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Espido Freire, prolífica como pocas, acaba de publicar 'Grandes amores. Veinte parejas inolvidables de la literatura', con ilustraciones de Antonio Lorente. No sólo da gusto leerla, sino también escucharla, algo que he podido comprobar en varias ocasiones antes de este encuentro, el cual ambas sabemos o esperamos que no sea el último, emplazándonos para otro momento. Haciendo un repaso a estos 'Grandes amores…', le pregunto a cuál de ellos se asemeja ella.
Espido Freire habla de relaciones tóxicas: "Lo sufrí y me costó entenderlo hasta los 30 años"
"Gracias a mi suerte no me asemejo a casi ninguno, porque hemos desarrollado una querencia por los amores que acaban muy mal. Ocurre también en el cine, en las series… Son historias que nos encanta leer, pero por nuestro bien espero que no tengamos que vivir nunca" asegura Espido Freire. Y me habla de amores platónicos: "Siendo muy jovencita entré en un mundo de adultos, no había gran correspondencia y parte de mi alimento eran amores platónicos. Lo que no he hecho es idealizar a personas a las que luego haya conocido. Cuando empecé en el mundo de la literatura comprobé que los escritores somos más interesantes por nuestras carencias que por nuestras virtudes", añade. También me habla de las relaciones tóxicas: "Cuando era más jovencita venía de un entorno protegido, muy noble y no me cabía en la cabeza que alguien pudiera manipular a otro. Lo sufrí y me costó entenderlo hasta que tuve 30 años, porque una no aprende de la noche a la mañana".
Muchos escritores siguen siempre una rutina para ponerse a escribir, pero ella me sorprende al decirme que no: "¡Me encantaría decir que sí! pero no. Lo que sí tengo es una metodología bastante cambiante, aunque no tengo ni bolis especiales ni doy siete vueltas antes de sentarme ni invoco a Santa Rita", cuenta. Espido Freire estudió canto y música en la adolescencia y me pregunto si es de las que canta en la ducha: "No, tarareo, pero no me lanzo a cantar, aunque sigo teniendo buen oído. Pero la voz necesita una higiene y unos cuidados que ya dejé, aunque aquello me sirvió para tener un buen aprendizaje escénico que luego he podido aplicar cuando he trabajado como actriz", explica.
Espido Freire: "Uno de mis defectos es la vagancia"
"¿Cuál es tu mayor virtud y tu peor defecto?" le pregunto. "Como soy dada al autoanálisis voy cambiando de virtudes, pero te diría que principalmente la curiosidad por muchas cosas y el deseo de compartir con otros lo que he descubierto. Y el defecto sería el perfeccionismo, que me ha dañado mucho. Aunque los tengo peores, como la vagancia", asegura.
Espido Freire: "De Bibiana me gustaría aprender su indiferencia hacia la opinión ajena"
"Me has recordado cuando hace meses entrevisté a mi querida Bibiana Fernández y se calificaba como la vaga que más trabaja de España" le recuerdo. "Ella es otra autoexigente, pero de Bibiana me encantaría aprender esa cierta indiferencia hacia la opinión ajena, que es una gran lección que da a diario sin ningún alarde. Recuerdo perfectamente la vez que la conocí, en un evento de Dior". Y hablando de Dior, no sé si el hecho de que su madre fuese modista ha influido en su pasión por la moda…. "Bueno, ella lo hizo porque era lo que tenía a su alcance. Ella es muy excepcional. Mi madre una de las tantas mujeres que desaprovechó su talento por la época en la que le tocó vivir, pero si hubiera tenido acceso a estudios superiores habría hecho lo que le diese la gana", afirma. Otro de sus grandes amores son los gatos: "Ahora me queda sólo una gata, Lady Macbeth, que va a cumplir 20. Llegué a tener cuatro, todas adoptadas y fui también casa de acogida. Ella está muy humanizada, es posesiva y apegada y al ir falleciendo las otras ya se ha quedado con mi cama al completo, porque antes se repartían las esquinas. Siempre me han gustado los animales, pero no pude tenerlos hasta que me independicé", revela.
Espido Freire: "Sufrí depresión y un trastorno de la alimentación"
Hace unos años, Espido Freire verbalizó su experiencia con la depresión: "Si puedo hacerle el camino más fácil a quien venga detrás, eso me aligera el dolor. Y yo por desgracia además también sufrí de jovencita un trastorno de la alimentación. No me gusta ser abanderada de nada, pero ahora se está hablando mucho de la salud mental, pero poco de la enfermedad. Se está normalizando el hablar de esto sin buscar soluciones. Se nos llena la boca diciendo que la gente pida ayuda, pero ¿dónde?", reflexiona.
A Espido Freire le llegó el éxito a los 25 años y confiesa lo mejor y lo peor de haberle llegado tan pronto: "El pro es evidente, te ahorras un camino que para mucha gente ha sido muy largo. Me ha permitido una independencia económica y una dedicación profesional desde el primer día. La parte negativa es la excesiva exposición con veintipocos años y una toma de conciencia de cuáles son las sombras del mundo literario". La escritora es una mujer muy segura de sí misma: "Desde pequeñita destacaba mi seguridad y me la intentaban corregir. Puede parecer una virtud, pero si esa seguridad no tiene un autocontrol puede parecer arrogancia, y a veces me han percibido como tal", asevera. ¿Qué queda de la Espido de hace 25 años?, pregunto. "Por ejemplo, la ingenuidad. Y sigo teniendo fe en el ser humano, en la cultura y en el aprendizaje", finaliza.
Su foto favorita
"Es en Bilbao y debía de ser el mes de enero de 1998. Era para la promoción de mi primera novela. Me gusta verme ahí con mi abrigo y mi Guggenheim de fondo, antes de que nada empezara", dice Espide Freire de esta imagen.

















