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Hay personas que como Unai Burgos prometen cambiar tu vida y sin atisbo de duda, cumplen con su palabra. Es curioso que este ingeniero informático de treinta y seis ahora se dedique a ayudar a gente a mejorar sus casas, a lograr que sus hogares terminen por encajar en lo que a diseño y decoración respecta. Él tiene la clave para que vivir en nuestras casas sea más cómodo.
Al frente de Sagarna Studio, dedicada a este propósito, es también creador de contenido en redes sociales y da consejos para que sus miles de seguidores pueden, cada día, ir elevando sus distintas casas sin problema. Uno de los vídeos que más me ha llamado la atención es en el que desglosa los tres errores que cometemos y por los que nuestras casas podrían no estar viéndose bien.
Los errores más comunes al decorar un salón pequeño
Burgos no se anda con rodeos cuando habla de los fallos más comunes en decoración. El primero, y quizá el más sorprendente para muchos, es “pegar los muebles a la pared. No ganas espacio, al revés, haces que el salón se vea mucho más pequeño”. Se trata al parecer de un error de percepción: cuando colocamos los sofás, las mesas o las estanterías pegados al muro, rompemos la fluidez del espacio y hacemos que el ojo perciba el entorno como más compacto y cerrado.
En lugar de encajonar los muebles, recomienda dejarlos “respirar”, creando pequeñas separaciones que inviten a circular alrededor de ellos. Esto, aunque pueda parecer contraproducente, genera sensación de amplitud y permite que cada pieza destaque sin aplastar visualmente la estancia. Unai incluso sugiere jugar con la disposición diagonal de algunos muebles para romper la rigidez y aportar dinamismo al conjunto.
El segundo error tiene que ver con la uniformidad excesiva: “tener todos los muebles de la misma colección. Si fuera tan fácil, todo el mundo tendría una casa de revista comprando el catálogo completo”. Aquí, Burgos apunta a la importancia de la personalidad y la autenticidad en la decoración. Comprar todo de la misma serie puede dar un acabado “correcto”, pero termina haciendo que el espacio se vea predecible y carente de carácter.
Finalmente, señala un error mucho más sutil, pero igual de determinante: “no usar contrastes ni texturas. Sin diferentes capas, el espacio se ve completamente plano y sin vida”. Aquí se refiere al juego entre materiales, colores y acabados que da profundidad a cualquier estancia. La clave clave está en la superposición: capas de luz, texturas y colores que interactúen, evitando la monotonía y reforzando la sensación de hogar.
Siguiendo estos tres principios, Burgos demuestra que la decoración no es cuestión de dinero ni de seguir un catálogo al pie de la letra, sino de entender cómo el espacio se percibe y se vive. Con pequeños cambios estratégicos, cualquier casa puede transformarse en un lugar más amplio, acogedor y lleno de personalidad.













