La tercera temporada de ‘Una nueva vida’ me deja con una sensación ambivalente, casi incómoda, como si los guionistas hubieran decidido tensar la cuerda emocional del público hasta límites innecesarios. Y lo digo desde el cariño, porque entiendo la necesidad de renovar conflictos, pero aquí la ruptura entre Ferit y Seyran se siente más como un capricho narrativo que como una evolución orgánica. Me cuesta aceptar que, después de todo lo vivido, Ferit intente rehacer su vida con Diyar cuando es evidente —dolorosamente evidente— que sigue atrapado en el recuerdo de Seyran. Y no lo digo como crítica al personaje, sino al modo en que la serie insiste en separarlos para generar drama, aun cuando la historia demuestra una y otra vez que no pueden desligarse.

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Lo que sí me intriga, y mucho, es ver a Ferit (Mert Ramazan Demir) enfrentarse por fin a sus sentimientos sin excusas ni huidas. Ese “seductor del yali” que tantas veces ha jugado a esconderse detrás de su encanto parece obligado ahora a mirarse al espejo. Y creo que ahí puede estar lo mejor de la temporada: un Ferit más vulnerable, más honesto, quizá incluso más adulto. Aunque, siendo sincera, temo que la serie vuelva a caer en el bucle de idas y venidas que ya conocemos.

Seyran y Ferit: separados de nuevo a mi pesar en 'Una nueva vida'

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En cuanto a Seyran, el cambio de look de Afra Saraçoglu —ese bob elegante, más maduro— me parece casi una declaración de intenciones. Como si la actriz, coronada Reina de la pantalla turca 2025, quisiera marcar un antes y un después. Me gusta esa decisión estética porque acompaña la idea de una Seyran más firme, más consciente de lo que quiere. Y aun así, no puedo evitar pensar que, por muy madura que se muestre, la serie la empujará de nuevo al torbellino emocional de Ferit.

También me llama la atención cómo esta temporada ha dividido al público. Y lo entiendo perfectamente: hay una sensación generalizada de que los guionistas se empeñan en separar a la pareja protagonista sin una razón de peso. Como si olvidaran que la fuerza de ‘Una nueva vida’ siempre ha residido en esa tensión amorosa que no necesita rupturas forzadas para funcionar. Porque, al final, todos sabemos —y ellos también— que Seyran (Afra Saraçoglu) y Ferit nunca han dejado de amarse. Así que sí, espero la temporada con interés, pero también con cierta desconfianza. Ojalá esta vez la serie se atreva a avanzar en lugar de repetir patrones.