! Yo estaba de gira, pero la llamaba continuamente. ¡Un mes me llegó una factura de teléfono de 4.000 euros!

¡Qué malos momentos!

Hubo uno peor: cuando a mi hijo le diagnosticaron cáncer. Estuvo un mes en oncología, con los médicos preparándonos para lo que se nos venía encima. Al final, resultó ser una mononucleosis bestial que daba los mismos síntomas que una leucemia. Pero fue el peor mes de mi vida. Ese diagnóstico lo tengo guardado y, cuando tengo un mal momento, lo miro y pienso: “Esto sí que era un problema”. No he llorado más en mi vida. Me quedaba dormido llorando y rezando.

Terminas la gira el 28, 29 y 30 de noviembre en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid. ¿Y después?

Que nadie lo olvide y venga a verme toda la familia. Después, más. Ya estoy preparando cosas.

Texto: Guadalupe G. Lumbrera. Fotos: Fernando Roi. Ayudante de fotografía: Julián Calvo. Estilista: Isabel Dorado. Maquillaje y peluquería: Marta de la Torre, del salón Cómo te Quedas!!!, para Redken. Ayudante: Lucía Moreno. Agradecimientos: Restaurante Ramses. Plaza de la Independencia, 4, 28001 Madrid

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