Cuando era adolescente, había dos días al año en los que ya sabía lo que tocaba. Solían caer en un sábado o un domingo, y coincidían con el cambio de temporada. Mi madre aparecía por la puerta de mi habitación, echaba un vistazo al armario y pronunciaba una frase, en un tono que no admitía negociación: "Hoy no sales de aquí hasta que el armario esté ordenado". Lo que para mí era una montaña de ropa perfectamente funcional (yo sabía dónde estaba todo), para ella era el caos.
No bastaba con sacar alguna prenda y meter la de la nueva temporada en ese espacio. Había que sacar toda la ropa, revisar qué seguía sirviendo, doblar correctamente los jerséis, reorganizar las perchas y decidir qué se quedaba y qué no. Y, por supuesto, limpiarlo a fondo, revisando cada rincón para que no hubiese ningún rastro de una plaga de polillas. Mucho antes de que Marie Kondo apareciera en nuestras vidas, ahí estaba mi madre. Ella se sentaba a mi lado e iba compartiendo pequeños trucos que, por aquel entonces, me parecían una pérdida de tiempo. Y que años después sigo poniendo en práctica y recomendando a mis amigas. Aquí están sus secretos:
1. Abrir las puertas del armario media hora cada mañana
Mi madre no soporta un armario con olor a humedad, así que una de las primeras cosas que hace cada día es abrir las puertas del armario durante media hora. Este gesto tan sencillo ventila el espacio y refresca la ropa, permitiéndole respirar. Claro que esto es inútil si el armario está abarrotado, así que hay que ordenarlo y luego empezar a ventilarlo. Cada una de mis perchas está separada por unos 1,2 cm, lo que permite una buena visibilidad y también evita que la ropa se arrugue. Como toque final, le doy un ligero 'flis-flis' con un ambientador para ropa.
Dejar el armario abierto a diario lo deja vulnerable a las polillas de la ropa, pero si está lo suficientemente ordenado como para que puedas verlo bien, lleno de ropa limpia y con algunos repelentes de polillas bien colocados, esto debería mantenerlas alejadas. Eso sí, no coloques trampas de feromonas para polillas dentro, o las atraerás.
2. Separa tu ropa de vacaciones
Uno de los consejos infalibles de mi madre para tener el armario ordenado es separar la ropa que usas en vacaciones con la que usas para el día a día. Este truco ahorra espacio al sacar del armario las prendas que menos se usan y permite mantenerlas planchadas y listas para cuando se necesiten, colocándolas en un armario en el trastero, o si tienes poco espacio, ponlas en cajas en el canapé de la cama con la etiqueta 'ropa de vacaciones' (bañadores, vestidos de playa demasiado llamativos para llevarlos al trabajo, shorts…).
3. Reutilizar lo que esté desgastado
No tirar nada. Tal y como me enseñó mi madre, si una toalla ha cumplido su función y ya no se usa, la reutiliza como paño de limpieza para las tareas de la casa. Yo las uso para limpiar el suelo y el polvo de los muebles. A veces, también las uso cuando hago algo que ensucia mucho, como pintar el techo. Las sábanas viejas también son útiles como lonas protectoras en estas situaciones, así que las guardo siempre.
"Una vez que una prenda sale de mi armario, solo entonces me molesto en reponerla. Intento no comprar ropa por impulso, a menos que sea necesaria. ¡De lo contrario, el armario se llenaría enseguida!", recuerdo que me repetía mi madre cuando veía que tenía dos camisetas prácticamente iguales.
Aunque la ropa esté dañada y no sea apta para donar o vender, se puede reciclar en un punto limpio de tu ciudad.
4. Dos limpiezas de armario profundas al año
Mi madre hace dos limpiezas a fondo de su armario cada año, generalmente coincidiendo con el cambio de temporada. No se trata de un simple cambio de ropa. Saca todo, pasa la aspiradora por el suelo y los estantes, y luego usa un paño de microfibra (o una camiseta vieja) para quitar los últimos restos de pelusa. Solo entonces vuelve a guardar cada prenda en su lugar.
También he copiado de mi madre algunos accesorios para ordenar las prendas. Entre mis favoritos están las perchas de terciopelo, que evitan que la ropa se resbale y quedan genial comparadas con una mezcla de perchas de diferentes tipos. Asegúrate de que todas estén orientadas en la misma dirección para lograr un aspecto uniforme. Y los recipientes transparentes para guardar mis zapatos; así puedo ver todo y coger lo que necesito sin necesidad de revolverlo todo.
5. Las prendas más pesadas siempre debajo
Durante años pensé que era una de esas manías sin explicación. Sin embargo, con el tiempo descubrí que la importancia que mi madre le daba a poner las prendas más pesadas debajo tenía todo el sentido del mundo. Ropa como los jerséis de lana, las bufandas o la ropa de invierno ocupa mejor los cajones inferiores y evita que el peso termine deformando o arrugando las prendas más delicadas. Esto también ayuda a que el armario resulte más práctico y a que la ropa se conserve mejor temporada tras temporada.
Si además vas a guardar ropa durante varios meses, recuerda que debe estar completamente limpia y seca antes de almacenarla para evitar malos olores y la aparición de polillas.














