Maxi Iglesias: “Úrsula y yo nos hemos besado mucho y lo utilizamos a nuestro favor”

El actor y su ‘amor de juventud’ –fueron pareja en la ficción en ‘Física o Química’– protagonizan una de las tramas más atractivas de la nueva serie de Antena 3, en la que la traición y el deseo flotan sobre el charco de corrupción.

 

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Extrovertido y vitalista, pero también cómplice de las fechorías de su hermano. Así de contradictorio e interesante es Roberto, el personaje que interpreta Maxi Iglesias en La embajada. Hablamos con el actor de la aparente doble moral de este joven empresario que podría recordar a todos esos testaferros que pueblan los telediarios en los temas de corrupción, y que también servirá de vía de escape para los espectadores por su trama (más o menos) romántica con la hija del embajador, a la que da vida Úrsula Coberó.

¿Cómo es Roberto? ¿Ingenuo o aprovechado?
Hay un poco de todo. Él se ha criado con la filosofía de su hermano Eduardo [Raúl Arévalo], el Ministro Consejero. He discutido mucho con el director, siempre para bien, para definir a mi personaje: ¿realmente conoce bien las intrigas de su hermano o no? Lo bueno del personaje es que empieza a descubrir cosas que le hacen ver que no todo era como se pensaba, y a lo mejor ya no quiere vivir dentro de esa comodidad… Hay un planteamiento moral muy bonito a lo largo de los capítulos, pasa de estar encantado de haberse conocido, alguien que solo quiere disfrutar de Tailandia, de los coches, de las fiestas de la embajada… a de repente parar y decir: “¿Qué está pasando?”.

¿Al ver en el guión que La embajada estaba ambientada en Tailandia, pensaste que se grabaría allí?
De hecho no acepté ni por el reparto ni nada, solo porque pensé que iba a grabarse en Tailandia. No, es broma, sabía que iba a ser complicado sobre todo para una primera temporada, que siempre cuesta levantar las cosas aunque sea en Antena 3 y con una productora como Bambú. Es mucho dinero lo que supone irse allí, además de permisos, sobre todo con un elenco tan grande. Pero por las imágenes que he podido ver, el resultado es muy real, da la sensación de que estamos allí.

¿Cómo es la grabación de esas escenas cálidas en el invierno de Madrid?
Cuando sale el vaho de la boca es complicado, de hecho algunas escenas no podíamos grabarlas porque suponía darle trabajo de más a la gente de efectos especiales, así que esperábamos a que el sol calentara un poco. Pero es muy habitual que en invierno se graben secuencias de verano y viceversa. Si no, no tiene gracia. El reto es más trabajar con el croma, imaginando las vistas que tendrías delante, pero pones un poco más de atención para que resulte creíble y ya está.

¿Cómo ha sido el reencuentro con Úrsula Corberó, tu amor en Física o Química?
Ha pasado mucho tiempo y también muchas cosas; ahora nos encontramos en un ámbito totalmente diferente y con unas responsabilidades también muy distintas. Yo interpreto a un empresario que vela por sus intereses, ella a una abogada… Entre nuestros personajes hay una relación digamos que profesional que obviamente irá dejando ver otros intereses. Por un lado él es el culpable de que a ella le pasen cosas graves y por otro también consigue rebajar esa tensión. Por eso lo estamos tratando de una forma mucho más adulta de lo que eran nuestros personajes en Física o Química, pero sin perder esa frescura que queremos aportar dentro de que todos están muy encorsetados en los temas de corrupción. Nuestro mayor reto es conseguir que, cuando el espectador esté cargado de tensión y de intriga, se relaje un poco con nosotros.

¿Es más fácil encontrar esa química con una actriz a la que ya has besado muchas veces ante la cámara?
Ya te has ido a las besos, eso de momento todavía no (risas). Obviamente nos conocemos, Úrsula y yo nos hemos besado mucho, el otro día lo hablábamos: es algo que está ahí y que tenemos que utilizar a nuestro favor para conseguir una complicidad máxima en ciertas escenas.

¿Hasta qué punto va a haber complicidad? Porque en el avance vemos escenas muy tórridas…
De primeras va a haber una complicidad muy bonita, blanca. Pero La embajada no es una serie blanca, hay muchos intereses cruzados y ambos personajes perpetran esos intereses, también amorosos y sexuales, pero quizá no de la forma que se espera.

¿La serie también tiene una buena dosis de culebrón, en el buen sentido?
La cadena y la productora saben bien valorar qué quiere el espectador. Si fuera demasiada corrupción y el espectador necesitara más relaciones personales de pasión o romance, lo darían; y al revés también. Lo que me gusta de esta serie es que el tema político es la razón de ser, y obviamente hay que darle la dosis personal porque si no se convertiría en un telediario.

¿Qué tal llevas formar parte de nuevo de un gran elenco?
Me encanta ser el más pequeño del equipo, de momento siempre me está pasando. También conlleva responsabilidad, porque por debajo de ti ya viene gente más joven, ya no solo tendré mayores por encima.

Te fuiste de Velvet por otros proyectos. ¿Bambú te ha ‘perdonado’?

No es que me hayan perdonado: lo hablé con ellos en su día, también con la cadena, y entendieron mi momento de crecimiento. Valoré una oportunidad en un mercado en el que ya llevaba tiempo queriendo hacer ficción, surgió la opción y ellos lo comprendieron perfectamente. Yo tampoco soy de alargar mucho personajes que han llegado a un punto interesante, y en Velvet la historia con el personaje de Aitana Sánchez Gijón fue espectacular, tanto por la trama como por trabajar con ella. Les dije que creía que era el momento de finalizar esa trama porque tenía esa otra oportunidad. Y aquí estoy ahora, de nuevo con Bambú y Antena 3, encantado.

¿Tienes más proyectos al otro lado del charco?
Sí, hay cositas gracias a lo que hice. De momento no lo puedo contar, pero pronto saldrá. Gracias a la serie de Telemundo [Dueños del paraíso] y a estar allí estudiando en Los Ángeles se me han abierto oportunidades.

¿Cómo se ve la ficción española fuera de España?

Se ve muchísimo. A mí me han parado en la calle por Velvet no solo en Miami, donde hay un público más hispano, sino también en Los Ángeles. Se valora un montón. En Los Ángeles he visto mucha tele tanto de canales privados como en abierto y, en comparación, es una serie muy atrevida.

¿El perfil de guapo es un hándicap para aspirar a otros papeles?
Eso cada uno lo valora como quiere. Si yo tengo los ojos azules e interpreto a un personaje que llama la atención por su físico, pues obviamente lo potencio. Si se me valora por eso no creo que haya que verlo como algo malo; si aceptas que eres, por ejemplo, el bajito del pueblo, no hay ninguna connotación negativa; si aceptas o explotas que tienes que dar un físico llamativo, debería ser igual.

Maxi fue el actor más aclamado del pasado Festival de Televisión de Primavera, celebrado este mismo mes de abril en Albacete. Allí tuvo lugar el preestreno de La embajada: en este reportaje puedes ver todas las claves de la serie y leer nuestra crítica del primer episodio.

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