Esther Cañadas ha regresado por todo lo alto a las pasarelas internacionales, y ELLE ha querido celebrarlo con ella. La modelo, y ahora actriz, ha compartido la felicidad que vive en estos momentos dulces de regreso a su profesión poniendo, como siempre, el acento a los sacrificios que ha tenido que hacer a lo largo de su vida. Unos sacrificios que se han visto recompensados gracias al esfuerzo y perseverancia.

En el mes de abril, ELLE dedicará su entrevista principal a la top model que, aprovechando los 30 años dedicados a la moda, ha querido hacer un balance de cómo ha cambiado la profesión en estas últimas décadas. "Antes había pinceladas de asuntos como la inclusividad, la diversidad de tallas y razas [...], pero ahora cada vez está más generalizado. Y es muy gratificante presenciarlo". Y es que, a pesar de que los estereotipos de edad se mantienen en la industria, en este momento también valora la excepción que representan las modelos con carreras sólidas a las que, como a ella, reclama: "Poder vivir todo otra vez es un regalo".

esther cañadas elle
ELLE

Y es que, la top comenzó su trabajo con 15 años, por lo que sacrificó su infancia y adolescencia para conseguir su objetivo profesional: "Me fui de casa con 15 años, que lo pienso ahora y me parece una locura máxima. Pero también hay mucho bueno en esa decisión. He vivido experiencias únicas". Y las que le quedan pues ahora abre nuevas vías profesionales: la interpretación.

Su papel como madre

Durante su entrevista, Esther Cañadas hace referencia a varios puntos que han sido clave en esta vuelta a la primera línea. El primero de ellos es la presión social que las mujeres sufren al envejecer, a la que ha restado importancia. Y es que ella siempre le ha dado su prioridad a cuidarse, más allá de por razones estéticas, por salud. De hecho, padecer una enfermedad como la vasculitis, que la obligó a parar durante una década, la hizo repensar todo: "Haber sufrido una enfermedad autoinmune hace que me sienta feliz de estar aquí y seguir cumpliendo años".

Después de esta década, Esther se convirtió en madre, un papel en el que tiene muy claro cuál es su objetivo: acompañar a su hija Galia "mientras se convierte en una mujer independiente, sin miedos, segura de sí misma y de lo que quiere".