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La xerosis es, sencillamente, el término médico para la "piel seca". Un diagnóstico que afecta a millones de personas: a unas de forma crónica y a otras como consecuencia de excesos solares o efectos secundarios de ciertos medicamentos que alteran las glándulas sebáceas. En esta nueva entrega de nuestro consultorio de belleza, analizamos qué es la xerosis y por qué aparece. "Por mucho que tiente, rascarse jamás es la solución", es mi consejo de oro. Cuando sufres este problema, tu piel ha perdido su sistema de defensa. Imagina un muro donde faltan ladrillos y cemento: hay un déficit de ceramidas y lípidos epidérmicos(los encargados de retener el agua) y un fallo en moléculas clave como la urea, cuya misión es atraer la humedad a la epidermis. En resumen: ha fallado tanto la grasa natural como la capacidad de hidratación. Y tiene un remedio: "Aumentar la ingesta de grasas saludables".
¿Por qué ocurre este fallo en el sistema de defensa? Este puede verse comprometido por factores endógenos (internos), como el propio envejecimiento o patologías como la rosácea y la psoriasis; o por factores exógenos (externos), como el clima, las calefacciones agresivas o el uso de cosméticos inadecuados.
Los síntomas de una piel seca
Tirantez: Es el síntoma más común. Se debe a una renovación celular ineficiente donde las células muertas no se desprenden correctamente y las nuevas no logran cohesionarse. Sientes que la piel "se rompe", una sensación que se agudiza especialmente al salir de la ducha.
Picor: Un clásico de la xerosis que suele cebarse con las piernas y el rostro. Ojo con los párpados: la sequedad en esta zona favorece su caída prematura. ¿Un consejo de oro? Por mucho que tiente, rascarse jamás es la solución.
Descamación: Cuando las células se desprenden sin orden, el proceso se descontrola. Como dato curioso (y algo inquietante): gran parte del polvo de tu casa es piel muerta que no llegó a formar una barrera cutánea sana. Esa descamación es, literalmente, tu protección convertida en polvo sobre la mesilla de noche.
Rojeces: La inflamación derivada de la falta de hidratación acaba por enrojecer el tejido, dejando la piel vulnerable y reactiva.
Para corregir la piel seca o xerosis, el cambio debe empezar desde dentro y terminar en tu tocador. El primer paso es la nutrición: debes aumentar la ingesta de grasas saludables. El aguacate, las nueces, los piñones y las almendras son tus mejores aliados gracias a su aporte de ácido linoleico. El segundo paso es una higiene correcta, debes huir de los geles de ducha convencionales y del agua excesivamente caliente. Como último paso, debes ser constante en tu rutina cosmética. No necesitas un arsenal de cremas, pero si las más adecuadas para ti entre las hidratantes, emolientes y humectantes que contengan ceramidas, urea, aceites vegetales, vitaminas y coenzima Q10.

