María Luisa Merlo: "Carlos Larrañaga fue todo para mí: amigo, padre de mis hijos..."

Para María Luisa Merlo, el antiguo Teatro Alcázar de Madrid (hoy Teatro Cofidis), le trae recuerdos muy gratos porque en ese escenario trabajó con su entonces marido, Carlos Larrañaga. El hombre que marcó su vida y con el que tuvo cuatro hijos (Amparo, Luis, Pedro y Juan Carlos –este último, de una relación anterior de él, pero ella lo considera un hijo más). Actriz de renombre, pertenece a una de las sagas de más prestigio de la escena española. Charla con nuestra colaboradora, Rosa Villacastín.

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Para María Luisa Merlo, el antiguo Teatro Alcázar de Madrid (hoy Teatro Cofidis), le trae recuerdos muy gratos porque en ese escenario trabajó con su entonces marido, Carlos Larrañaga. El hombre que marcó su vida y con el que tuvo cuatro hijos (Amparo, Luis, Pedro y Juan Carlos –este último, de una relación anterior de él, pero ella lo considera un hijo más). Actriz de renombre, pertenece a una de las sagas de más prestigio de la escena española. Charla con nuestra colaboradora, Rosa Villacastín.

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La entrevista

-¿Por qué vuelve al teatro después de tanto tiempo?
-Lo necesitaba tras la muerte de Carlos y de todo lo que ha pasado en mi familia en el último año, de manera que me ha venido muy bien hacer una función en la que no tengo que sufrir ni llorar y en la que me río tantísimo.

-¿La sorprendió la enfermedad de su exmarido?
-Sí, porque era una cosa muy leve que se complicó. Yo nunca pensé que fuera a morirse tan pronto.

-¿Qué fue Carlos para usted?
-Todo: mi gran amigo, el padre de mis hijos, mi cómplice. También hemos reñido mucho, aunque hemos sido amigos hasta el final. A nosotros nos unía lo románticos que éramos.

-¿Sabía que era un donjuán cuando le conoció?
-Sabía todo eso, pero también sabía que a mí me quiso de verdad. Él era un donjuán y yo era su doña Inés. Era un hombre que volvía locas a las mujeres, pero siempre volvía a mí.

-¿Cómo ha superado su ausencia?
-Con espiritualidad. Llevo más de 20 años trabajando esa parte espiritual que hay en mí y que me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma.

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La entrevista

-¿Cree que hay vida después de la vida?
-Sí, lo que no creo es que volvamos a encontrarnos con nuestros seres queridos.

-¿Como se lleva con las otras mujeres de Carlos?
-Muy bien. 

-¿Con todas?
-A Ana Diosdado la quiero un montonazo, porque siempre trató muy bien a mis hijos. También tengo muy buena relación con Sarah Glattstein y con Ana Escribano, su viuda y madre de la hija pequeña de Carlos. Una niña preciosa, que tiene mucho de su padre.

-¿A los 72 años, qué la empuja a trabajar?
-Mis hijos, mis cuatro nietos y mi bisnieto. Tengo unos hijos inteligentes, que me quieren y a los que adoro. Pero a lo largo de mi carrera también he tenido momentos de crisis, en los que no quería ir al teatro porque prefería quedarme en casa cuidándolos.

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-¿Siente no haberles dedicado más tiempo? 
-Eso les ocurre a todas las actrices del mundo. Yo estoy loca con mis nietos, porque no les exijo nada y me muero de amor por ellos.

-¿Satisfecha de cómo llevan sus hijos sus carreras y sus vidas?
-Muchísimo. Han tenido la suerte de encontrar parejas estupendas. Yo, a estas alturas de mi vida, lo que quiero es una buena compañía y para eso tengo mis perros y mi familia. No tengo pareja porque la culpa de mis separaciones la tengo yo, porque no los aguanto.

-¿Qué no soporta de la convivencia?
-Por ejemplo, que me cambien el canal de la televisión sin consultarme me pone de los nervios. Eso me parece una dictadura. Lo ideal sería que cada uno viviera en su casa y seguir manteniendo la ilusión de los primeros momentos.

-¿El amor se apaga con la convivencia?
-¡Por supuesto! Aunque me lo he pasado muy bien con mis exmaridos, había ratos en los que quería estar sola. Mi instinto más fuerte es el de la maternidad.

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-¿Ha renunciado a vivir en pareja?
-No lo sé. Sigo siendo muy romántica. 

 -¿Nota la diferencia generacional con sus compañeros de trabajo más jóvenes?
-No, es normal trabajar con gente de otras generaciones. Yo empecé con los grandes como Bódalo, Rodero, o mi padre, Ismael Merlo. Después vino la generación de Fernando Delgado y Jesús Puente, que me enseñaron mucho.

-¿Echa de menos aquellos “Estudios 1”?
-No me gusta mirar atrás, porque no sé si tendría fuerza para darme las palizas que me daba entonces. Me levantaba a las cinco de la mañana.

-¿Qué obra volvería a repetir?
-“Cien metros cuadrados”, de Juan Carlos Rubio, con Míriam Díaz Aroca, y  “Locos por el té”, que es la que me ha permitido volver a reír con mis compañeros y con el director, porque es una obra redonda, de alta comedia y de la que es empresario mi hijo Pedro.

-¿Qué es el éxito para usted?
-El amor del público.

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 -¿Por qué abandonó el cine?
-No lo abandoné, es más, hacía mucho cine hasta que me casé con Carlos Larrañaga, que dejaron de llamarme. Mi padre decía: “En este país, siendo actriz, como te embaraces, se olvidan de ti”.

-¿Qué recuerda de su padre?
-Tantas cosas… Fue el amor de mi vida, era tan protector, tan generoso... Si hablo cuatro idiomas es porque él y mi madre me animaron a estudiar. Se separaron cuando tenía nueve años, pero siguieron siendo amigos hasta el final de su vida.

-¿Es imparable el avance de la mujer en lo laboral?
-Totalmente. Además, las mujeres tienen un talento y una disciplina que los hombres están perdiendo. Nos queda que nos igualen en salarios.

-¿La libertad de los artistas es mayor que la de cualquier otro colectivo?
-Sí, yo recuerdo cuando se decía aquello de "fulano y mengana ya han juntado el baúl", y eso era porque se habían ido a vivir juntos. Pero también se decía “fulana y mengana ya han juntado el baúl”. Entre los artistas no se daba importancia a cosas que la sociedad ocultaba o rechazaba, éramos más liberales.

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-¿Qué siente cuando oye decir a Montoro que los artistas no pagan sus impuestos?
-Rabia, porque llevo pagando a Hacienda toda mi vida. ¿Y cómo pueden criticar a Maribel Verdú, mi nuera, por llevar un traje de Dior, si se lo habían prestado por ser una gran artista?

-¿Desencantada de la política?
-Mucho, porque creo que el mundo lo domina un capitalismo atroz. Y también porque se han vengado de mí por el “no a la guerra”. Mi mayor miedo es que venga un salvador y se tire 40 años aquí.

-También ha perdido a Amparo Rivelles, hermana de Carlos Larrañaga.
-Siempre hemos estado muy unidas. Estaba muy contenta de que todos estuviéramos a su alrededor. Tenía una cabeza muy brillante y así la mantuvo hasta el final. El anillo que llevo es un clavo, mi cuñada lo llevó puesto toda su vida. Me lo regaló antes de morir.

-¿Qué nieto suyo quiere ser actor?
-Creo que el pequeño, que tiene catorce años. Me ha pedido que el guión de “Locos por el té” se lo firmen todos los actores. También los de Juan Carlos (hijo de Carlos), pero qué otra cosa pueden ser que artistas teniendo la familia que tienen.

-¿Qué le pide a la vida?
-Estar como estoy y vivir el presente. Yo me cuido mucho, hago ejercicio y sigo una buena alimentación porque tengo disciplina de bailarina rusa.

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Ficha y firma de María Luisa Merlo

Nació: En Valencia, el 6 de septiembre de 1941. Hija de los actores Ismael Merlo y María Luisa Colomina.

Debut: Debutó como bailarina a los 16 años con la obra 'Te espero en el Eslava', de Luis Escobar, que era el dueño del teatro, hoy discoteca. En el cine se estrenó de la mano de José María Forqué con 'De espaldas a la puerta'.

Familia: Estuvo casada 16 años con el actor Carlos Larrañaga, del que se separó en 1975, aunque no obtuvieron el divorcio hasta 1983. Con Carlos tuvo tres hijos: Amparo, Luis y Pedro. Juan Carlos lo aportó al matrimonio Carlos Larrañaga, aunque para María Luisa es un hijo más. En 1992 se casó con el profesor Michael Kenton, del que se divorció cinco años después.

Actualmente: Representa en el Teatro Cofidis de Madrid la comedia 'Locos por el té', una obra muy divertida, dirigida por Quino Falero.

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La foto favorita de María Luisa Merlo

"Mi gran ilusión era ser bailarina, y esta foto es del día de mi debut en Verona. Si no me dediqué a bailar fue porque tenía que separarme de mis padres, y era hija única". nos desvela María Luisa Merlo.

 

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