Este pasado lunes 31 de agosto, el actor Francesc Garrido falleció a los 56 años. El fallecimiento del actor barcelonés ha conmocionado el cine español. Las redes sociales continúan volcadas en despedir al intérprete, mientras que excompañeros de rodaje expresan sus condolencias por la muerte repentina del artista, quien habría fallecido por un paro cardiaco, según fuentes del sector del cine. “Qué tristeza. Qué buen actor y qué buen compañero”, expresó el actor Victor Clavijo a través de su cuenta de X, quien compartió rodaje con Garrido en la película 'Alguien que cuide de mí', dirigida por Daniela Féjerman. Instituciones como el Institut del Teatre, el Museu de les Arts Escèniques o los Premis Gaudí, compartieron su pésame por la muerte del artista.
Si bien es cierto que durante las primeras horas tras la noticia se dijo que el actor había sufrido un problema en el corazón, no ha sido hasta un día después que la agencia EFE ha confirmado por fuentes relacionadas con el mundo del cine que Francesc sufrió un infarto, una complicación grave de la que no pudo recuperarse y por la que los servicios de emergencia no pudieron hacer nada.
Francesc Garrido nació en Barcelona en 1969 y creció en una familia sin tradición artística. Su padre era madrileño, del barrio de Lavapiés, y había llegado a Barcelona con 19 años para estudiar Marina Mercante. Allí no solo encontró una ciudad de la que terminaría enamorado, sino también a la que sería la madre del actor, una enfermera de la Barceloneta. Una infancia sobre la que habló en la entrevista concedida a 'Lo Pedrís', describiendo a su padre como un hombre culto, viajado, aficionado al cine y a la lectura, que hablaba varios idiomas y había navegado durante años.
El actor de 'Mar adentro' y 'Te doy mis ojos' perdió a su padre cuando tenía 12 años, víctima de un accidente de tráfico. A pesar de aquella ausencia tan temprana, su figura fue determinante en su decisión de dedicarse a la interpretación, ya que fue quien le inculcó su pasión por el arte y, especialmente, por el cine. Cada domingo, como buen cinéfilo, le llevaba a las sesiones dobles que se proyectaban en la parroquia del barrio. "Creo que su ausencia me vinculó aún más a la voluntad de ser actor. Cuando murió, el cine se convirtió en mi iglesia. Allí conectaba emocionalmente con él. Iba a ver películas y sentía que él me acompañaba", contó en una entrevista concedida a RAC 1.













