Todos deseamos tener un armario ordenado y eficiente, de esos que permiten ver exactamente qué tenemos y combinar prendas sin esfuerzo. Conseguirlo implica, sin duda, hacer una buena limpieza de la ropa que ya no nos queda bien o que, simplemente, ya no nos hace feliz. Todos guardamos prendas que sabemos que deberíamos tirar, pero, cuando entra en juego el apego emocional, ordenar es más fácil de decir que de hacer. Y eso que hay métodos de organización tan prácticos y sencillos como el de 'La Percha Invertida'.
Dar el paso y vaciar el armario es todo un reto, pero la recompensa es liberadora y merece muchísimo la pena, asegura Annmarie O’Connor, redactora de moda, estilista y autora de la guía de autoayuda para el armario 'The Happy Closet'. "Cuando pensamos en deshacernos de las cosas, pensamos en una pérdida", afirma. "Pero hay que podar para poder crecer. Debemos centrarnos menos en lo que perdemos y más en todo lo que podemos ganar". Llevarlo a la práctica no siempre es fácil y eso que limpiar un armario a fondo es un paso para que esté siempre como nuevo, ordenador y con buen olor.
Trucos para ordenar el armario
Si organizar el armario es una de esas tareas que llevas tiempo posponiendo, aquí tienes la guía para ponerte manos a la obra. Hemos recopilado los mejores consejos para que consigas el vestidor de tus sueños.
1. Reserva un hueco en tu agenda
Organizar el armario puede convertirse rápidamente en una tarea abrumadora, con ropa tirada por todas partes. Para asegurarte de terminarlo de una sola vez, reserva un día y una hora en tu agenda, y cúmplelo. Limpiar un armario de tamaño medio suele llevar unas cuatro horas. Aun así, si vas mal de tiempo, siempre puedes dividir la tarea en sesiones más cortas y organizar el armario por secciones.
2. Haz que todo quede a la vista
¿Cuántas veces has tenido que rebuscar en el fondo del armario para encontrar algo que sabías que estaba ahí? ¡Seguro que demasiadas! Tener demasiada ropa en las perchas y cajones complica la tarea de elegir cada mañana. Es una verdad dolorosa, pero puede que necesites desprenderte de algunas prendas que apenas usas o, al menos, cambiarlas de sitio.
Para empezar, saca la ropa por categorías de una en una y colócala sobre la cama (por ejemplo: abrigos, vestidos, pantalones). Revisa cada prenda y sepárala en tres montones: guardar, vender y donar. Quédate solo con lo que realmente necesites (como tus pantalones negros favoritos) o lo que de verdad te encante (y nos referimos a fascinar, no a que simplemente te parezca 'ni tan mal').
Piensa en deshacerte de todo aquello que sea difícil de mantener: por ejemplo, lo que requiera tintorería, lo que sea un suplicio de planchar o lo que exija un tipo de ropa interior específica que ni siquiera tienes.
Por último, fíjate en los básicos que tienes repetidos y reduce la cantidad. Si tienes seis camisetas blancas útiles, es hora de deshacerte de las que estén desgastadas o grisáceas. No pases a la siguiente categoría hasta que hayas terminado con la anterior; así te evitarás el estrés de ver todo hecho un caos.
3. Vuelve a guardarlo todo con orden
Colgar la ropa por categorías y colores te ayudará a ver lo que tienes de un vistazo. La editora de moda experta de Good Housekeeping, Jo Atkinson, recomienda seguir este orden de izquierda a derecha: vestidos de noche y ropa de fiesta / chaquetas y blazers / partes de arriba / blusas / pantalones / faldas / prendas de abrigo.
Utiliza perchas antideslizantes para que la ropa no se caiga. Los zapatos también deben estar a la vista. Reutiliza o recicla cajas de zapatos vacías y deja tu calzado visible y accesible. No dejes que se acumulen unos encima de otros; utiliza un zapatero para separarlos.
Puedes aplicar el truco de girar las perchas (que verás en el punto 9) también con los zapatos para saber cuáles te has puesto a lo largo del año. Esto te ayudará a decidir de qué deshacerte más adelante.
4. Trabaja por categorías
Marie Kondo aconseja en su método KonMari trabajar por categorías de objetos en lugar de por habitaciones o zonas. De este modo, ves la imagen global de todo lo que posees, lo que ayuda a eliminar los excesos.
Esto es igual de aplicable al armario que al resto de la casa. Por ejemplo, podrías revisar todos tus abrigos juntos, incluidos los que están colgados en el perchero de la entrada. Es mucho más fácil desprenderse de las cosas cuando eres consciente de cuántas réplicas tienes de lo mismo.
Si te falta motivación, también es buena idea empezar por las prendas más grandes y avanzar hacia las más pequeñas. Así verás el impacto de tu esfuerzo mucho más rápido y te animarás a seguir.
5. Analiza qué tiene valor sentimental real
Una excusa habitual para acumular ropa es el valor afectivo. Ya sea el vestido que llevaste en tu primera cita con tu pareja o esa camiseta que asocias con unas vacaciones divertidísimas con tus amigas, muchas prendas acaban colgadas en el armario mucho después de haber dejado de usarlas.
Aunque es comprensible que quieras conservar uno o dos artículos para siempre, es importante no usar la etiqueta de «sentimental» como un pretexto para todo. En su lugar, piensa en cómo se les podría dar un mejor uso. ¿Está el viejo abrigo de la abuela más feliz cogiendo polvo en tu armario o cobrando una nueva vida en manos de una estudiante con estilo? Recuerda que dar una segunda oportunidad a la ropa también genera felicidad.
Por otra parte, muchas de nosotras guardamos ropa que ya no nos queda bien. Piensa si tener esas prendas a la vista solo sirve para hacerte sentir mal con tu cuerpo; puede que te sientas mucho mejor si las dejas ir.
6. Prepara una caja para las vacaciones
Seamos realistas: no hay tantas semanas al año en las que haga tanto calor como para llevar vestidos de tirantes, kaftanes y sandalias, por lo que no tiene sentido que ocupen un espacio vital en tu armario durante el invierno.
En su lugar, crea una «caja de vacaciones» con bikinis, sombreros de paja y vestidos playeros. Asegúrate de lavar bien todo antes de guardarlo en un contenedor de plástico con tapa hermética.
Etiqueta la caja claramente y colócala en un estante alto o en el altillo para que no estorbe en el día a día. Además, sentirás una dosis extra de ilusión cada vez que bajes la caja para preparar un viaje.
7. Haz el cambio de armario
Es poco probable que uses la ropa de verano al mismo tiempo que la de invierno, así que ¿por qué mezclarlas? Separa las prendas que no vayas a usar en la temporada actual y guárdalas a buen recaudo hasta que vuelva su momento, igual que hiciste con la caja de vacaciones.
Puedes utilizar bolsas de almacenamiento al vacío para comprimir las prendas más gruesas (como los plumíferos o jerséis gordos). Así ahorrarás muchísimo espacio y protegerás la ropa de la humedad y de las polillas.
8. Guarda la ropa de fiesta por separado
Al igual que la ropa de temporada, los trajes de etiqueta o vestidos de fiesta pueden guardarse fuera del armario de diario. Al fin y al cabo, un vestido de gala ocupa muchísimo sitio y probablemente solo te lo pongas una vez al año (con suerte).
Protege estas prendas con cuidado usando papel de seda sin ácido para mantenerlas en perfecto estado. Etiqueta bien la caja para saber qué hay dentro antes de colocarla en una zona de difícil acceso o encima del armario.
9. Evalúa tu vestidor
«Tener un estilo propio y definido a veces puede convertirse en una trampa; si no lo adaptamos, podemos encontrarnos llevando lo mismo 10 años después sin haber actualizado nada», advierte Annmarie O’Connor. «De hecho, deberíamos evaluar el armario de forma trimestral».
Para valorar con qué quedarte y qué descartar, Annmarie propone un truco genial: «Empieza colocando todas las perchas orientadas hacia el mismo lado. Cada vez que te pongas una prenda y la vuelvas a colgar, gira la percha en la dirección opuesta. En cuestión de dos o tres semanas, tendrás una señal visual clara de qué te has puesto y qué se ha quedado intacto». A partir de ahí, toca reflexionar por qué no te pones esa ropa y cuáles son las prendas que deben salir.
10. Protege tus prendas
Una de las mayores alegrías de tener un armario despejado es que, por fin, puedes mimar y proteger tu ropa como se merece. Una vez terminada la limpieza, limpia a fondo el interior del armario o la cómoda, idealmente con productos de limpieza naturales. Después, añade algún antipolillas (las anillas de madera de cedro son una opción excelente).
Evita las perchas de alambre (ya que deforman los hombros de las prendas) y opta por perchas finas que no resten espacio (las de madera pueden resultar demasiado aparatosas). Por último, no permitas que el caos vuelva a reinar. Puedes probar la regla de «entra uno, sale uno» o realizar pequeñas revisiones periódicas para asegurarte de que cada prenda que posees se gana de verdad su sitio en tu nuevo armario minimalista.


















