Si eres de las que todavía busca desesperadamente broncearse la piel a toda costa, tengo que ser muy clara contigo: el sol te va a pasar factura a medio plazo. Bajo los rayos solares, tu colchón de la juventud, es decir, el colágeno, la elastina y el ácido hialurónico natural, empieza a destruirse a pasos agigantados, por lo que en unos años puedes tener arrugas prematuras, descolgamiento y falta de vitalidad. Por si fuera poco, los melanocitos, que son las células encargadas de dar color a tu piel, se vuelven locos bajo una exposición irresponsable: se dañan, se desorganizan y terminan provocando esas manchas oscuras tan antiestéticas y difíciles de borrar en el rostro, el escote y las manos. Y lo más grave de todo no es lo estético: es que multiplicas las papeletas para padecer cáncer de piel. La piel tiene memoria, no lo olvides nunca.
Si a pesar de conocer todos estos riesgos decides que quieres lucir un tono dorado este verano, por favor, hazlo con cabeza. Ya hablamos de la importancia de cambiar la rutina de belleza en verano. Como siempre, recomiendo hacerse antes un diagnóstico de la piel como el que ofrezco en mi consulta online, y así conocer qué cosméticos son los que mejor le funcionan y de cuáles huir, y también saber, por ejemplo, qué medidas o precauciones debes tomar antes y después de la exposición solar. Hoy, en el consultorio de belleza de DIEZ MINUTOS, te doy estos 4 consejos para minimizar el daño solar y que te broncees con cabeza.
Consejos para un bronceado responsable en verano
- Evita la quemadura a toda costa. Una sola quemadura solar duplica el riesgo de sufrir problemas graves en el futuro. Tu piel no debe ponerse roja jamás.
- Elige siempre SPF 50 o 50+. En los meses de verano, no te la juegues con índices menores. Necesitas la máxima protección posible, aplica el producto cada 2 horas y, aunque ponga que resiste el agua, ponte crema después de cada baño. Ponte la cantidad adecuada, no escatimes: necesitas unos 30 gramos de producto (el equivalente a un vaso de chupito) para el cuerpo; para el rostro, la cantidad exacta son 7 gramos (dos líneas generosas extendidas en tus dedos índice y corazón).
- Elige filtros de amplio espectro. El protector que compres debe especificar claramente en el envase que protege tanto contra los rayos UVA (responsables del envejecimiento y las manchas) como contra los UVB (responsables de las quemaduras). En el rostro, deposítalo con pasadas suaves del centro hacia afuera y termina asentándolo con sutiles presiones con las palmas de las manos. No olvides las orejas, el cuello, el escote y el dorso de las manos.
- Huye de las horas prohibidas. Entre las 12:00 y las 16:00 horas, el sol cae vertical y es letal. Quédate bajo la sombrilla, pero recuerda que el sol refleja en la arena (que está compuesta, entre otras cosas, por trozos de minerales, rocas y microcristales altamente reflectantes) y puede llegar a tu rostro desde abajo.
Es verdad que el sol nos regala esa maravillosa vitamina D tan necesaria para los huesos y el ánimo, y no podemos negar que un tono bronceado queda precioso y estiliza. Pero para evitar males mayores, y no envejecer de golpe, toma el sol siempre con cabeza, con mucha prudencia y cargada de crema. ¡Tu piel del futuro te lo agradecerá eternamente!













