Marc Cucurella ha cumplido la promesa que hizo antes del Mundial 2026 de tatuarse el rostro del seleccionador nacional, Luis de la Fuente, si ganaban la Copa. Un gesto muy aplaudido por los seguidores del futbolista, pero que, desde el punto de vista psicológico, encierra un significado mucho más profundo que el de cumplir una simple apuesta. Para la psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio, directora del centro 'Vidas en positivo', mantener la palabra dada no solo refuerza la imagen que proyectamos hacia los demás, sino también la confianza que construimos con nosotros mismos. "Cada pequeña promesa que cumples le enseña a tu cerebro que puede contar contigo", asegura la experta.
Más allá del tatuaje, Ana Asensio considera que lo realmente relevante es el significado psicológico que hay detrás de cumplir un compromiso. "Cuando una persona mantiene su palabra, está enviando un mensaje muy potente, tanto a los demás como a sí misma: 'Soy confiable'", nos comenta la doctora. Además, recuerda que nuestro cerebro busca permanentemente la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Cuando eso no ocurre, aparece la denominada disonancia cognitiva, una incomodidad que desaparece cuando actuamos de acuerdo con nuestros compromisos. "Es una sensación de incomodidad e incoherencia que intentamos resolver. Cumplir una promesa reduce esa tensión y fortalece la sensación de integridad. En el caso de Cucurella, probablemente también habla de gratitud, de sentido del humor y de una personalidad espontánea capaz de sostener aquello que dijo incluso en momentos de mucha emoción", analiza la experta.
El caso de Marc Cucurella: hacer una promesa en momentos de euforia
Cumplir una promesa, como ha hecho el nuevo fichaje del Real Madrid, también aumenta nuestra autoestima, como explica Ana Asensio: "La autoestima no se construye únicamente diciéndonos frases positivas delante del espejo. Se construye cuando acumulamos experiencias que demuestran que somos capaces de confiar en nosotros mismos". La psicóloga explica que muchas personas dejan de creer en sí mismas porque llevan años prometiéndose hacer ejercicio, descansar más o cuidarse mejor sin llegar nunca a cumplir esos compromisos. "Muchas personas sufren porque llevan años prometiéndose que van a cuidarse, descansar más, hacer ejercicio o poner límites y nunca llegan a hacerlo. Poco a poco dejan de creer en sí mismas. Es como si su cerebro aprendiera que sus propias promesas no son importantes. Por eso la confianza más importante no siempre es la que los demás tienen en nosotros. Es la que nosotros somos capaces de tener en nosotros mismos", señala la autora del libro 'El cerebro necesita abrazos'.
El caso de Marc Cucurella también sirve para entender un fenómeno muy frecuente: hacer promesas en momentos de máxima euforia. Según Ana Asensio, cuando experimentamos emociones muy intensas, nuestro cerebro se centra mucho más en el presente que en el futuro. "En esos momentos aumenta la dopamina, que favorece el optimismo y hace que percibamos los retos como más fáciles de lo que realmente serán. Curiosamente, cuanto mayor ha sido la carga emocional del momento, mayor suele ser también el valor simbólico de la promesa. No es solo una frase. Se convierte en una especie de contrato emocional que nos recuerda quién queríamos ser en ese instante tan importante de nuestra vida", expone la psicóloga.
Asensio indica la importancia de separar dos conceptos que con frecuencia confundimos. "Un deseo nace de la ilusión, mientras que una promesa implica compromiso", destaca la experta. "Todos queremos muchas cosas, pero no todos estamos dispuestos a pagar el precio que requieren o a asumir los compromisos que conllevan. Decir 'el lunes empiezo la dieta' puede ser simplemente una expresión de lo que me gustaría conseguir. Una verdadera promesa supone haber asumido también el esfuerzo, las renuncias y los obstáculos que probablemente aparecerán", apunta la doctora en Neurociencia.
La psicóloga recomienda este sencillo ejercicio antes de hacer una promesa
La psicóloga recuerda que la confianza no suele romperse por un único acontecimiento. Se deteriora poco a poco a través de pequeñas promesas incumplidas. "Cuando un niño escucha una y otra vez 'este fin de semana iremos al parque' o 'esta noche jugaré contigo' y eso nunca ocurre, deja de confiar poco a poco en esa palabra. Con los adultos sucede exactamente igual, ya que la confianza se construye con pequeñas evidencias cotidianas de que el otro hace lo que dice", argumenta.
Ana Asensio propone un ejercicio sencillo antes de hacer una promesa: "Conviene hacerse tres preguntas muy sencillas: ¿realmente quiero hacerlo?, ¿depende de mí?, ¿estaré dispuesto a cumplirlo incluso cuando no tenga ganas?". También aconseja empezar por "pequeñas promesas que podamos cumplir porque la confianza en uno mismo se entrena igual que un músculo y cada pequeña promesa que cumples —levantarte cuando dijiste que lo harías, llamar a esa persona, terminar esa tarea pendiente— va enseñándole a tu cerebro que puede contar contigo y va mostrando a los demás que también". Y eso es lo que ha conseguido Marc Cucurella con su gesto.















