Borja Iglesias, el delantero del Celta de Vigo, se ha convertido en uno de los futbolistas más queridos del panorama español. Detrás de la imagen cercana, humilde y carismática que siempre ha transmitido, hay una historia marcada por el esfuerzo familiar y un sueño perseguido desde niño. Aunque actualmente es una figura consolidada dentro del fútbol, Borja reconoce que su historia comenzó de una forma mucho más sencilla y familiar.
Su Galicia del alma
“Cuando era más joven, Santiago se me hacía pequeño. Ahora valoro lo bueno: la comodidad, la cercanía con mi familia y amigos, y estar en Galicia. Estoy disfrutando muchísimo”, explicaba el futbolista a 'El País' en una entrevista que concedía con motivo de su cesión al equipo gallego.
Santiago es una ciudad llena de maravillas que ver y visitar, pero si queremos conocerla con los ojos de Borja Iglesias, el punto de partida del tour debe ubicarse en Conxo, el barrio donde dio sus primeras patadas al balón y donde hoy se refugia del mundo.
Su abuelo, su pilar
La infancia del futbolista estuvo profundamente marcada por su abuelo Argemiro, quien le llevaba a los entrenamientos y quien a le prometió dedicarle su primer gol como profesional. Una promesa que cumplió años después.
Con solo 14 años, tras destacar en la selección gallega, se mudó solo a Velancia para ingresar en sus categorías inferiores.
Fan absoluto de otros futbolistas
En el diario, 'La Voz de Galicia', el futbolista confesó que desde bien pequeño su sueño era conocer a sus ídolos. "Me llevaban a Lavacolla a ver a jugadores. Perseguía su autógrafo por la terminal. Tengo archivados en una carpeta algunos como el de Zidane o Kluivert. Una vez mi madre paró a Thiago Motta y al acabar de firmarle le preguntó quién era para que yo no tuviese que acertar su nombre. "Yo pedía sus autógrafos, impacta que hoy me paren a mí", contó muy agradecido al medio.













