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Carmen Navarro: "Hay que saber envejecer dignamente"

Tras casi 40 años de profesión y convertida en un referente en el mundo de la estética, acaba de publicar el libro “Belleza inteligente”. Sobre su nueva obra y su larga trayectoria, Carmen charla con Rosa Villacastín.

Tras casi 40 años de profesión y convertida en un referente en el mundo de la estética, acaba de publicar el libro “Belleza inteligente”. Sobre su nueva obra y su larga trayectoria, Carmen charla con Rosa Villacastín.

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Una larga trayectoria profesional

Carmen Navarro tiene uno de los salones más importantes de España. Ahora, coincidiendo con la celebración de sus 40 años en el mundo de la estética, ha publicado el libro “Belleza inteligente” (de venta en El Corte Inglés).

Carmen es una profesional que personaliza los tratamientos que aplica a sus clientas, algunas tan famosas como Carmen Thyssen. También fue clienta suya la Princesa de Asturias.

Y otras anónimas, a las que atiende con la misma profesionalidad.

 

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Su libro, un éxito

En ''Belleza inteligente'', editado por Martínez Roca, Carmen comparte un auténtico fondo de armario de consejos, salud y belleza.

 

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La entrevista

-Carmen, ¿qué le han enseñado sus clientas?
-Que en esta vida lo más importante es la felicidad. Y que la persona feliz irradia belleza.

-¿Y usted a ellas?
-Que hay que saber envejecer dignamente. Yo, que he cumplido 70 años, no puedo estar como si tuviera 20, pero lo que sí puedo hacer es cuidar aquellas partes del cuerpo donde más se notan los años.

-¿Y dónde se notan más?
-En las rodillas, en la zona interna del muslo y de los brazos. Para paliar la flacidez tenemos la nutricosmética, las pastillas de papaya... Y, para pieles sensibles, el Neuro Sensitive, que trabaja las terminaciones nerviosas e hidrata la piel.

-¿Envejecen mejor los hombres que las mujeres?
-Lo ideal sería que ambos envejecieran al mismo tiempo, pues si lo que buscas es una persona 20 años más joven, lo que vas a encontrar es que se noten más tus miserias.

-¿Por qué perseguir la perfección, si es un mito inalcanzable?
-Por el inconformismo que todos llevamos dentro. Por eso, uno de mis lemas favoritos es decir a las clientas que no pueden esperar milagros, que los milagros no existen, pero que pueden mejorar mucho si se cuidan.

-¿Hasta qué edad?
-Yo tengo clientas a las que hemos estado tratando hasta días antes de morir.

 

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La entrevista

-¿No recurrir al quirófano es un triunfo de la tecnología?
-Por supuesto, de ahí que sea fundamental empezar a cuidarse desde una edad temprana, con lo que debes evitar el riesgo que supone la cirugía estética.

-¿En qué momento deberíamos tomar conciencia de que es mejor prevenir que curar?
-A partir de los 30 o 40 años. Las francesas empiezan a los 18, ya que la presión social es cada vez mayor, y para bien o para mal, la imagen se ha convertido en nuestra mejor carta de presentación.

-¿Las cabinas de estética son como los confesionarios?
-Sí; yo pido a mis clientas que hablen al principio, cuando están en la fase de la limpieza, antes de que se relajen. A mí me gusta poner en las cabinas incienso, velas, la música adecuada... Y les damos masajes en los pies y en las piernas para que puedan centrarse en su mundo y olvidarse de los problemas que les aquejan, acentuados ahora por la crisis.

-¿En un lugar tan selecto como éste también se nota la crisis?
-En época de vacas flacas la gente es mucho más exigente. Antes de hacerse un tratamiento te pregunta cuánto cuesta. Si antes fallaba una señora, inmediatamente tenías tres o cuatro esperando. Ahora no, ahora tienes que buscar a las clientas.

-Sin embargo, los ricos son más ricos.
-Seguramente, pero mi obligación es mimar a todos por igual, estar pendiente de lo que necesitan y compensarles por venir para que repitan.

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La entrevista

-A una experta como usted, ¿quién la trata?
-Me cuido yo. En casa tengo máquinas: una LPG pequeña y una de radiofrecuencia, pues soy incapaz de utilizar una camilla, por lo que me cuesta relajarme.

-¿No ha aprendido a delegar?
-Todo lo contrario. Tengo profesionales estupendas que no necesitan que yo esté ahí para que todo marche bien, pero me gusta estar pendiente de todo. Creo que es lo normal en cualquier negocio.

-Empezó a trabajar cuando sus hijos ya estaban medio criados.
-Era otra época. Mi hija mayor ya tenía nueve años y además había una persona en casa que me ayudaba. Ahora la conciliación es más complicada porque la mujer tiene que multiplicarse. Mis dos hijas trabajan, tienen niños pequeños y son mujeres muy responsables en lo suyo.

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La entrevista

-¿Alguna sigue sus pasos?
-Beatriz estuvo un tiempo largo conmigo, pero, por circunstancias, lo dejó y empezó a dar clases de Historia en el Colegio San Luis de los Franceses. Y está feliz.

-¿Cómo aceptó su marido que cambiara a la familia por la empresa?
-Muy bien porque los dos somos muy independientes. Mi marido tiene muchas cosas que hacer, muchas aficiones que le apasionan. Lo que no le gustaba es que hiciera cursos los fines de semana. Por lo demás, nunca me ha dado la lata, aunque en mi libro “Belleza inteligente” le pido perdón por todas las horas que he robado a mi vida familiar por mi trabajo.

-¿Qué diferencia hay entre sus inicios y el de sus hijas?
-Bastantes. Y eso que estudio mucho, incluso los domingos, pero, si comparo mi vida profesional con la de mis hijas, yo no he sufrido el estrés que ellas tienen en sus trabajos, sobre todo Almudena, que es directora de una sucursal de La Caixa. Las madres de ahora lo pasan peor.

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La entrevista

-¿Qué ha aprendido de sus viajes a La India?
-Que la oriental es una filosofía de vida que a mí me gustaría trasmitir, que aprendí con un lama que nos daba cursos de medicina tradicional tibetana. También aprendí mucho en otros países de Europa.

-¿Hay diferencias entre una española y una alemana, por ejemplo?
-Bastantes. La alemana dice: “Este tratamiento dura 54 minutos”. Y a los 54 minutos en punto, dice “ya está”. La española empieza un tratamiento en el que pone su alma y su corazón, pero después se olvida. Yo lo que trato es de infundir calor a mis clientes para que después repitan.

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La entrevista

-Carmen, no es un secreto que ha tratado a la Princesa de Asturias.
-Me vas a perdonar, pero de ese tema no quiero hablar.

-¿Alguien se lo ha prohibido?
-Absolutamente nadie, pero la discreción es parte de mi trabajo. Aquí viene mucha gente. Unos son famosos y otros no; unos lo cuentan y otros prefieren el anonimato, lo que nunca he hecho es llamar para decir quién viene y quién no.

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La entrevista

-¿La discreción forma parte de su éxito?
-Supongo. A mí me gusta que los clientes vengan relajados, pero lo que no puedo evitar es que coincidan con alguna periodista. Yo tengo clientas que llevan conmigo 37 años, desde que empecé.

-¿Le ha ocurrido que le lleguen con la foto de una famosa y le pidan parecerse a ella?
-Muchas veces, pero en esto lo importante también es la constancia. Si yo te hago un tratamiento para reafirmar la zona del cuello y no te haces las diez sesiones que necesitas, no voy a conseguir grandes cosas. En esto, la constancia también es fundamental.

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Su ficha

Nació: En Madrid, hace 70 años.

Estudios: Secretariado de dirección, para cubrir el expediente. 

Familia:  Se casó a los 21 años y a los 25 ya tenía tres hijos:
Almudena, Francisco y Beatriz.

Belleza: Su primer centro lo puso en el despacho de su marido, hace ya 40 años. Hoy en día, Carmen Navarro es referente en el mundo de la belleza. Su departamento de I+D investiga los adelantos más innovadores y exclusivos. Otro de sus secretos es su visión holística de la belleza, ya que para ella el bienestar y la belleza van indiscutiblemente unidos.

Ha escrito: El libro 'Belleza inteligente', que ha editado Martínez Roca.

Clientes: Entre las personas que se tratan en sus centros, figuran Belén Rueda, Carmen Cervera, Carmen Lomana, Beatriz de Orléans, Arturo Fernández...

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La foto favorita de Carmen Navarro

"Me encanta ésta porque estoy rodeada de mis tres hijos, que eran muy pequeños. Nos la hicimos en Villalba, Madrid, donde pasábamos los veranos", nos ha desvelado Carmen Navarro.

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