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Antes de comprar cualquier novedad para la casa, ya sean unos nuevos visillos o un espejo, leo cientos de reseñas, sigo los consejos de los interioristas y comparo con un sinfín de modelos, tantos como los que el algoritmo de Instagram me sugiere. Incluso sigo las recomendaciones de los expertos en decoración, especializados en Feng Shui, que, por ejemplo, recomiendan no poner espejos en el dormitorio en sitios que te reflejen mientras duermes, colocarlos de forma que no reflejen zonas desordenadas y nunca colocarlos enfrente de una puerta o ventana para evitar fugas de energía. Pero hubo un tiempo en el que los espejos no necesitaban manual de instrucciones. Mucho antes de que el Feng Shui en las casas españolas, ya existía un lugar indiscutible para él: el tocador.
Quienes crecimos en las casas de nuestras abuelas recordamos perfectamente ese mueble tocador, lo que ahora sería nuestra cómoda, con un espejo enorme que apoyaba sobre el mueble o en la pared, que usaban para peinarse, ponerse la colonia o ver si el collar estaba bien colocado justo antes de salir a la calle. Durante décadas, especialmente en los años 50 y 60, el espejo de tocador fue una pieza imprescindible en los dormitorios españoles, con marcos que podían ir desde la madera tallada más clásica hasta perfiles metálicos dorados. Eran espejos que con el tiempo cambiamos por modelos de cuerpo entero o directamente se quitaron porque, lo que hacían nuestras abuelas con luz natural, nosotros lo hacemos en el baño con una luz que nos corrige todos los defectos. Pero, como ocurre con muchas cosas en decoración, todo vuelve.
Ikea y Maisons du Monde reinventan los icónicos espejos tipo tocador
Este 2026, lo vintage es tendencia, especialmente aquellas piezas que nos conectan con nuestra niñez, como este tipo de espejos que no necesariamente tienen que ir acompañados de muebles clásicos. Son marcos cuidados, que parecen heredados y que hacen que queramos sentarnos delante de ellos, como hacían nuestras abuelas. Maisons du Monde e Ikea saben perfectamente lo que nos gusta esa sensación y han lanzado dos modelos que nos conectan con nuestra infancia.
Espejo con molduras de madera
Elaborado en madera de mango con molduras talladas, este espejo, al que la marca ha llamado 'Elizabeth', recuerda a los dormitorios de mediados del siglo XX. Las molduras dibujan un relieve, como si se tratara de una pieza de ebanistería, y sus medidas (68x111cm) son ideales para el tamaño medio de cualquier cómoda. Es el tipo de espejo que podría haber pasado de madres a hijas durante generaciones. Además, le puedes dar tu toque personal pintándolo a juego con los muebles de tu habitación.
Espejos con molduras doradas
Si el espejo anterior recuerda a la tradición más artesanal, el SVANSELE conecta con esa estética de finales de los 60, donde los espejos con marco dorado aportaban un toque sofisticado y moderno —para la época— al tocador. Está realizado en plástico de poliestireno con acabado dorado y lleva una fina película transparente de seguridad, que minimiza los riesgos de dañarse si el vidrio se rompe.
Su diseño, un formato cuadrado (78x78 cm), lo convierte en una pieza que encaja con cualquier estilo, sobre todo con muebles de líneas rectas. Y aunque es perfecto para una cómoda, también para colocarlo encima de una consola en el recibidor de la casa. O como comparten desde Ikea, vale como espejo de baño.
Porque mucho antes de que los expertos en Feng Shui empezaran a decirnos dónde colocar un espejo para equilibrar la energía del dormitorio, nuestras abuelas ya lo tenían claro: en la habitación, el espejo debía estar encima del tocador.













