Yaima Ramos, nueva baja en la segunda temporada de ‘Mar de plástico’: “El personaje de Fara ha quedado inconcluso”

La actriz, que espera en algún momento un final digno en la serie de Antena 3, graba ya la docuficción Esclavas para Cuatro, donde interpreta a una prostituta.

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Yaima Ramos

La marcha de Jesús Castro en la segunda temporada de Mar de plástico ha supuesto una revolución, y no solo para sus seguidores, ya que parte del equipo de la serie también se ha visto afectado. Entre ellas, Yaima Ramos, que encarnó a Fara en la primera tanda de la serie de Antena 3 y nos confirma que no estará en los nuevos capítulos.

¡Echaremos de menos a Fara!
No podía decir nada hasta ahora porque los guionistas no tenían claro si mi personaje seguiría o no tras la marcha de Jesús Castro, mi novio en la ficción. Acabamos la primera temporada montando una tienda de surf en Tarifa, pero él se ha ido a trabajar a otra serie. Es una pena porque Fara es un personaje muy bonito y ha quedado inconcluso.

¿Saldrás en algún capítulo?
De momento no. La historia ha quedado abierta y es posible que más adelante decidan darle un final definitivo. Fara se ha quedado en Tarifa, vendiendo tablas de surf y con un churumbel fruto de su relación con Lucas (risas).

Ahora grabas la docuficción Esclavas, que veremos en Cuatro.
Interpreto a Alisa, una mujer de 25 años, de clase media, que vivía en Santo Domingo (República Dominicana) pero quería mejor vida para su familia y se embarcó en un viaje a España que le recomendó una amiga suya. Y acabó en Estambul (Turquía), de prostituta, engañada y maltratada por una red mafiosa.

¿Y cómo recala en España?
De Estambul la envían a Grecia, donde sigue de prostituta y acaba en España, en Tomelloso (Ciudad Real) y allí logra escapar de la red internacional (hay gente implicada de Francia, Grecia, España, Turquía, República Dominicana…) gracias a un policía que la ayuda.

¿Has vivido de cerca alguno de los dramas que mueve ese negocio que esclaviza a 45.000 mujeres y mueve cinco millones de euros al día?
No he hablado con ningún colectivo de prostitutas, pero si he investigado a la hora de prepararme el personaje y he mantenido contacto a través de foros sociales, con una chica que dice llamarse ‘Trébol de cuatro hojas’, que había caído en una red mafiosa, pero se dio cuenta que algo raro pasaba cuando llegó a Cádiz. Allí le quisieron quitar el móvil y le conminaron a que dejase todas sus pertenencias en la habitación del hostal donde se quedaban. Ella había llegado a España en un supuesto viaje de estudiantes y cuando se percató, huyó como pudo.

Este programa, presentado por Roberto Arce, nace de la campaña por la igualdad de género Doy la cara de 12 meses, 12 causas que Mediaset lanzó hace casi un año en colaboración con la Policía Nacional y contó con su prescriptora, Ana Rosa Quintana como protagonista de los spots institucionales. ¿Ayudará a evitar casos de explotación sexual?
Puede abrir los ojos de alguna víctima, pero la mayoría de la gente cree que a ellos no les pasaría nunca porque viven en el mundo desarrollado. Yo creo que nos puede pasar a cualquiera.

La Policía Nacional consiguió liberar a 783 mujeres en 2015 gracias a la colaboración ciudadana. ¿Crees que si se legalizara la prostitución se evitarían estos abusos?
Yo la legalizaría porque seguro que se evitan las mafias y los casos de mujeres maltratadas. Tengo compañeras que han recurrido a la prostitución como forma de ganarse la vida y si ésa es su salida, la respeto; al tiempo, hay muchas mujeres que no quieren convertirse en prostitutas pero las mafias las obligan a ello. Insisto, yo la legalizaría, pero con un protocolo y haciendo un seguimiento como se hizo en su momento con el alcohol, para evitar que las mafias vuelvan a instalarse.

Eres cubana y afincada en España desde los diez años. ¿Por qué viniste a España?
Mi madre trabajaba en el ballet Tropicana y llegó primero a España. Me mandó una carta de invitación y así pude viajar aquí y quedarme. Y viví con ella hasta que pude trabajar e independizarme. Pero seguimos muy unidas. De hecho, hoy me voy a comer a su casa, que me ha hecho la comida (risas).

¿Has vuelto a Cuba desde entonces?
Durante ocho años no pude volver porque me había quedado en España de forma no oficial y sólo a partir de entonces pude empezar a tramitar mi pasaporte. Hasta ese momento, si no tenía pasaporte no tenía tarjeta y por tanto, tampoco trabajo. Así que cuando rodé “Mar de plástico”, una de las primeras cosas que hice fue comprarme un billete a Cuba. Después de 16 (ahora tiene 26) años pude abrazar a mi familia, a mi abuela paterna, a mis dos hermanos por parte de padre y a un montón de primos.

¿Cómo ves la posible apertura después del viaje de Obama?
Estoy encantada de que haya ido a Cuba, saludando a la gente de a pie por las calles de La Habana. Hasta he recibido un mensaje de un primo mío diciéndome: Obama está comiendo en el “paladar” (restaurante privado) enfrente de casa.

¿Estás soltera o casada?
Soltera, pero tengo un buen amigo con derecho a roce (risas).

¿Qué aficiones tienes?
Soy muy friki y me gusta tejer; me relaja un montón. Hago camisetitas, bufandas de muchas vueltas… Soy Cáncer, lunática –cambio mucho de humor– y muy nerviosa y necesito estar en activo continuamente. Por eso, en los tiempos muertos me dedico a escribir, sobre todo reflexiones sobre la vida y mi entorno.

Creo que has sido grafitera…
Y rapera y mi música favorita es el hip-hop. Bueno, sigo siendo raper y me visto igual –en el día a día uso mis Jordan, mi gorra de medio lado, mi camiseta ancha y mi camisa de cuadros; que no me apriete nada–. Pero de más jovencita era más gamberra y me daba por pintar grafitis en la estación de Príncipe Pío, en Madrid. Y eso que me he criado en pleno centro, entre Callao, Noviciado y Tribunal. Estudié en el colegio de monjas de la Purísima Concepción.

También has hecho boxeo y taekwondo. ¿Eres muy combativa?
Sí y me gusta mucho. Ahora lo que más me distrae es correr; me encanta atar a mi perra en el cinturón de mi mochila y nos vamos a correr las dos. Lo malo es que tanta actividad y tanto nervio hace que muchas veces se me pase hasta la hora de comer. Mi madre me regaña por eso.

¿Tienes alguna manía mientras actúas?
Cuando bailo empiezo a trotar antes en el sitio para crear energía. Y cuando interpreto me hago una bola con mi propio cuerpo, con la cabeza metida entre las rodillas y reflexionando entre la última escena y la siguiente. Es una forma de concentrarme.

¿Te sientes guapa?
Estoy contenta conmigo misma, con mi tono de piel, con mi cara, con mi pelo, con mis manos…Me quiero, pero no me considero guapa. Es más, cuando me lo dicen me da una vergüenza infinita y me gustaría que la tierra me tragase. Pero también es verdad que cuando me arreglo y me miro en el espejo me digo: ‘¡Qué buena estoy!’ (risas).

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