Nos ha hecho reír en infinidad de ocasiones bajo el nombre de Amador Rivas, pero quien se esconde tras uno de los rostros mas populares de la televisión española es el actor Pablo Chiapella. Con él solo comparte su procedencia, Albacete, pues basta con conocerle unos segundos para comprobar que la personalidad inmadura y exagerada de su personaje en 'La que se avecina' forma parte de un gran trabajo de interpretación. Frases como "Ay mi Cuqui", "Pero no toques, ¿por qué tocas?" o el término "Capitán Salami" son parte de la herencia que nos ha dejado el albaceteño con su interpretación en la popular serie de los hermanos Caballero. Sin embargo, mucho antes de convertirse en la figura que todos conocemos hoy, hubo un niño simpático, risueño y generoso que no se imaginaba hasta dónde llegaría la dimensión de su éxito. Esta historia, la suya, comienza un 1 de diciembre de 1976, el día de su nacimiento.

El curioso mote que recibió de niño Pablo Chiapella

Su apellido es una de las grandes curiosidades del actor que saltan a la vista: “"Mi abuelo se vino de allí en 1911, de Chiapella. Tenía un buen puesto de trabajo en Madrid, vivía en la zona del Retiro, venía de Turín, era muy cultivado: tocaba la guitarra, pintaba, cantaba, esculpía…", contó. Y además viajaba mucho; fue así como conocería el amor en Ayora, un municipio valenciano donde cayó rendido a los encantos de María, una guapísima cordobesa: "La convenció para comprar una pareja de vacas e irse a La Mancha, donde solo se bebía leche de cabra, a montar una vaquería. Se convirtió en el vaquero del pueblo. Era un cachondo, esquiaba cuando había nieve para asombro de los paisanos, montó un coro, dio clases de francés y bebía vino".

Sin embargo, cuando Pablo Chiapella empezó a ir al colegio, dejó de importar cómo se apellidase y empezó a cobrar relevancia su mote. De niño todos lo llamaban "huevos rojos", ya que, como contó en una visita a ‘El Hormiguero’, un amigo que era vecino suyo así lo decidió: "Mi madre enseñó lo típico, que no sé qué manía tienen de enseñar una foto mía de bebé, recién nacido", explicaba a Pablo Motos. "Tenía unos aguacates en esa foto rojísimos y enormes, entonces, claro, el otro lo contó en el cole y empezaron a llamarme “huevos rojos", explicó.

Pablo Chiapella siempre destacó en un talento: la interpretación

Allí, en el colegio, lo que llamaba la atención de él es que siempre estuviese tan distraído. "En el colegio mis hermanos eran muy avanzados y yo el más despistado de todos", contaba en una entrevista para la sección gastronómica de Informativos Telecinco. De hecho, allí tenía una curiosa mascota:"Era un ovillo de lana que yo me ponía aquí y yo lo llevaba al cole y dejaba que mis compañeros lo acariciaran, y para darle más rollo al tema, dije que era un animal prodigioso que me había traído mi padre de Arabia Saudí". Su nombre era Ninfli y hasta le llegaba a poner agua. Incluso los maestros le tenían que pedir que lo guardara, pero la anécdota con el de religión no puede ser más divertida: "Le dije yo "si nosotros nos creemos lo tuyo, tú te tendrás que crear lo mío".

pablo chiapella
Foto: Antena 3
Pablo Chiapella en ’Aquí no hay quien viva’ durante el año 2005

Cuando verdaderamente empezó a destacar Pablo Chiapella fue en la Semana Cultural del colegio, donde hizo sus primeros pinitos y descubrió su vocación: "Cuando hice esta muestra de teatro, me di cuenta de que la profe y todo mi entorno me decían que algo se despertó en ellos más que en mí. Decían: "Pero si lo hace muy bien". Eso no me encendió una llama, pero sí que noté que había un mundo por descubrir". Entre sus compañeros estaba además Ernesto Sevilla (foto inferior), quien más tarde interpretaría su hermano Teodoro en 'La que se avecina' y al que le une una profunda amistad desde entonces.

La amistad inquebrantable de Pablo Chiapella y Ernesto Sevilla que nació siendo niños

"En mi primera impresión, recuerdo pensar que no podía haber una persona más graciosa en el mundo. Siempre ha tenido una personalidad arrolladora. Durante mucho tiempo no podíamos estar juntos porque acabábamos en el suelo de la risa. A nuestros profesores no les hacía tanta gracia. Más tarde tuvimos la suerte de convertir nuestras chorradas en una profesión y seguimos muriéndonos de la risa, pero ya no nos echaban de clase, sino que nos pagaban por ello", contaba emocionado en una entrevista. Sin embargo, cuando era solo un adolescente, no le parecía que la interpretación fuese una posibilidad real y por eso avanzó en sus estudios hasta completar su formación universitaria en Magisterio de Educación Física, como contaba en una entrevista para DIEZ MINUTOS.

la noche d ernesto sevilla y pablo chiapella
RTVE

Estaba a punto de presentarse a las oposiciones cuando todo cambió: "Me matriculé en un academia que todavía existe, se llama Réplica, y ahí me di cuenta de que ese era mi lugar. Eso fue en el 2000 y un año después ya estaba trabajando y desde entonces no he parado", explicaba. Y de pronto, el niño despistado del colegio dio paso a un hombre con vocación: "Esa niebla desapareció y fui consciente de que aquí estaba mi sitio, que quería leer, aprender, estar activo… Se me abrió el mundo y decidí quedarme en Madrid y abandonar todo lo relacionado con el magisterio. Sucedió todo en 3 días: un chispazo, una llamada y…". Pero eso ya es otra historia.