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Acabada la Segunda Guerra Mundial, en Francia estaba de moda el swing, los pantalones anchos y Edith Piat… ¡junto a Duralex! A simple vista resulta curioso que una vajilla estuviese en boga, pero su innovación al aplicar la técnica del vidrio templado a la fabricación de platos y vasos creó una tendencia que se ha extendido hasta nuestros días.
¿Más curioso aún? Este vidrio templado se inventó para fabricar lunas de automóviles y la clave fue llevar a cabo vajillas que contasen con esa misma resistencia, ideal para tiempos tan convulsos y austeros como los que vivía la Europa de aquel entonces. Si mucha gente aún conserva parte de esta vajilla es por su condición de "prácticamente irrompible" –como presumía la propia marca en sus anuncios.
Mis vasos y jarras favoritos de Duralex
Ahora que Maisons du Monde anuncia novedades en su catálogo 2026, ha lanzado una preciosa colección de vasos y jarras inspirada precisamente en Duralex. Sin ir más lejos, el set de vasos me ha llamado la atención por su diseño en relieve, un estriado delicado que crea un bonito juego de luces y sombras cuando la luz lo atraviesa.
Ese detalle no es solo estético: también mejora el agarre, haciendo que resulte cómodo y agradable de usar, incluso cuando el vaso está helado o muy caliente. Encima me parece que el tono verde le aporta muchísima personalidad. Creo que es un color suave, elegante, que encaja igual de bien en una mesa informal del día a día que en una comida especial con invitados.
Con respecto a la jarra, cuenta con una generosa capacidad de 2,1 litros. Es práctica, sí, pero también cuenta con un diseño que a mi juicio es perfecto. Con esa estructura estriada, como la de los vasos, crea un efecto acanalado muy atractivo, que juega con la luz y realza el contenido.
Lo que más me gusta en particular de la jarra es que en realidad puede ser mucho más: es una pieza decorativa que eleva la presentación y se convierte en el centro de todas las miradas. Combina a la perfección con los vasos, creando, con la esencia de Duralex, una mesa coherente, fresca y con mucho estilo. Solo falta Edith Piaf para que tu mesa sepa a la Francia del siglo pasado.




