A mi abuela le encanta recordar. Presume de tener la cabeza perfectamente y, para demostrarlo, pasas las tardes hablando de lo que nosotros llamamos “las batallitas”. Que si las mesas camilla, que si la vajilla Duralex; añorar en cualquier caso la vida anterior cuando era más joven, tenía más fuerzas y los tiempos avanzaban, pero aún de manera distinta a como lo hacen ahora.

cesto para la ropa sucia
Cortesía de Maisons du Monde

Una de esas cosas de las que suele hablar con frecuencia es de cuando acudía a la pila del pueblo para lavar la ropa. De su casa la separaba una de las cuestas más empinadas del pueblo y la bajaba y subía siempre acompañada de un enorme cesto para la ropa sucia que hoy nos parecería un objeto de decoración rústico. Lo curioso es que Maisons du Monde lo ha reinventado.

Un cesto ideal para la ropa

Hay recuerdos que huelen a jabón Lagarto y a sol de mediodía. La paciencia de aquellas mujeres que, como mi abuela, bajaban con él, apoyado en la cadera, hoy nos parece heroica. Aquel cesto, que siempre formó parte de su casa, su rutina y hasta su decoración, hoy vuelve a estar disponible no solo para este propósito tan funcional, sino también para diseñar nuestros interiores.

Cesto rústico para la ropa sucia

Cesto rústico para la ropa sucia

¿No te parece una maravilla tener por fin un cesto para la ropa sucia que no tengas que esconder? El que Maisons du Monde nos propone está elaborado en junco de mar tejido a mano, un material natural que aporta una calidez inmediata. No es solo un recipiente funcional: tiene la capacidad de transformar un baño frío y anodino en un espacio decorado con tradición y buen gusto.

cesto rústico para la ropa sucai
Cortesía de Maisons du Monde

Además, su versatilidad lo convierte en un comodín doméstico. Sí, en el baño funciona como cesto de ropa sucia; pero en el salón puede guardar mantas o cojines; en el dormitorio aporta ese aire natural y bohemio que ahora buscamos sin caer en lo impostado. Es práctico, sí, pero es que también es bonito y eso no siempre va de la mano.

La tapa a juego me parece clave. Permite mantener la ropa fuera de la vista y, al mismo tiempo, conservar una sensación de orden que hoy valoramos casi tanto como el diseño. Desde que lo compramos, mi abuelo ha recuperado esa forma de antaño de mirar la casa: objetos útiles, bien hechos, que no se esconden. Como los de antes. Como los de ella.