Es uno de los actores más solicitados de su generación y ha construido su carrera a base de aprovechar oportunidades y hacer callo, sí, pero también de tomar decisiones trascendentales que han definido su trayectoria, incluso desde sus inicios. Martiño Rivas hizo sus primeros pinitos en la interpretación en obras del colegio, en Galicia, como él mismo reconoció en su entrevista con Mara Torres en El Faro de La SER: "En el colegio se interpretaba un texto costumbrista irlandés y a mí me cogieron para hacer el gaélico de la Irlanda profunda que iba a Dublín al mundo urbano". Aunque el paso determinante lo dio el día que acompañó a su hermana al casting de la serie de TVG 'Mareas vivas', en el que acabaron cogiéndole, iniciando con tan solo 13 años su trayectoria como actor. "Es la cúspide de mi carrera", explicaba con un cariño especial por aquel proyecto. Desde entonces han pasado 28 años en los que ha dejado su impronta como estrella juvenil en 'SMS: Sin miedo a soñar' o 'El internado', ha explorado una mayor profundidad en sus personajes en 'Sé quién eres' o 'Las chicas del cable' y ha iniciado una fase más madura en su interpretación en 'Fuerza de paz', 'Nacho' o 'Serpientes y escaleras'. Ahora, mientras está inmerso en el rodaje del biopic sobre Rocío Jurado, el actor gallego estrena 'Ella, maldita alma', una serie muy especial en la que contribuye a la adaptación de un texto original de su propio padre, el escritor Manuel Rivas, pero no pierde de vista aquel niño que fue feliz, rodeado de cultura y naturaleza, en su Coruña natal, en la que encuentra varios rincones donde atesora sus mejores recuerdos y sigue generando momentos inolvidables. "Un sitio en el que me gusta estar", asegura sobre su tierra y su refugio.
De Coruña a Vimianzo: los refugios de Martiño Rivas
Convertirse en actor o actriz suele nacer de una pulsión artística que tarde o temprano sale a relucir y, en el caso de Martiño Rivas, parecía tener el caldo de cultivo perfecto. Ser hijo de Isabel, profesora de instituto, y del escritor y guionista Manuel Rivas (autor de las novelas que basan ficciones como 'La lengua de las mariposas' o 'Vivir sin permiso'), generó un ambiente cultural inigualable para él y su hermana, lo que explica que en sus intereses conviviesen de igual modo el Dépor y el saxofón, el mismo instrumento que tocaba su abuelo, o que se aventurase a participar en alguna que otra obra escolar en sus primeros contactos con el teatro. De ella asegura que es "muy activa, tiene una inteligencia emocional increíble", y de él, que es un hombre con "muchísima sensibilidad, compromiso, integridad. Es una persona muy cariñosa".
Probablemente, la influencia familiar también sea el motivo por el que se expresa con cierta poesía sobre su niñez en Galicia, o más bien, sobre las localizaciones que fueron esenciales para él en sus primeros años, más aún al haber cambiado tantas veces de hogar debido a los destinos profesionales de su madre. Y es que, como dejó entrever en su charla con Mara Torres, tiene un profundo anclaje con sus raíces, ya que, parafraseando a Rainer María Rilke en su libro 'Cartas a un joven poeta', aseguraba: "La patria de uno es la infancia".
Con una añoranza evidente, este coruñés es capaz de trazar un mapa de lugares especiales en los que su infancia quedó marcada a fuego en su memoria. Por un lado, la capital de la provincia, "Coruña es la ciudad del viento, yo creo, o así la recuerdo. El ruido de las gaviotas mañana y noche, las astas del faro...". El actor se refería a un retrato que su propio padre hizo de la ciudad: "Hay tres vértices: el cementerio de San Amaro, la cárcel provincial, que ya no está en funcionamiento, y el otro, el que daba motivo al optimismo, el faro, el último punto de la tierra, abría la ventana al más allá, a la emigración".
Otro de los puntos esenciales de su infancia, que explica la importancia que tiene el mar en su vida, es la Playa de la Carnota: "Para mí es la playa de las pozas, de las charcas. Es de los arenales más bonitos en los que haya estado nunca, una playa muy especial. Hay un observatorio de pájaros... Es un paraje natural muy rico, un sitio en el que me gusta estar. No voy mucho, la verdad, pero mis padres me dicen que de pequeño me lo pasaba muy bien y yo les creo". En esa línea bucólica, en la que vivir cerca de la costa marca tanto, reconocía la importancia de esas jornadas en familia con vistas al océano: "El mar es un poco donde se traza la línea del horizonte, donde puedes proyectar tus sueños, elaborar imágenes...".
Pero quizá uno de los espacios más particulares de su infancia sea la pequeña aldea de Urroa, que forma parte de la parroquia de Vimianzo, donde recuerda detalles tan concretos como su hábito noctámbulo desde bien pequeño: "Me costaba irme a dormir. Si eran las 12 y pico, ya era el límite de lo aceptable". Así, era capaz de rememorar escenas muy específicas de aquellas ocasiones en que trasnochaba: "En la casa de Urroa que teníamos en Vimianzo, con el viento silbando, las polas de los árboles pegando en la pared, escuchando la radio. Tendría 12-13 años". La localidad pertenece a la Costa da Morte y aún conserva un castillo medieval visitable.
Con esas descripciones tan bucólicas, Martiño Rivas nos invita a explorar los rincones más especiales de su infancia, pero, como él mismo reconoce, hay algo mucho más esencial que las localizaciones, y es la gente que construye hogar, esa familia que era el núcleo de estabilidad, en la que la parte materna tuvo una importancia trascendental: "Mi madre es la piedra angular de la casa. Son 5 hermanas y un hermano, y todos los recuerdos de mi infancia están ligados a ellos. Hacían núcleo, red de protección, cariño y afecto", algo que, sin duda, sería esencial entre tanta mudanza. Una vez más, recurriendo a esa herencia cultural tan profunda en su familia, citaba uno de los poemas más bellos de su paisana, Rosalía de Castro, 'Miña nai', que honra al "único amor incondicional a lo largo de nuestra vida", su madre. Por eso ahora encaja tanto que, a sus 41 años, regrese a esos lugares en los que fue feliz, y que los comparta su hija Ayo, ya de 7 años, ahora que no parece interesado en tener pareja próximamente.












