"Tu cerebro necesita entender el espacio para poder relajarse. Cuando un espacio no tiene lógica interna, aunque sea bonito, tu mente se activa, se incomoda y no sabes muy bien por qué. Eso es falta de coherencia", afirma Abel de González, interiorista y divulgador sobre Neuroarquitectura y Casas. Para este experto en decoración, la psicología ambiental aplicada al diseño de interiores transforma una casa en un verdadero refugio emocional y para conseguirlo hay que tener en cuenta tres dimensiones invisibles que el cerebro procesa para determinar nuestro bienestar: la coherencia, que se logra mediante una distribución con propósito que permita a la mente comprender el espacio sin esfuerzo; la fascinación, que utiliza microimpactos estéticos y texturas para captar la atención de forma relajada, evitando la monotonía; por último, pero no menos importante, está la sensación de hogar, que surge al integrar elementos personales y recuerdos que aportan identidad y seguridad al entorno. "Los objetos heredados funcionan muy bien", afirma el experto.

Coherencia: el cerebro debe identificar cada rincón

Centrándonos en estancias como la entrada y el salón de una casa, para mejorar la coherencia, Abel de González propone decorarlas de forma que el cerebro pueda "leer" y entender el espacio sin esfuerzo, que cada rincón tenga una lógica interna y un propósito claro. Por ejemplo, si tienes una zona de lectura en el salón, "una butaca y una lámpara bastan para que el cerebro identifique el propósito del espacio". La dimensión de la coherencia falla cuando los objetos parecen estar "flotando" o no tienen relación entre sí. "Una alfombra que no llega a tocar ningún mueble, en lugar de enmarcar la escena, la deja como flotando; el cerebro no entiende si está ahí para algo o no; por lo tanto, ese espacio no tiene sentido para el cerebro", asegura el interiorista.

salon con una silla roja
Getty Images

En la mesa, colocar una bandeja con velas crea un "centro" visual que le da sentido a la superficie. Y no hay que olvidar la escala, ya que colocar "objetos fuera de escala o sin relación con el resto del mobiliario" es uno de errores que rompen la coherencia de un espacio. En cuanto a la entrada de tu casa, Abel de González recomienda evitar que se convierta en un "trastero improvisado", convirtiéndola en un espacio ordenado y coherente ya que, además, es lo primero que vemos de una casa.

Objetos que impactan: La importancia de romper un espacio plano

Para el divulgador en neouroarquitectura, la dimensión de la fascinación se consigue con estímulos que captan nuestra atención de forma involuntaria y sin esfuerzo. El interiorista destaca la importancia de romper la previsibilidad de un espacio plano o lineal. Así, por ejemplo, si tienes un salón en tonos neutros, introduce un elemento que aporte un poco de dramatismo, como una silla de un color vibrante o una obra de arte inesperada. "De repente, una silla roja y un precioso aplique en la pared parece que no encajan del todo en el espacio y por ello destacan, rompen la monotonía y crean fascinación", explica Abel. Algo que también ocurre con las texturas, como incorporar un lino arrugado, maderas rugosas o una alfombra de yute con ligeras irregularidades.

El decorador aconseja evitar llenar el salón de luces como neones muy llamativos o televisores encendidos que atrapan la atención de manera exigente llegando a provocar fatiga mental si es excesiva. Y destaca enfocarnos en un solo elemento.

salon decoracion tonos neutros con una manta azul
Getty Images

Cómo conseguir una sensación de hogar

La tercera dimensión del bienestar aplicada a la decoración es la de conseguir una sensación de hogar. "Se construye con vivencias, con recuerdos, con gestos, con elecciones que hablan de ti. La psicología ambiental explica que el cerebro busca tres cosas básicas en un espacio para que este nos haga sentir en casa: identidad, familiaridad y pertenencia. Si estas tres cosas están presentes, el espacio se convierte en refugio", asegura el interiorista. "Los objetos heredados funcionan muy bien y dan sensación de hogar", explica.

Abel de González remite a los estudios de los investigadores Rachel y Stephen Kaplan, quienes "comprobaron que cuando un entorno refleja algo personal y emocional, se activa una sensación de control y seguridad y eso reduce el estrés, mejora el ánimo y crea apego positivo hacia el espacio". El experto recomienda hacer un ejercicio: mirar un rincón concreto del salón y pensar si te representa o no. Si no lo hace, "te incomoda, si te resulta indiferente, si hay algo que nunca usas o que simplemente pusiste algún día porque alguien te dijo que quedaba bien; probablemente ese rincón no tenga sensación de hogar".

Para conseguir la sensación de bienestar, el decorador propone incorporar al salón pequeños detalles con valor emocional, como "una manta que siempre usas al ver pelis, objetos heredados funcionan muy bien, unas plantas que hayas cuidado tú y visto crecer tú o una lámpara que compraste en tu primer piso. Tu cerebro reconoce 'seguridad y sensación de hogar', al verlos. Sin embargo, no hay que caer en el error de "convertir la casa en un museo de recuerdos, a no ser que queramos".

Cuando estas tres dimensiones funcionan, es cuando realmente te sientes a gusto en tu casa. "Es fascinante notar cómo todo encaja; no solo para la vista, también para tu bienestar y el de tu familia", sentencia el experto.