- Un experto en interiorismo explica cómo decorar con un mueble antiguo heredado: "No necesariamente combina con el resto de la casa"
- He encontrado en Lidl una estantería tipo BILLY de Ikea: es perfecta para multiplicar el espacio de mi cocina pequeña y cuesta 21 euros
- Nuevo en Ikea: la compañía sueca anuncia entre sus novedades de primavera 3 chollos en platos y vasos para renovar la vajilla
Mis abuelos se casaron a finales de la década de los sesenta. Les habría gustado poder hacerlo antes, pero la llamada al servicio militar retrasó sus planes casi un año. Él fue destinado a Tenerife y ella lo esperó desde el pueblo hasta que finalmente volvió. No lo hizo con las manos vacías, sino con una auténtica pieza de artesanía.
Estoy seguro de que estos platos te recordarán a los que había en todas las casas españolas a mediados del siglo XX. Son auténticas joyas de la alfarería y de ella se sirvieron para dar de comer a los invitados a su pequeño enlace, pero no sabía que Inditex las tenía de vuelta.
Y es que, estando el otro día con mi madre por Lefties, descubrimos un set de lo más parecido.
Una vajilla ‘de las de antes’
Nos llamó la atención primero esa flor oscura, casi pintada a mano, pero no por ello las típicas que podríamos ver en las de Talavera de la Reina o la que compró Alba Carrillo en Carrefour. Es una flor de barro, con carácter, con presencia, rodeada por un punteado irregular de lo más curioso. Todos estos elementos les confieren a los platos una enorme personalidad.
De hecho, su forma irregular no es un descuido, es una decisión. Nada de círculos perfectos hechos por máquinas con prisa. Aquí hay bordes que parecen elaborados en las manos de un artesano, como si alguien lo hubiera terminado con calma, pensando en cómo se vería en una cocina real, con migas, cucharillas y manchurrones.
Más allá del aspecto estético, estos platos están pensados para usarse todos los días. El gres con el que ha sido fabricado aporta calidad, y eso se nota en el peso cuando lo coges con la mano. No es frágil ni ligero, sino todo lo contrario: sólido, estable, hecho para el uso diario, pero con un punto artesanal que convierte lo cotidiano en algo especial. Lo difícil es que pueda pasar desapercibido.
Su tamaño es perfecto para una taza de café, un té o un pequeño dulce, y su peso los hace estables sobre la mesa. No se mueven con facilidad ni parecen delicados, lo que los convierte en una opción cómoda tanto para el desayuno como para una sobremesa larga. Son de esos platos que sacas sin pensar y que encajan igual de bien en una mesa informal que cuando tienes invitados.
Otro de sus puntos fuertes es que combinan con casi todo. Funcionan con tazas modernas, con vajillas lisas o con piezas más antiguas, sin desentonar. No necesitan que toda la mesa vaya a juego para lucir bien. Ese aire artesanal les da personalidad sin resultar recargados, así que aportan carácter sin robar protagonismo al resto de la vajilla. Son platos que suman sin imponer y aún tienen la capacidad de traernos los mejores recuerdos.





