Esta semana en 'La Moderna', Don Fermín, con el peso de la verdad oprimiéndole el pecho, le confesó a Rodrigo sus sospechas: estaba convencido de que Emiliano es el verdadero asesino de doña Lázara. La revelación sacudió a Rodrigo, quien no estuvo dispuesto a quedarse de brazos cruzados. Haría justicia, costara lo que costara. Mientras tanto, Emiliano movió sus propias piezas en el tablero. Con voz firme y estudiada, llamó al capitán Dávila y lanzó una acusación calculada: "Ese hombre no es tan bueno como parece. Debería estar entre rejas". Así, la partida de engaños y traiciones quedó en marcha.

Las Valbuena descubrieron que Ramallo se refugió en el despacho de Agustín. Al confrontarlo, el hombre no tuvo más remedio que confesar. Con el rostro sombrío y las manos temblorosas, les contó que fue brutalmente golpeado tras haber robado una importante suma de dinero a don Bernardo. Inés y Laurita intercambiaron miradas de preocupación. Pero no hubo tiempo para lamentos: los problemas siguieron acumulándose. Ballesteros, con su eterno aire de amenaza, regresó para frenar el rodaje de la escena del mercadillo. Su ultimátum fue claro y despiadado. Si Agustín quería continuar con la película, debería cederle los derechos y firmar como director de 'El retorno de la espía intrépida'.

Cañete se consumió por la culpa en 'La Moderna'

Antes de abandonar Madrid, Quico ya había elegido a su última víctima. En plena noche, la oscuridad se convirtió en su aliada cuando atacó a Marcelina. El golpe fue certero, dejándola herida y aterrada. Por suerte, su fortaleza la salvó. Tras recibir el alta hospitalaria, regresó a la corrala, donde sus amigos la recibieron con alivio y afecto. Pero hubo alguien que no se atrevió a mirarla a los ojos. Cañete, consumido por la culpa, se mantuvo al margen, incapaz de enfrentar lo que había sucedido.

Emiliano quiso internar a Maruja en 'La Moderna'

En un intento por celebrar un nuevo comienzo, Pietro organizó una cena en su casa. Cañete y Teresa, ahora accionistas de La Moderna, se sentaron a su mesa, brindando por el futuro. Mientras tanto, Mercedes, con la mirada fija en el horizonte, le confesó a Iván su decisión. Quería empezar de nuevo, lejos de Madrid, lejos de los recuerdos. En otro rincón de la ciudad, Emiliano se preparó para ejecutar su siguiente movimiento. Sin un atisbo de duda, se dispuso a internar a Maruja en un psiquiátrico.