Sara Carbonero está viviendo uno de sus veranos más complicados. Tras perder a su madre, Goyi Arévalo, y pasar por un nuevo bache de salud a inicios de año, la periodista ha aprovechado este verano para desconectar en varios sitios, actualmente en Cádiz, pasando unos días de relajación en los que ha querido reconectar con el presente. Una sensación que ha aprovechado para compartir con sus seguidores en un profundo comunicado.
Acompañada de una fotografía bajo "los primeros rayos de sol de la mañana (con protección siempre), sin peinarme y con sal aún en el pelo". Una imagen con la que mantiene la naturalidad que caracteriza su comunicación en redes sociales, compartiendo con toda sinceridad cómo se encuentra en este momento en un amplio texto.
"Voy a tomar un café con mi amiga la melancolía, que no me suelta, porque julio se nos ha ido en un suspiro, no ha durado nada… Mira que estamos prevenidos pero todos los veranos ocurre lo mismo. No nos entra en la sesera y no sé qué más tiene que pasar para saber que esto vuela…", ha explicado Sara a sus seguidores, confesando que se encuentra "haciendo un tetrix en mi cabeza y retrasando lo máximo posible el cambio de maletas de todos".
Una reflexión en la que ha mandado un mensaje muy importante con su característico estilo literario: "Tengamos la cabeza en el presente para que los días pasen lentos y disfrutemos pues de lo que queda hasta volver a la rutina. Sigamos llenando la mochila de recuerdos mágicos, sencillos y eternos. Pequeñitos. Mochilas, maletas… Ya voy, ya voy".
Un nuevo viaje, una nueva reflexión
Precisamente, prepararse para un nuevo viaje es lo que ha hecho que Sara Carbonero reflexione acerca de su situación. En un momento de espera antes de coger la carretera para emprender un camino de varios kilómetros, algo que lleva "muy bien porque me encanta conducir". "Tengo ganas de escaparme...", reflexiona.
Aunque esta reflexión ha llegado acompañada de dos lecturas ya que ha aprovechado el mes de julio para leer. Así, ha recomendado los títulos “La vida al final”, de Bernhard Schlink, y “El jardinero y la muerte”, de Gueorgui Gospodinov. "Sí, la temática de mis últimas lecturas va por ahí. No sé si soy yo la que busca este tipo de libros o es que vienen a mí, pero de todos saco aprendizajes e historias tan duras como tiernas", ha explicado.














