Verónica Sanz lleva 25 años contando historias en televisión, pero ahora ha decidido hacerlo de otra manera: sin cámaras, sin directo y con una novela de 448 páginas en la que disecciona las grietas del privilegio. La periodista de La Sexta debuta en la literatura con 'Gente bien', un thriller social sobre mujeres ricas, ambición, apariencias y secretos en el Madrid más exclusivo. La inspiración, reconoce, llegó también al ver a compañeras como Sonsoles Ónega y Carme Chaparro dar el salto a la ficción. Sanz quería escribir una historia con personajes femeninos complejos, con luces y sombras, y con ese punto ácido que atraviesa una novela pensada para quienes disfrutaron con 'Big Little Lies' y 'Mujeres desesperadas'. "Quería personajes femeninos con profundidad", nos dijo en esta entrevista a Diez Minutos que ahora publicamos al completo.

¿En qué momento te diste cuenta de que tenías una historia y querías plasmarla en un libro?

La pulsión por escribir la tenía ya como lectora de toda la vida, empedernida, muy amante de la novela, del thriller, de las historias. Yo creo que fue hace ya tiempo, cuando Sonsoles Ónega y Carme Chaparro, que yo trabajaba con ellas en Mediaset, sacan sus novelas. Son compañeras mías, me leo sus novelas, me alegro un montón por ellas y digo: "Pues es que a mí me encantaría también. ¿Por qué yo no?".

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Javier Ocaña

Pero todavía no lo creía. Algún otro compañero, que también sacaba novela negra, aunque no salía por la tele, era un redactor compañero, y con él hablaba mucho de literatura, de los libros que nos gustaban, de tramas… Él fue el que empezó a decirme: "Tú quieres escribir". Y yo: "No, no, ¿cómo me voy a poner a escribir yo?". Así llegué a Pablo Álvarez, que ha sido mi agente. Me dijo: "Tú quieres escribir". Y yo: "Sí, lo que pasa es que no sé si puedo". Nos pusimos a hablar, le conté lo que quería escribir, las historias que me gustaban, y me dijo: "Pues ya está, si ya lo tienes claro". Y yo: "Ya, pero no sé cómo se empieza esto".

Él me ofreció su mano: "Tú ponte. Y si tienes algún problema, me llamas, lo vamos viendo". Entonces me puse muy en plan método: hice un mapa, un Excel enorme con los personajes, porque sí tenía claro el tipo de historia que quería contar. Quería personajes femeninos y una trama de poder, ver un poco el precio que a veces se paga por acceder a más.

PLANETA 'Gente bien', de Verónica Sanz

'Gente bien', de Verónica Sanz

PLANETA 'Gente bien', de Verónica Sanz

Crédito: Planeta

Características

Páginas448
EditorialPlaneta
Fecha de publicación27 de mayo de 2026

Dos meses después me puse a escribir. Ha sido un proceso largo, no te engañaré. Pero no tenía la presión de que nadie me hubiera encargado una novela. Lo he llevado con mucha naturalidad. He aprovechado sobre todo los veranos, muy intensamente. Como me toca trabajar en agosto en La Sexta, en julio viajo, pero en agosto trabajo viernes y sábado en el programa, y el resto de la semana no hay eventos, nadie te molesta. Me iba al pueblo, en Burgos, y luego volvía a presentar el programa. La falta de presión me ha venido muy bien. Ha sido una cosa lenta, pero que ha llegado por fin.

¿Has sentido que pueden mirarte diferente por venir de la televisión?

Estoy empezando las entrevistas, empezando esta aventura de promocionar Gente bien, y estoy deseando que la gente se lo empiece a leer. Quiero que hablemos de la novela. Si alguien duda y piensa: "Es que está en la tele", ok, léetela y hablamos.

Entiendo que es lógico que la gente a lo mejor desconfíe un poco. Pero yo lo que digo es: a ver, yo llevo 25 años contando historias. Esta solamente la he hecho un poco más larga. Es una crónica que, en vez de 45 segundos, te vas a tirar 15 horas leyéndola. Primero léetela y luego ya veremos.

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¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de escribir?

Bloqueos no, pero me ha costado muchísimo concentrarme. Me he dado cuenta de que todos los días salir del flujo de información, de trabajo, de la vida, de mi familia, de mis hijas, de todo lo que compone la vida de una mujer como yo, que trabajo en televisión, que presento eventos, que ayudo a gente en oratoria, que tengo dos hijas… Todo eso genera mucho flujo de información. Tienes que salir de todo eso durante unas horas para ponerte a escribir. Y es muy difícil la concentración. Truco no hay. Tienes que sentarte delante del ordenador y, si pasa una hora y media hasta que te concentras, ahí estás. Luego, cuando ya has conseguido entrar en ese flujo continuo de trabajo, aprovecharlo y echar cuatro, cinco o seis horas, las que puedas.

A mí me ayuda cuando mis hijas están en el colegio, los días que, como tengo horario de miércoles a sábado, puedo aprovechar mucho los lunes y martes. Más que el bloqueo, ha sido la concentración, porque tenía bastante claro a dónde quería llegar. Alguna vez he llegado a un punto y he pensado: "Uf, de repente no me parece verosímil cómo quiero dar el salto". He tenido que reformular un poco mi idea, pero para llegar al mismo sitio.

'Gente bien' retrata un Madrid muy concreto, el de la élite y las mujeres que viven dentro de ese mundo. ¿Qué te interesaba contar?

Me ha interesado encontrar las contradicciones, las vulnerabilidades que tiene la propia élite. Desde fuera parece que todo el mundo que tiene dinero tiene una vida perfecta. Y ya sabemos que no es así. Pero lo chulo es diseccionarlo y encontrar dónde están esas brechas por donde se cuelan los problemas y a veces hacen estallar incluso las vidas más perfectas. Eso informativamente es lo que más atención genera: cuando hay un crimen en una familia rica o cuando hay un caso de corrupción que afecta a poderosos. Yo quería centrarme en esos escenarios, pero sobre todo hacerlo desde personajes femeninos, porque es lo que yo puedo ofrecer y lo que tenía ganas de ofrecer en este momento.

Quería personajes femeninos con profundidad. No la mujer de, ni la hija de, ni la hermana de, que también lo son, sino que son todo eso, pero sobre todo tienen profundidad. Tienen sombras, luces, decisiones correctas, incorrectas… Quería todo eso, pero en mujeres. Y la parte del lujo y el privilegio creo que nos atrae a todos. A todos nos gusta la comodidad, la influencia, el poder que te da el dinero. Y si no te gusta la influencia o el poder, seguro que te gusta llevar un coche mejor o tener una casa mejor. Eso es difícil negarlo. Otra cosa es que digas: “Soy coherente con mi vida y estoy contento con lo que tengo”. Ese es el objetivo, pero hay mucha gente que no está satisfecha y siempre quiere más.

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Elena, Irina, Minerva y Betty son mujeres ricas, ambiciosas, frágiles y contradictorias. ¿Querías que el lector las entendiera o que las juzgara?

Preferiría no tener que elegir. Ojalá haya conseguido que el lector o la lectora se identifiquen con algunas parcelas de la vida de estas mujeres, y creo que es inevitable que las juzguen. Porque lo hacemos todos. Primero juzgamos la imagen, luego conocemos, juzgamos lo que nos dicen y, por último, juzgamos los hechos cuando los conocemos. Buscaba que fueran lo más humanas y lo más reales posible. A mí, normalmente, de las historias, lo que más me atrae es la construcción del personaje. Cuando soy lectora, me atrae mucho el personaje. Entonces, como escritora, evidentemente, yo le iba a dar mucho peso a la construcción de esos personajes.

También me pasó que iba diciendo: "Venga, sigo construyendo, pero quiero llegar al núcleo de acción". Y no llegaba, porque todavía estaba con la construcción. Le decía a mi marido: "Es que no llego". Y ya cuando llegué, dije: "Ya, estoy ahí". Pero sí, me atrae mucho el personaje cuando consumo series o novelas.

¿Qué hay más en la novela: sátira, crítica social o entretenimiento?

Yo creo que es ácido en bastantes ocasiones, más que satírico. No se anda con rodeos ni hay ninguna cursilería. Con todo respeto, quiero decir, pero es un poco mi forma de ser también, es como yo hablo y es como yo me relaciono. Creo que en muchas de las conversaciones entre las mujeres he puesto un poco de esa vena ácida que a mí me gusta. Crítica hay porque en el momento en que tú reflejas o retratas algo, lo estás poniendo frente a los ojos de los demás y se convierte en una crítica. Cada uno hace la suya, pero tú estás poniendo sobre papel algo que, a lo mejor, si no, simplemente no se pone de relevancia.

Creo que la crítica social sale en tanto en cuanto se reflejan las desigualdades, cierto racismo, clasismo y también el comportamiento de algunos hombres con las mujeres.

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Como periodista, ¿tus años de profesión te han servido para escribir esta novela?

Cien por cien. Bebe de eso, bebe de la actualidad. Hay algunas historias que desde hace bastantes años me habían atravesado y se habían quedado ahí. Cuando aparece una historia que dices: "Por favor, esta historia me fascina". A lo mejor no es la historia principal, porque estamos a otra cosa, o la historia principal no es la parte que a ti te ha atrapado. A veces un sumario de una investigación destapa secretos que no esperábamos. Eso ha ocurrido muchas veces a lo largo de los años. Hemos descubierto infidelidades a través de sumarios judiciales que estaban investigando otra cosa, pero se filtra toda la conversación que han intervenido, para desgracia del investigado, y nos enteramos de todo.

Aquí hay cosas de las que yo me he enterado por sumarios judiciales. Hay inspiración de personajes que he ido conociendo. Y claro, los he conocido porque llevo unos cuantos años sobre el planeta Tierra y porque además he tenido la suerte de que por mi trabajo he conocido muchos ambientes. Es una crónica ficcionada y más profunda.

También hay una reflexión sobre la presión que sufren las mujeres para ser perfectas. ¿Querías hablar de eso?

Sí, claro. Quería reflejar todo lo que creo que a las mujeres nos impacta, y que lo puedo relatar como mujer y reflejarlo en ellas. La presión estética, por supuesto. Además, son mujeres maduras, que ya tienen 45 o 46 años.

Tú puedes pensar que las chicas jóvenes están muy expuestas a eso, pero es que empezamos de jóvenes y llegamos a la madurez con esa presión que no ha dejado de ejercerse sobre nosotras. Encima, es cuando te miras al espejo y ya tienes los signos de la edad. Cuando tienes que reconciliarte con tu imagen, llevas arrastrando muchos años de presión.

Las protagonistas se encuentran en ese momento en el que el paso del tiempo es innegable y hay que reconciliarse con él. Todos queremos lucir bien, pero la eterna juventud es una quimera. De hecho, quien se obsesiona con ella acaba mal, acaba pareciendo algo que ni siquiera es.

¿Qué te gustaría que sintiera el lector cuando cierre el libro?

Me gustaría haberle generado emociones. Me gustaría que se haya enamorado de mis personajes o de alguno, que se haya sentido identificado, atrapado, indignado o incómodo. Pero, en todo caso, que cierre la página y quiera hablar con alguien.

Que diga: "Ostras, he leído esto y me ha hecho pensar". Como cuando ves una película que te gusta o una serie que te gusta y luego quieres hablar de ella. Necesitas comentarla. Eso es lo que más me gustaría. Que cerrara el libro y dijera:"Quiero hablar de esto. ¿Esto es así? ¿Tú crees que esto puede pasar?". Y yo le diría: "Sí, sí, esto es ficción, pero mi olfato me dice que es bastante así".

La novela tiene un ritmo muy visual. ¿Te imaginas 'Gente bien' convertida en serie?

Lo he pensado ya con el libro escrito. Mi marido me lo decía. Me decía: "Tienes que pensar un personaje para Javier". Y yo: "Hugo Silva". Vale, calma. Pero Hugo Silva le pega mucho. Ojalá interese y hagamos la serie, la película o lo que haga falta. Me encantaría. Supongo que no deja de ser que yo vengo del mundo audiovisual. Es lógico que el ritmo al que cuento la historia tenga un poco de eso, de audiovisual, de televisión.

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Has mencionado a Sonsoles Ónega, Carme Chaparro y Helena Resano. ¿Has hablado con ellas de este proceso?

A Helena la veo bastante porque, lógicamente, es de la cadena, pero esto tiene mucho que ver con los horarios a los que nos maquillamos. En la redacción no coincides tanto porque estamos en reunión o escribiendo, pero el momento de maquillaje es cuando te da para charlar un poco. A Helena la veo todos los días. Me gusta mucho compartir con ella cómo está siendo el proceso, sobre todo de la promoción, porque también es su primera novela. Helena es maravillosa, es una gran compañera y me encanta poder charlar con ella de esos momentos.

Y Sonsoles y yo nos conocemos desde Mediaset. Luego compartimos congreso: ella estaba en Telecinco y yo en Cuatro, pero éramos compañeras. Para mí, Sonsoles ha sido una inspiración, igual que Carme Chaparro, que eran mis compañeras. Carme, más en lo que escribe, porque escribe negro y es un poquito más mi estilo thriller. Pero también, por supuesto, a Sonsoles la he leído y me encanta. Han sido inspiración en tanto en cuanto yo las veía trabajando igual que yo y decía: "Si ellas han sido capaces de poner esto en un papel y hacerlo novela, creo que algún día yo también podría hacerlo".

A Sonsoles todavía no me la he cruzado porque tenemos horarios diferentes, pero tengo muchas ganas de decirle: "Oye, por favor, léeme y dime qué te parece. Y llévame a tu programa también".