Esta época del año me gusta y me disgusta a partes iguales. Mientras la mayoría ve un verano de descanso y meses de desconexión, yo solo puedo imaginarme a mi madre esperándome en casa con la escoba, los productos de limpieza y los guantes puestos. Podría ser la escena de un crimen, pero no; en realidad se trata de algo que para mí da más miedo: la temible limpieza general. Todos los años empezamos por mi cuarto porque, según mi madre, “tiene vida propia” de todo lo que hay.
Y ojalá fuera llegar, chasquear los dedos y que todo estuviera limpio y ordenado. Pero seguimos unos pasos muy concretos. Primero lavamos las almohadas junto con las sábanas. Una vez hecho eso, ya nos centramos en limpiar los muebles por fuera. Y eso no está mal; lo peor viene cuando toca vaciar el armario y el canapé de la cama. Una vez todo listo, quitamos el polvo y vemos qué se queda, qué se va o qué hay que guardar.
Y para este último caso, siempre solemos utilizar trucos de almacenamiento; por suerte, ya nos sabemos algunos. Pero esta vez hemos optado por utilizar cajas de almacenaje, fáciles de colocar sobre los armarios o bajo la cama. No ha sido tarea difícil encontrar unas que nos convencieran porque las hay en todas las cadenas, pero nos quedamos prendadas de los de Ikea.
Las cajas de Ikea se vuelven una necesidad en lo que a organización se respecta
Cualquiera diría que, por su capacidad y por su estética, pertenecen a una marca de lujo de decoración. Pero te sorprenderá saber que no llegan ni a 20 euros. Es más que evidente que la calidad sueca no tiene punto de comparación.
Quizás el éxito de estas cajas reside en su resistencia y su facilidad de montaje. Gracias a su sistema metálico interior, puedes apilar varias cajas sin preocuparte por deformar aquella que sirve de base. Su exterior está hecho de un tejido suave que se encarga de proteger la ropa de filtraciones de polvo o suciedad.
Lo mejor no es solo su variedad de colores, ya sea verde con flores o azul con rayas, sino que también cuentan con diferentes tamaños para aprovechar hasta los huecos más pequeños. Ningún centímetro se resiste a estas cajas de almacenaje.
Desde mi experiencia puedo decir que me han sorprendido. Yo las he utilizado tanto para zapatos como para ropa de invierno, colchas y edredones. Y me encanta su calidad, su precio y su composición de plástico y poliéster. Su cremallera es super sencillas de utilizar y, lo mejor de todo, no distraen a la vista. Pasan totalmente desapercibidas.
Estas cajas de almacenaje no han hecho que deje de odiar la limpieza, pero he de reconocer que mi madre, como de costumbre, tiene razón. A veces sí que mi cuarto tiene vida propia, pero por lo menos durante los meses de verano todo estará bien ordenado y organizado. Eso sí, espero que Ikea y sus organizadores no se vayan muy lejos porque en invierno también los necesitaré.















