Tras meses de especulaciones en internet que presagiaban una multitudinaria fiesta al estilo de las grandes estrellas de la música o el deporte, Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez decidieron hacer todo lo contrario para su 'sí, quiero'. La pareja celebró su matrimonio en la intimidad de su nueva casa de verano en Cascais (Portugal), en una fecha con un profundo significado personal: el 11 de agosto. El décimo aniversario del día en que sus caminos se cruzaron por primera vez en Madrid en una tienda de Gucci. Al día siguiente del enlace, Georgina confirmaba a 'Vogue', con emoción, que la jornada había cumplido con todas sus expectativas: "Fue exactamente como lo había imaginado: íntima, llena de amor, y con nuestra familia en el papel protagonista más importante. No pude contener las lágrimas". Lo celebraron además en su nueva residencia, un lugar tambuñen mágico para ellos. La vivienda tardó exactamente siete años en construirse y fue recibida en el séptimo mes del año, dos guiños al dorsal y número de la suerte del futbolista.

"Cuando era una niña pequeña soñaba con el castillo más grande, el carruaje más grande, el vestido más largo, una corona llena de diamantes. Y ahora digo: no. Quiero algo íntimo, con mi pareja y nuestros hijos, en casa. Porque castillos, casas, islas, caballos, coches: todo eso lo tenemos a nuestro alcance cada día. Pero algo íntimo... eso es más inusual para nosotros", señala Georgina sobre la inesperada manera en la que celebraron su boda a ojos del mundo.

Esa búsqueda de cotidianidad llevó a la pareja a situar el epicentro de la boda en el propio comedor de su residencia de Cascais. "Hemos elegido hacerlo en el salón de nuestra casa de aquí, donde desayunamos, comemos y cenamos, y donde vivimos la realidad de nuestras vidas", explicaba Georgina sobre la elección del espacio. "Dentro de 30 años quiero que los niños piensen: Algo maravilloso ocurrió en esta mesa, los votos matrimoniales de nuestros padres". Un toque de romanticismo al que Cristiano no dudó en apostillar entre risas: "Probablemente no será la misma mesa. Puede que cambiemos la decoración".

"Un día especial vivido de una forma normal"

Para el futbolista portugués, la decisión de mantener la boda en un entorno estrictamente familiar permitía conciliar su dimensión pública con la tranquilidad de su vida privada. "Suelo evitar los lugares donde hay multitudes", reconocía al explicar por qué prefirieron una celebración a puerta cerrada, asegurando además que afrontaba la jornada con la perspectiva de que fuera "un día especial, vivido de una forma normal".

Respecto al papel central que ocuparon sus hijos en la ceremonia, Georgina fue categórica sobre las prioridades del matrimonio: "Los niños saben que nuestro tiempo les pertenece. Para nosotros es importante mostrarles el valor de no tener nada y de tenerlo todo. En la boda, los niños serán los protagonistas, como lo son todos los días", señalaba cinco días antes de su enlace a la editora Gaby Wood.

La bendición ante Dios en Fátima

Tras el intercambio de votos en el hogar, la familia se trasladó al Santuario de Nuestra Señora de Fátima para recibir una bendición privada. Durante la visita, la pareja celebró una misa en la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, una experiencia que dejó una profunda huella en Georgina: "Sentí una paz y una energía muy difíciles de describir. No necesitaba nada más: mi marido, mis hijos, nuestro hogar, nuestra fe y nuestro amor".

Sin tiempo para una luna de miel por el inicio de la temporada futbolística de Cristiano en Arabia Saudí, el delantero resta importancia a la apretada agenda con una sonrisa: "Cada día es una luna de miel".