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En Tailandia hoy es fiesta nacional. Todos los presos del país, incluido Daniel Sancho, que está siendo juzgado por el presunto asesinato de Edwin Arrieta, -que hubiera cumplido 45 años el pasado mes de marzo-, pueden gozar de un privilegio muy especial solo porque se celebra el Año Nuevo Budista. Les está permitido recibir la visita de sus familiares y amigos cara a cara, sin cristales de por medio.
Desgraciadamente para Daniel, nadie ha ido a verlo. Según informa el programa 'Vamos a Ver' la celebración de esta festividad nacional no le va a deparar ninguna alegría especial al chef.
Daniel, a quien se le llamó la atención en los días previos de juicio por realizar demasiadas preguntas improcedentes a los testigos, y que ayer le dijo a su padre en medio del juicio al escuchar el testimonio de dos policías "papá... fíjate como están mintiendo" , pasará el día sin la compañía de ningún amigo ni familiar. Y además, no habrá juicio de nuevo hasta el miércoles.
Una negligencia de Rodolfo Sancho deja a Daniel sin la visita de sus padres
Según han dicho en el programa, todo apunta a que Rodolfo Sancho podría haber cometido un fallo a la hora de pedir el permiso para la visita a prisión. No hizo a tiempo la petición, la hizo tarde y como según comentó María Vicente, la reportera desplazada allí, “Silvia Bronchalo tampoco ha venido a prisión, y entendemos que ha podido ser por la misma razón". Había dos turnos de visitas. Para las presas, las tres horas de visita se iniciaban a las nueve de la mañana y para los presos desde las 13:00 a las 16:00 horas.
Se trata de un día muy especial para todos los internos en la cárcel de Kohn Samui, considerada como una prisión muy "amigable" o "amable", como el propio Rodolfo Sancho declaró en el documental de HBO dedicado al caso de su hijo. Ha habido música que se podía escuchar desde fuera y comida especial para los reclusos.
Una semana muy complicada para Daniel Sancho: un fiscal temible, una traductora que no le convence y una petición denegada
Tailandia tiene unas costumbres muy diferentes a las españolas en cuanto a los procedimientos legales y los sistemas de investigación. Según han informado en 'Vamos a Ver", los testigos que declaran en la corte reciben una compensación de 12 euros. Daniel, siempre según dicho programa, no pasa por sus mejores momentos en el juicio.
Se habría quejado de las labores de la traductora que le ha sido proporcionada por la corte por considerar que no está haciendo bien su trabajo y ha pedido permiso al juez para que sea sustituida por la que ha sido contratada por Rodolfo Sancho.
El joven chef, que ha sido trasladado estos días pasados al juzgado en un furgón con los cristales totalmente tintados, también ha pedido no tener que aparecer engrilletado de pies y manos, lo que le provoca hematomas en las manos y en los tobillos, ya que se mueve mucho cuando pregunta, pero le ha sido denegada la petición.
Además, según ha publicado el diario 'El Mundo', el fiscal que lleva el caso, Jeerawat Sawatdichai es un profesional mordaz y agresivo al que "no se le pasa ni una está muy concentrado en la pena de muerte. Lo tiene claro y va con todo contra Sancho", ha manifestado una fuente judicial. Según declaró la abogada de la familia Arrieta, Beatriz Uriarte, está cumpliendo con su labor de forma tan efectiva, que la defensa no se ve en la necesidad de participar. Juan Gonzalo Ospina y ella regresarán a España pues entienden que el trabajo le corresponde a la fiscalía ahora y a los abogados tailandeses, como marca la ley del país asiático, donde solo los nacionales pueden defender a los acusados en un juicio, independientemente de que trabajen en coordinación con España, Colombia o cualquier otro país.
Para colmo, hoy ha podido ver como todos sus compañeros disfrutaban de una disciplina mucho más relajada y de la compañía de los suyos. No es lo mismo ver a tu padre y a tu madre en la sala de un juzgado, engrilletado, que poder abrazarlos, como antaño podía hacer con su padre, como en la foto que acompaña a estas líneas, en tiempos mucho más felices para Daniel Sancho.












