Carlos Hipólito: "Mi familia entiende mi tipo de vida e incluso la admira"

Hay actores que cautivan por su físico, otros por su fama, o por su forma de encarar los personajes que interpretan. Carlos Hipólito lo consigue por su naturalidad, por su capacidad para contar historias que llegan al corazón del público, y también, cómo no, por implicarse en las alegrías y las penas de una profesión que está viviendo los rigores de una crisis como no se recuerda otra. Pero afronta con optimismo su nueva apuesta teatral; “Sonrisas y lágrimas”, un musical que está, según sus propias palabras, en el ADN de varias generaciones.

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Hay actores que cautivan por su físico, otros por su fama, o por su forma de encarar los personajes que interpretan. Carlos Hipólito lo consigue por su naturalidad, por su capacidad para contar historias que llegan al corazón del público, y también, cómo no, por implicarse en las alegrías y las penas de una profesión que está viviendo los rigores de una crisis como no se recuerda otra. Pero afronta con optimismo su nueva apuesta teatral; “Sonrisas y lágrimas”, un musical que está, según sus propias palabras, en el ADN de varias generaciones.

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La entrevista

-Carlos, imagino que habrá días en los que se pellizque para comprobar que está despierto.
-¿Lo dices por la suerte de poder interpretar al capitán Von Trapp?

-Y porque “Sonrisas y lágrimas” es un caramelo en tiempo de crisis.
-Es una historia que me ha atrapado, un sueño hecho realidad. A mí me gusta el riesgo porque creo que los actores tenemos que reinventarnos permanentemente, investigar los vericuetos posibles de un oficio que me apasiona. He tenido la suerte y el privilegio de que me han ido ofreciendo papeles muy bonitos, personajes estupendos que me han enseñado mucho; trabajando es donde más se aprende.

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''En la vida hay que vivir historias interesantes''

-¿Más que en las escuelas de interpretación?
-La práctica es lo que te permite enfrentarte a los problemas reales, a un público diferente cada día. Yo me he pasado media vida en los escenarios, incluso cuando no trabajaba miraba cómo actuaban mis compañeros.

-¿El oficio lo da la experiencia diaria?
-En parte sí. Yo estudié tres años en la escuela de William Layton, con profesores eminentes como José Carlos Plaza y Miguel Narros, que a su vez eran directores de teatro, y me enseñaron mucho, pero ha sido en el día a día en el escenario y delante de una cámara donde más he aprendido. En la vida pasa igual, no basta sólo con contar historias interesantes, hay que vivirlas.

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''Los artistas volvemos al teatro siempre''

-¿Ocurre como en el fútbol, que el entrenador es fundamental?
-Hubo una época en la que, si los actores estaban bien, decían: "Qué bien dirigidos están". Y si los actores estaban mal, decían: "Qué malos actores son". Ni una cosa ni la otra. El director marca el estilo, el resto corre de nuestra cuenta.

-¿Siempre es así?
-Depende del estilo o el tono que quieran dar al espectáculo. Cuando vemos actores exagerados, es posible que sea el director quien les pide que exageren su gestualidad. En televisión, en cambio, tú grabas una escena que luego es manipulada por mil manos que montan, cortan, ponen o quitan, algo que no ocurre en el teatro.

-¿Es la razón por la que tantos buenos actores y actrices lo prefieran?
-Los artistas volvemos al teatro siempre, porque creo que hay ese sentimiento de que en el teatro el rey eres tú, en el cine, lo es el director, y en televisión, en general, son los que mandan.

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''Se aprende a distinguir la energía que te manda el público''

-¿Es difícil gustar a públicos tan diferentes como el catalán o el andaluz?
-No me gustan los tópicos, pero es verdad que en el Sur de España el público suele ser más efusivo. Y en Cataluña, más prudente, pero lo importante es que se cree una energía colectiva especial entre los actores y quienes están viendo la obra, ya que al fin y al cabo son vasos comunicantes.

-La Maestranza es famosa por sus silencios.
-En el teatro hay dos tipos de silencio: el silencio sepulcral es cuando están metidos en lo que ocurre en el escenario; y el silencio cómplice, cuando las risas van parejas a la complicidad de la escena. Es muy curioso cómo se aprende a distinguir la energía que te manda el público.

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En el escenario horas después de la muerte de su madre

-¿Independientemente de que sea drama, comedia o musical?
-En una comedia, la risa es una respuesta sonora; en un drama, la respuesta suele ser silenciosa. Hasta el aplauso final no sabes si hay emoción o no. Hay momentos delicados que son cuando el personaje se rompe y de pronto se oye un sollozo entre el público. Ahí es cuando te sientes el rey del mambo.

-Pepe Sancho me contó que trabajó sabiendo que su madre estaba muriéndose.
-Eso me pasó con la mía, y creo que no superaré nunca su falta. Estaba haciendo 'El misántropo', con Adolfo Marsillach, mi madre murió por la mañana y yo tenía función por la tarde. Adolfo me dijo que, si quería, se suspendía, y yo le dije que se lo agradecía pero que esto no se me pasaría mañana, ni pasado.

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¿Qué opina su familia de su trabajo?

-Qué duro, ¿no?
-Durísimo. Siete años después murió mi padre y me ocurrió lo mismo. No es un acto heroico; este oficio es así. El público paga igual el día que estás contento que el que no lo estás, y a mí me educaron para que nunca diga lo mucho que me cuesta hacer las cosas.

-¿Hay alguna asignatura que enseñe a dominar las propias emociones?
-No, pero el teatro es un arte que tiene una disciplina muy férrea. A todos  en la vida nos pasan cosas, pero aprendes a controlar tu estado de ánimo personal en beneficio del estado de ánimo  que tiene el personaje.

-¿Su familia entiende este tipo de vida?
-Lo entienden e incluso lo admiran. Yo he trabajado con 40 de fiebre y en circunstancias que en cualquier otra profesión te habrías ido a casa. Aquí te haces un esguince y actúas escayolado, porque es tal lío suspender una representación…

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Adiós a mitos de nuestra interpretación

 -En pocos meses se han ido grandes artistas como Sancho Gracia, Carlos Larrañaga…
-Actores que han sido un referente para mí, amigos, profesionales extraordinarios como Aurora Bautista, Paco Valladares... Compañeros que he querido mucho. Los vamos a echar mucho de menos. Pero aunque desaparezca una generación de actores, su manera de actuar nunca desaparece.

-Se habla mucho de la generación 'nini', ni estudia ni trabaja.
-Hoy los artistas están muy preparados, aprenden a cantar, a actuar, a bailar. Actores y actrices jóvenes que son una maravilla, aunque el panorama es tremendo. El cine casi ha desaparecido, la televisión vive con la tiranía de las audiencias y el teatro se está extinguiendo porque los ayuntamientos están endeudados.

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Un actor de éxito

-A usted no le va mal.
-Pero eso no me hace olvidar que tengo montañas de compañeros que están en dificultad, gente con talento. Este oficio está lleno de pequeñas y medianas empresas que están yéndose al garete, porque no hay dinero para mantenerse. Ojalá que el teatro sea un enfermo terminal con una salud de hierro que nos permita salir adelante.

-Tiene una hija, ¿ha notado la crisis en la enseñanza?
-Sí, pues, aunque va a un colegio concertado, para no bajar la calidad de la enseñanza ni el número de profesores nos han subido las cuotas. No tanto como en la pública pero sí se nota, igual que se nota en la Sanidad.

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La foto favorita de Carlos Hipolito

"Tenía 22 años. Es mi primera foto de “actor”, la primera que mandé a una productora para intentar que me dieran el papel... ¡Cómo pasa el tiempo! Pero por suerte mi trabajo me sigue ilusionando igual que entonces", nos explica el actor.

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Ficha y firma de Carlos Hipólito

Nació: En Madrid en 1956. Empezó a gustarle el teatro gracias a su madre, muy aficionada, cuya mayor satisfacción era llevarlo a ver las funciones del Teatro María Guerrero. 

Familia: Está casado con la también actriz Mapi Sagaseta. Tienen una hija llamada Elisa.

Trayectoria: Pasados los 20 años, se subió por primera vez a un escenario y desde entonces no ha parado. Cabe destacar tres obras en su carrera: 'Arte', de Yasmina Reza; 'El método Grönholm', de Jordi Galcerán, y 'Todos eran mis hijos', de Arthur Miller. Ha intervenido en numerosas películas y series de televisión, como la miniserie sobre la duquesa de Alba.

Actualmente: Interpreta al capitán Von Trapp en el musical 'Sonrisas y lágrimas', en el Teatro Coliseum de Madrid.

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