Julia Otero y Juan Manuel de Prada han hablado en el último programa de 'Julia en la Onda' de uno de los libros que todo el mundo conoce, pero que no siempre han leído. Muchos lo descubren demasiado pronto, seguramente en el colegio, y durante años lo recordamos como un cuento sencillo, una fábula bonita o un libro para niños. Pero, como ha dicho la periodista, que ha recomendado otros libros como este monumental libro de 400 páginas sobre la democracia de España, estas dos obras maestras de la literatura que son sus libros favoritos o este magnífico libro basado en una historia real de 224 páginas, basta con volver a él de adulto para darse cuenta de que es mucho más que esa etiqueta. "Habría que regalárselo a Donald Trump, seguro que no se lo ha leído", dice la periodista.
"Es una de las obras más editadas y más leídas del mundo, no digo que a la altura de la Biblia, pero igual sí, se ha traducido a más de 600 idiomas y dialectos. Vayan ustedes a cualquier librería del pueblo más remoto y van a encontrarse una edición de 'El principito' de Antoine de Saint -Exupéry en la lengua local. Es una lectura que tiene muchas capas, casi como una cebolla. Para quien no sepa encontrar ese camino, le parecerá un compendio de frases bonitas que se ponen en las tazas, pero hay una enorme belleza moral en esas frases", fue la presentación de Julia Otero.
El accidente de Antoine de Saint-Exupéry que se convirtió en 'El Principito'
Antoine de Saint -Exupéry era un hombre de acción, un pionero de la aviación comercial, que se dedicaba a abrir nuevas rutas y llegó a recorrer el mundo y a sobrevolar por los paisajes menos frecuentados por la aviación en aquella época. Sobrevoló muchas veces la selva amazónica, las cumbres de los Andes, el desierto del Sahara. También era deportista, pero, al mismo tiempo, era un hombre religioso, muy moral y que tenía un ansia de fraternidad humana. Quizá vivir en los cielos le transmitía el sentimiento de la soledad y era un hombre que necesitaba tejer vínculos muy extremos.
"A finales de 1935, sufre un accidente muy aparatoso. Su avión se precipita en mitad del Sáhara y él y su copiloto sobreviven milagrosamente, pero quedan aislados y durante días van a vagar por el desierto, hasta que un beduino los auxilia", cuenta Juan Manuel Prada. Aquel encuentro místico fue el corazón de esta obra. "La experiencia de la proximidad de la muerte, no teniendo más compañía que las estrellas, le hizo ser consciente de la fragilidad humana y de la necesidad que tenemos de otros".
"Es curioso, porque tendemos a pensar que 'El Principito' se escribe en un ambiente de felicidad y paz y nada más lejos de la realidad", añadió Julia Otero. Tiene razón. La imagen popular del libro, con su niño rubio, su rosa, su zorro y sus frases célebres, puede hacer pensar en una obra luminosa, casi decorativa. Pero 'El principito' nace en un momento durísimo para su autor y para Europa.
"Esta fue la inspiración primera, pero lo tiene que escribir además en una situación difícil. Era un patriota francés y la invasión alemana le produce estupor. Se da cuenta de que tiene que marcharse de Francia y marcha a los EEUU en unas condiciones físicas muy malas. Era un hombre de salud quebradiza y es un hombre deprimido, invadido por la melancolía y Nueva York se convierte en una especie de jaula donde no entiende nada, la lengua, su forma de vida y esa invasión de cemento. Le hace sentirse en un clima mental lúgubre", explica Prada.
Sus editores le dicen entonces que por qué no prueba a escribir una obra con esos dibujitos que hace en las cartas, como Lorca. En medio de ese dolor por la pérdida de su patria, se pone a escribir 'El principito'. El acabó incorporándose a las fuerzas de la Francia libre y muere en un accidente de aviación a poco tiempo de escribir esta obra. Nunca se ha encontrado su cuerpo ni se ha sabido qué pasó.
Julia Otero volvió entonces a su propia experiencia lectora: "Estaba intentando recordar a qué edad fue, seguro en una clase de francés. Con lo cual nos quedamos con la idea de que era un libro sencillo, un libro para niños y no es así". Juan Manuel de Prada lo explicó con una comparación muy acertada: "Tiene una lengua muy accesible y se nos presenta en un formato que parece infantil, pero es tan infantil como las parábolas evangélicas, historias muy sencillas en apariencia, pero tiene una carga de profundidad muy fuerte".
La historia de 'El Principito' está basada en una experiencia personal del escritor
La historia comienza con un aviador que sufre una avería en el desierto del Sahara. Allí, aislado y en peligro, se encuentra con un niño misterioso que le pide que le dibuje un cordero. Ese niño viene de un pequeño asteroide, el B 612, donde cuida una rosa, arranca brotes de baobab para que no destruyan su planeta y contempla puestas de sol. Antes de llegar a la Tierra ha visitado varios planetas, cada uno habitado por un adulto encerrado en una obsesión.
Esos adultos son una de las partes más brillantes del libro. El rey quiere mandar aunque no tenga súbditos. El vanidoso necesita admiración. El bebedor bebe para olvidar la vergüenza de beber. El hombre de negocios cree poseer las estrellas porque las cuenta. El farolero obedece una consigna agotadora. El geógrafo registra mundos que no ha visto. Todos tienen algo ridículo, pero también algo inquietante: representan formas de perder la vida detrás del poder, la apariencia, la acumulación, la obediencia o el conocimiento sin experiencia.
Juan Manuel de Prada lo conectó directamente con la sociedad de entonces y con la de ahora: "Son un retrato de la sociedad de aquella época y de nuestra época, un rey sin súbditos que vive para dar órdenes absurdas, en una crítica de los totalitarismos, pero es una lección que sirve para los gobernantes de hoy". Julia Otero remató esa idea con ironía: "Habría que regalárselo a Donald Trump, que seguro que no se lo ha leído ni en inglés ni en francés".
Cuando uno profundiza, se da cuenta de que hay algo más. Esa apariencia de cuento infantil es como un caballo de Troya que le mete al lector para que pique, para que piense que es una obra para niños y se puede leer de forma fácil y una vez que te zambulles, vas descubriendo las capas de la cebolla que recubren el corazón de la obra. Saint-Exupéry publicó 'El principito' en 1943, en Nueva York, en francés y en inglés. No llegó a ver en vida el alcance inmenso que tendría su obra. Desde entonces, el libro se ha convertido en uno de los títulos más traducidos y leídos del mundo.














