Máximo Huerta se encuentra de gira por el país para presentar su nueva novela, 'París despertaba tarde', que salió a la venta el pasado 24 de enero. Aunque no está pasando por un buen momento personal, profesionalmente está viviendo una etapa muy dulce. El escritor se trasladó a Buñol, su pueblo natal para cuidar a su madre que tiene un delicado estado de salud. "Está cuidada, a veces soy el hermano, otras el vecino, a veces estamos en otra casa pero a veces hay que darle una ficción a la vida y hacerle la vida fácil" comentó en su última entrevista en 'Espejo público' y también habló de lo difícil que es, en ocasiones, envejecer. "Envejecer es difícil, cuando has sido una persona guapa, luminosa, envejecer es para valientes. La demencia entra en muchas casas y el alzheimer también. Yo lo vivo sin amargura pero con momentos complicados. No me gusta quejarme", aseguró

Aunque no se separa de su progenitora, el escritor continúa trabajando y a través de sus redes publica un sinfín de fotos y anécdotas de su gira. Incluso, el último pecado que ha cometido.

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"Me prometí que en esta gira de firmas no pecaría de gula: pues bien de Kit Kat y gominolas", confesaba Máximo Huerta en tono de humor y junto a un discreto posado en la habitación de un hotel. El periodista buscaba captar su reflejo en un espejo que, por su forma algo psicodélica, no deja ver con claridad la imagen del comunicador.

'París despertaba tarde' el nuevo libro de Máximo Huerta ya está a la venta y se ha colocado en el número 1 de los libros de ficción más vendidos en Amazon.