"Dicen que son más libres porque tienen las redes. Mentira: son esclavos de las redes y de los contratos". Joan Manuel Serrat ha dejado una de sus reflexiones más contundentes sobre los artistas jóvenes y la falsa sensación de libertad que, a su juicio, puede esconder la exposición permanente en internet. El cantautor lo dijo durante una charla en el Ateneu de Maó donde conversó durante hora y media con el pianista menorquín Kiev Portella ante un salón lleno de amigos y admiradores.

El encuentro, celebrado en Menorca, tuvo un tono íntimo, distendido y muy personal. Serrat, que reside por temporadas en la isla desde hace más de cuatro décadas, repasó su relación con Maó, su historia familiar, su mirada sobre la vejez, la ecología, el paso del tiempo y el oficio de artista, que también puedes aprender en 4 obras imprescindibles para conocer su historia personal y entender su música. La frase sobre las redes llegó cuando el público le preguntó por las diferencias entre ser artista en los años 60 y serlo ahora."Agradezco mucho el tiempo que me tocó vivir, un tiempo en el que se ganaba bienestar, derechos y libertad". El autor de 'Mediterráneo' contrapone el mundo en el que él empezó a cantar con el actual, mucho más rápido, más expuesto y más condicionado por la imagen pública.

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Gisela Jané//Getty Images

Joan Manuel Serrat compara su generación con los artistas de ahora

Serrat no niega que las redes sociales permitan a los artistas comunicarse directamente con su público. Lo que cuestiona es que esa comunicación equivalga siempre a libertad. Para él, la posibilidad de publicar, opinar o promocionarse sin intermediarios convive con nuevas formas de dependencia: la obligación de estar presente, de alimentar una imagen, de responder a las expectativas y de moverse dentro de contratos que también condicionan la carrera de un artista. "Dicen que hoy los artistas son más libres porque tienen las redes para comunicarse. Mentira: son esclavos de las redes y de los contratos", afirmó en el Ateneu de Maó. En pocas palabras, Serrat asume que nunca ha habido tantas herramientas para hablar con el público y, al mismo tiempo, nunca ha sido tan difícil escapar de la presión de mostrarse continuamente.

Según la crónica de Medio Glocal, el ambiente fue "familiar, distendido y profundamente afectuoso", con el salón de actos lleno para escuchar al cantautor y a Kiev Portella. La conversación comenzó incluso con un problema técnico de micrófonos que Serrat resolvió con humor, bromeando sobre la falta de ensayo previo antes de retomar el hilo con naturalidad. Ese tono cercano permitió que el artista alternara anécdotas divertidas con reflexiones más profundas. Habló de sus caídas en el escenario, de los trucos para salir del paso cuando falla la memoria en un concierto o de su relación con Menorca y de la importancia de seguir viviendo con curiosidad. También recordó a su padre, al que definió como "un hombre golpeado por la historia".

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Medios y Media//Getty Images

Joan Manuel Serrat y la libertad real detrás del oficio de cantar

Serrat pertenece a una generación de artistas que vivió la canción como una forma de expresión cultural, política y sentimental en un tiempo de cambios profundos y se considera un hijo de la guerra. Por eso, al comparar aquella época con la actual, pone el foco en la libertad real, no solo en la capacidad de emitir mensajes. La reflexión de Serrat toca un punto especialmente sensible para las nuevas generaciones. Muchos artistas jóvenes ya no dependen solo de cantar, escribir, actuar o componer. También tienen que crear contenido, cuidar su imagen, alimentar sus redes, sostener una comunidad, negociar con marcas, cumplir compromisos promocionales y convivir con una conversación pública que no se detiene nunca. Ese escenario puede confundirse fácilmente con libertad. Hay más plataformas, más escaparates y más posibilidades de llegar al público sin pasar por los filtros tradicionales. Pero Serrat alerta de la otra cara: la libertad formal no siempre se traduce en independencia real. Tener redes puede abrir puertas, pero también puede imponer una rutina de exposición permanente.

El cantautor dejó Maó entre aplausos y con el público en pie, después de una charla que, según la crónica, no fue una conferencia más, sino "un encuentro entre amigos" en el que compartió parte de su álbum familiar y de su forma de mirar el mundo.