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Entre tanto blanco, tanto beige y tanto color neutro, se nos han quedado casas que parecen salas de esperas de una clínica. En 2026 empezamos a ver resquicios de color en la decoración, que nos devuelven un rayito de esperanza. Y, con ellos, llega también la obsesión de muchos interioristas de diferenciarse del ‘rebaño’ y meter personalidad (mucha personalidad) en casa.
Una personalidad que ha venido ligada a un sentimiento de nostalgia y de pertenencia que nos hace elevar al máximo exponente todo lo que tenían nuestras madres y nuestras abuelas en casa hace décadas. De esta forma, los muebles retro y los muebles restaurados tienen un valor incalculable actualmente (y se espera que sigan revalorizándose estos años venideros).
Pero la fiebre de los muebles retro no se queda en el mercado de la segunda mano. Y tampoco en las herencias que nos han dejado. Es que son muchas las tiendas de decoración que han echado un pulso a la modernidad del blanco y del beige y han tomado como referencia esas cosas que han crecido junto a nosotros en España.
Tiendas como Ikea, quien esta primavera ha rendido un homenaje (no sabemos si consciente o inconsciente) a las míticas sillas de formica que estuvieron en todas las casas y pisos pequeños de pueblos y de barrios de toda España en las décadas de los 60 y los 70. De hecho, no hace mucho explicábamos por qué han vuelto a estar de moda las mesas y sillas de formica.
Las sillas de formica llegan a Ikea
Me puedo aventurar a decir que son prácticamente la misma silla que la de formica. Que a simple vista no podría diferenciar mucho la original de esta reinvención que acaba de hacer Ikea. Y que dan el mismo toque a la cocina que daban aquellas hace ya más de 50 años.
Sin embargo, si vamos al detalle, sí que vemos las señales con las que Ikea ha pretendido mejorar el diseño original. Sin ir más lejos, el asiento, que era de una de las cosas más incómodas de este icono de las cocinas españolas. La silla que han reinventado lleva el aisento tapizado con espuma y con una funda de tela que se quita y se puede lavar en la lavadora, para que siempre esté limpia.
Eso sí, el respaldo sigue siendo de madera, así que no costará mucho recordar los sentimientos que nos producía desayunar y merendar en estas sillas tan icónicas.
De hecho, otra de las cosas que ha conservado es la estructura de metal, aunque ha modificado los colores vibrantes azul y verde, sustituyéndolos por el color madera del respaldo, el negro de la estructura y el gris de la funda del asiento.
Lo mejor de ellas, más allá de la nostalgia que provocan, es que están bastante bien de precio: cada silla cuesta 29 euros, así que son perfectas para renovar la decoración de cualquier casa y rendir un pequeño homenaje a las raíces de las que todos venimos.
Además, las sillas no llegan solas: Ikea ha lanzado, dentro de la misma colección, una mesa circular a juego bastante bonita. Eso sí, esta mesa sí que no tiene nada que ver con la icónica mesa de formica con cajón y cuadrada que presidía las cocinas de las abuelas. Esta es bastante más elegante y clásica y sienta bien a cualquier estilo de decoración.

















